MARTÍ Y
EL CLERO
En unos comentarios que publicó la revista Ideal,
en Miami, a principios de mayo, Monseñor Boza Masvidal se refiere a un escrito que
circula en Cuba, dirigido a los campesinos, "que se atribuye a Martí", en el
que "se habla mal del clero y los invita a no bautizar a sus hijos". Y concluye:
"Tenemos un concepto bastante elevado de nuestro Apóstol como para resistirnos a
creer que el tal papelucho, cuyo estilo en nada se parece al estilo martiano, haya sido
escrito por él. Es inconcebible que Martí sea el autor de ese escrito por tres
razones": primero, dice, porque "revela una ignorancia supina" toda vez que
el echar agua sobre la cabeza del niño "es sólo un signo sensible de la
gracia", y porque el autor parece no haber leído el Evangelio ni conocer "la
institución por Cristo del sacerdocio y el poder y el mandato de bautizar que les
da". En segundo lugar, "porque revela una malicia refinada al propalar las más
burdas y sucias calumnias contra el sacerdote y especialmente se detiene en lo que llama
cobrar el bautismo". Y añade como última razón: "Porque si Martí
hubiera escrito esto estaría contradiciéndose a sí mismo, pues Martí hizo bautizar a
su hijo por un sacerdote y firmó él mismo de su puño y letra la solicitud de
bautismo..."
"Hombre de campo"
Se ofrecen a continuación algunos pasajes del escrito que comenta Monseñor Boza, para
que el lector esté en antecedentes del asunto; dice así:
Hombre de campo: No vayas a enseñar este libro al cura de tu pueblo: porque a él le
interesa mantenerte en la oscuridad; para que todo tengas que ir a preguntárselo a él.
Y como él te cobra por echar agua en la cabeza de tu hijo, por decir que eres el
marido de tu mujer, cosa que ya tú sabes desde que la quieres y te quiere ella; como él
te cobra por nacer, por darte la unción, por casarte, por rogar por tu alma, por morir;
como te niega hasta el derecho de sepultura si no le das dinero por él, él no querrá
que tú sepas que todo eso que has hecho hasta aquí es innecesario[...].
¿Para qué llevas a bautizar a tu hijo? Tú me respondes: 'Para que sea cristiano'.
Cristiano quiere decir semejante a Cristo. Yo te voy a decir quién fue Cristo. Fue un
hombre sumamente pobre, que quería que los hombres se quisiesen entre sí, que el que
tuviera ayudara al que no tuviera, que los hijos respetasen a los padres, siempre que los
padres cuidasen a los hijos; que cada uno trabajase, porque nadie tiene derecho a lo que
no trabaja, que se hiciese bien a todo el mundo y que no se quisiera mal a nadie.
Cristo estaba lleno de amor para los hombres. Y como él venía a decir a los esclavos
que no debían ser más que esclavos de Dios, y como los pueblos le tomaron gran cariño,
y por donde iba diciendo estas cosas, se iban tras él, los déspotas que gobernaban
entonces le tuvieron miedo y lo hicieron morir en una cruz[...].
El cura dice también que te lo bautiza para que entre en el reino de los cielos. Pero
él bautiza al recién nacido si le pagas dinero, o granos, o huevos, o animales: si no le
pagas, si no le regalas, no te lo bautiza. De manera que ese reino de los cielos de que
él te habla vale unos cuantos reales, o granos, o huevos, o palomas[...].
Ese Dios que regatea, que vende la salvación, que todo lo hace en cambio de dinero,
que manda las gentes al infierno si no le pagan, y si le pagan las manda al cielo, ese
Dios es una especie de prestamista, de usurero, de tendero. ¡No, amigo mío, hay otro
Dios!
Hasta aquí algunos párrafos del trabajo que Monseñor Boza considera apócrifo. Pero
ese escrito es de Martí. La primera noticia de él apareció en 1940, en Martí,
hombre, el libro de Gonzalo de Quesada, donde se reprodujeron unas líneas del mismo.
Al año siguiente lo leyó íntegro Emilio Roig en una conferencia en el Ayuntamiento de
la Habana, y salió publicado en el homenaje del Municipio habanero con motivo del
cincuenta aniversario de la fundación del Partido Revolucionario Cubano. Ya en 1944 se
incluyó en la colección de Obras Completas, publicadas por la editorial Trópico,
y dos años más tarde en las de la editorial Lex. Desde entonces, además de en cuanto
recogió todo Martí, "Hombre de campo" lo han reproducido publicaciones no
religiosas, masónicas y comunistas. El periódico La Ultima Hora lo reprodujo en
facsímil en enero de 1953, y la Academia de la Historia certificó su autenticidad. No se
puede dudar, pues, que esas páginas sean de Martí, las cuales por otra parte, no son
extrañas ni a su estilo ni a su pensamiento.
Lo censurable no es que ahora se divulgue en Cuba ese trabajo, la maldad del
régimen está en presentar sólo esa faceta sin instruir también al pueblo sobre lo que
Martí dijo de las tiranías, de la libertad individual, de la justicia, de los sistemas
de gobierno y de la dependencia extranjera, temas de urgente conocimiento para los
cubanos. Han escogido "Hombre de campo" para reducir la fe del pueblo y
desacreditar la iglesia, y hacer más fácil su prédica del materialismo. Esa práctica
va contra lo que dispone la constitución socialista de 1976, donde se garantiza, hasta
cierto punto, la libertad de cultos, y más específicamente contradice la Plataforma
Programática, del año anterior, que inspiró el texto constitucional, donde se
reprobaba todo tipo de "campaña antirreligiosa", como sin duda lo es la
divulgación de dicho escrito, aislado y apoyándose en el prestigio de Martí. Las
Constituciones de otros países comunistas (la Unión Soviética, Polonia, Bulgaria), sí
reconocieron ese derecho al gobierno, pero en Cuba consideraron tan débil la fe que no
creyeron necesario autorizar tales actividades contra la religión.
Pero ante la autenticidad del escrito queda pendiente la opinión de Boza Masvidal, por
la que Martí aparece como un ignorante, malicioso, calumniador e hipócrita. Martí, por
supuesto, no fue nada de eso, y quizás convenga revisar sus ideas sobre el clero para
destruir el insoslayable juicio.
Hay que empezar recordando que Martí no sólo no era católico sino que mostró
durante toda su vida, además de marcado anticlericalismo, hostilidad contra ciertas
actividades de la Iglesia. Y no le faltó razón, porque en su época la encontraba con
notable frecuencia aliada al despotismo, a la intolerancia y a los privilegios injustos.
En su poder temporal que lo inquieta: "La religión católica tiene dos fases que
merecen cada una peculiar consideración. Es doctrina religiosa, y es forma de
gobierno". A él le interesa la última; la doctrina religiosa como tal, le es ajena:
"Cuando yo era niño, muy niño", dijo Martí, "la idea no adquirida de
Dios se unía en mí a la idea adquirida de adoración. Hoy, que se ha obrado en mí, por
mí mismo, esta revolución que acato porque es natural; y me regocija porque deslinda y
precisa, la idea de Dios ha sobrevivido a mis antiguas ideas, la idea de adoración ha
pasado para no volver jamás".
Para comprender lo que fue la iglesia católica en América, debe tenerse presente, lo
que fue el Patronato Real en Indias y los concordatos del siglo XVIII entre Roma y el
Estado español. Por estos acuerdos la monarquía prácