Escritos Desconocidos de
José Martí
Escenas norteamericanas
Carlos Ripoll |
Índice general
Índice particular
Búsqueda |
VII
[Lo que mandó Martí de este escrito a La Nación
fue fechado en Nueva York el 15 de marzo de 1887; lo publicaron el 4 de mayo, y se
encuentra en las Obras Completas en el tomo 11, página 169.
Lo no conocido, fue publicado en El Partido Liberal el 23 de marzo de 1887.
Tal como se anunció en el "Prólogo", a los efectos de mostrar las variantes
que Martí introducía en los escritos que iban a los dos periódicos, se reproducen aquí
varios pasajes del mismo trabajo con dicha particularidad. Como en los casos anteriores,
lo publicado en la Argentina aparece en letra mayor y en cursiva, y lo de El
Partido Liberal se reproduce en letra normal.]
El Partido Liberal, 23 de marzo de 1887.
Correspondencia Particular de "El Partido Liberal".
Nueva York, 8 de marzo de 1887.
Sr. Director de "El Partido Liberal"
SUMARIO. Ojeada sobre la política. Historia del último Congreso.
El Congreso cierra sus sesiones. Fuerzas nuevas en la política
norteamericana. Recomposición social. Causas palpables del descontento.
Los partidos antiguos y el partido de los trabajadores. Programa impuesto al
Congreso por la opinión. Lo que ha hecho el Congreso y por qué lo ha hecho.
Razones de lo que ha dejado de hacer. Dejó de hacer lo más importante.
Atacó los monopolios, pero no alteró las condiciones económicas. El
sobrante. La tarifa. Librecambistas y proteccionistas. Resumen de las
leyes importantes votadas por el Congreso. Compromisos y rencores de los
Representantes. Los Representantes contra Cleveland. Fallo de la opinión
sobre la obra débil del Congreso.
Señor Director de La Nación:
Movimiento social y político de los Estados Unidos. Historia del último
Congreso. Ojeada sobre la situación social y política. Una humanidad
nueva. Significación y alcance del partido nuevo. El trabajo del
"Partido Unido". Los trabajadores, los políticos y los advenedizos. La
opinión y el Congreso. Actos del Senado y de la Casa de Representantes. El
Congreso desatiende la opinión. Peligros del problema social y modo de
evitarlos. El Congreso ante el partido nuevo. Resumen de los actos del
Congreso. Medidas que la opinión le ha pedido en vano. Proteccionistas y
librecambistas. El Congreso, las empresas y el pueblo. Medidas que interesan a
los países hispano-americanos. La opinión censura al Congreso. Cleveland va
venciendo a sus partidarios.
[...] Los acaudalados, los que viven a su sombra,
los que esperan llegar a serlo, en vez de pedir que se alteren las leyes conforme a
justicia, sobornan a los legisladores para que se las acuerden en su exclusivo beneficio,
y las pongan atadas a los pies como esclavas negras.
[...] Los acaudalados, los que esperan llegar a
serlo, los que prosperan a su sombra, no se ocupan en atender a estas reclamaciones en
justicia, sino en sobornar a los que dictan las leyes, para que les pongan atadas a los
pies, las libertades públicas. Hay hombres para tales cosas: ¡para pervertir y vender
las libertades públicas!
[...] Otros, fatigados ya de su combate propio, sólo ansían que un invierno
benigno les lleve al fin la vida, y no aman ya más patria que la muerte. Otros, criados a
pechos puritanos, creen que ese vuelco social se hará sin sangre ni sacudimiento.
[...] Otros, fatigados de la batalla por la vida,
esperan con ansia que un invierno benigno se los lleve, sin fuerzas para sufrir por el
dolor humano; los más, habituados al ejercicio pacífico de su derecho, confían en que
ese vuelco social, se hará sin sangre.
[...] Los antiguos partidos políticos, aunque alarmados, atienden más a sus
conveniencias, rencores y apetitos, que a este elemento nuevo que amenaza su existencia o
ha de alterar, por lo menos, profundamente su constitución y su forma. Aquí, como en
todas partes, se ha dejado crecer la miseria, y la miseria, que es enérgica, levanta su
partido. Los que temen su acción, se agruparán frente a ella, bien sean republicanos o
demócratas ¡No se ha sabido aquí evitar el odioso conflicto! La prensa, que vive de las
castas creadas, teme perder su simpatía si les revela la importancia del peligro, y el
Congreso, compuesto principalmente de hombres criados al favor de ellas, tiende a captarse
con leyes indirectas y menores la voluntad de esa masa nacional que todos ven aumentarse
en la sombra, pero sirve en las leyes reales e inmediatas a las empresas, a los
capitalistas, a los bancos, a los poderes que protegieron su elección, que podrían
impedírsela y que poseen y dispensan la fortuna.
[...] Los partidos políticos, aunque alarmados,
atienden más a sus apetitos y rencores, que a este elemento nuevo que amenaza su
existencia. La prensa, que vive de las castas creadas, teme perder su clientela, si les
denuncia la verdad del riesgo; y el Congreso, compuesto en su mayoría de hombres criados
al favor de ellas, tiende a captarse con leyes indirectas y menores la voluntad de esa
masa nacional que crece, pero sirve en las leyes reales e inmediatas a las empresas, a los
bancos, a las corporaciones, a los poderes de quienes depende su elección y fortuna.
[...] Pero esa cruda vanidad, ese desdén de los infortunados, esa injuriosa
arrogancia de los enriquecidos son poco conocidas todavía de aquéllos a quienes pudieran
lastimar, aunque perceptibles para los que los tratan de cerca en sus casas doradas.
[...] Pero esa cruda arrogancia de los
enriquecidos es poco conocida aún de aquéllos a quienes pudiera lastimar, aunque
perceptible para los que tratan de cerca en sus casas doradas.
[...] ¿Qué ha hecho la Casa de Representantes, electos de manera que aunque el
país los nombra por sí, no hay elección sin que la mayoría de votos sea comprada, y no
se ha alzado en la Casa aquella voz robusta y generosa, aquella nota de tenor de Lincoln,
que debe marcar siempre en los Congresos las horas de peligro de la patria? Pasa con las
ideas lo que con las desdichas: se las siente venir vagas y ciertas.
[...] ¿Que ha hecho la Casa de los
Representantes, electos ya por tan viciados métodos, que, aunque el país vote por ellos
directamente, no hay elección que no resulte forzada por el uso de recias sumas de
dinero, ni se ha alzado en la casa una voz sola que denuncie el peligro y clame por los
necesitados? A las ideas se las siente venir, como a los desdichados.
[...] Urge, puesto que el malestar nacional es patente, despejar la primera causa
de él, poniendo a las industrias, con la rebaja de la tarifa, en capacidad de elaborar a
precios humildes los productos de cuya venta necesita el país para que sus habitantes
vivan sin sobresalto y sin ahogo.
¿Qué menos, siendo tan clara la necesidad, que acudir a ella? ¿qué menos que
estudiarla? [...] Lo menos eficaz y urgente es lo que ha hecho el Congreso; pero basta
para ver cuánto influjo tiene, en su mero advenimiento a la vida pública, ese partido
nuevo de los trabajadores, cuyo triunfo depende sólo de la solidez de su organización.
En los acuerdos del Congreso, como en los de las Legislaturas, en los mensajes de los
Gobernadores y en los discursos de los candidatos, se ve el afán de satisfacer al partido
terrible.
[...] Urge, puesto que el malestar nacional es
patente, quitarle la principal razón, poniendo a las industrias, con la rebaja de los
aranceles, en capacidad de elaborar los productos de cuya venta necesita el país para que
sus habitantes puedan vivir con desahogo.
Acosado de cerca el Congreso por la reconvención unánime, no ha podido desatender ni
sus probabilidades de reelección, dependiente de las masas exasperadas, ni el miedo de
los que ven los movimientos de éstas con mal disimulado espanto. Lo más remoto, lo menos
eficaz, eso ha hecho el Congreso; pero basta para ver cuánto influjo tiene desde su
aparición, en este país de trabajo, el partido nuevo de los trabajadores. ¿Quién se le
opondrá cuando, suavizadas las esquinas después de los choques inevitables en las
agrupaciones nacientes, adelante organizado y compacto? En las decisiones del Congreso se
ve el mismo afán de aquietar con dádivas y halagos el partido temible, a quien cortejan
los candidatos en sus cartas, las legislaturas en sus proyectos, y en sus mensajes los
gobernadores.
[...]No ha puesto a la masa obrera en condiciones de vivir con baratura, ni de
obtener el trabajo que necesita para Atener el lobo lejos de la puerta".
Encarnizadas eran las discusiones cuando los republicanos vencidos se regocijaban en
mostrar la confusión reinante entre los demócratas, que no han sabido realizar en dos
años de gobierno el programa nacional y prudente por que fueron llamados al poder.
Rebosan los discursos de los demócratas energía y rencor cuando mordiendo mal el freno
que les tiene puesto la opinión pública, intentaban derrotar la ley de examen y ascenso
en el servicio de empleos públicos, que Cleveland defiende, y cierra el paso a los que
trabajan en la política por los provechos y puestos que vienen de ella. De un lado se ha
mantenido el Presidente, cediendo sólo para facilitar el camino a los que le ceden. De
otro lado se han mantenido sus enemigos en su propia casa demócrata, probando en vano la
fuerza de sus puños sobre una cabeza que no se deja abatir sino por lo que estima ser
razón. En esa batalla íntima y odiosa de los partidarios interesados contra su caudillo
justo y patriótico, las palabras han sido afiladas, y el odio tan vivo que parecían
estar de frente dos enemigos mortales. Pero jamás tuvieron esa animación, elocuencia y
viveza las grandes cuestiones públicas. Cada representante tiene su interés, y su
obligación, con las empresas o industrias que les ayudaron a ser elegidos. Si vota con la
patria, vota contra su interés. Las discusiones eran breves, malhumoradas y confusas. La
votación era vergonzante y sorda. Salían de ella con la cabeza gacha, como canes
apaleados.
Así, imaginando fortificaciones gigantescas, y armadas o ejércitos permanentes y
armadas invencibles, acaba. Frente al Presidente que honró con su malquerencia el
Congreso electo por la nación desasosegada para administrar modestamente la riqueza
pública, sustituir los intereses patrios a la parcialidades políticas e impedir con
leyes justas la ira de la miseria.
José Martí
[...] No ha puesto a la masa obrera en
condiciones de vivir con baratura, ni de obtener sin miseria y humillación el trabajo que
requiere para su sustento.
Cuando trataban ambos partidos de deslucir a sus contrarios, para ir cada uno con mejor
historia a las nuevas elecciones; cuando los republicanos, disciplinados en la oposición,
echaban en cara a los demócratas, que componen la mayoría, su incapacidad para resolver
las cuestiones vivas, que ellos tampoco durante su gobierno resolvieron; cuando los
demócratas airados contra Cleveland, porque no los reconoce como dueños y les reparte
los empleos públicos, acusaban a su Presidente de terco y desleal, porque es virtuoso, o
le clavaban con un voto enemigo la daga en el costado; cuando, vencidos los representantes
por la opinión unánime, acataban mordiendo los vetos justos y sesudos que el Presidente
ha opuesto a sus inexcusables despilfarros, a sus abusos de poder constitucional en pro
del partido o de amigos personales, a sus proyectos demagógicos de pensiones, que
hubieran costado lo mismo que cuesta a los pueblos monárquicos su ejército permanente,
entonces sí era vivísima la esgrima de los debates del Congreso, y la frase era
ardiente, y fluía la elocuencia enemiga y bastarda. Pero cuando como lacayos sumisos
tenían que obedecer a las corporaciones que los pagan, o los sobornan, o los ayudan a
mantenerse en sus puestos; cuando en las cuestiones vitales del país, turbado por el
exceso de poder de las empresas, habían de votar por abatírselo y preferían comer su
pan a darlo a su pueblo; cuando azuzados por el clamor público sacaban a debate las leyes
vivas que han de reformar la hacienda y devolver el sosiego a los espíritus, entonces las
discusiones eran breves, veladas y confusas. Si votaban por la patria votaban contra su
interés. Son siervos a quienes se manda con látigo de oro. La votación era vergonzante
y sorda. Salían de ella con la cabeza gacha, como canes apaleados.[...] |
|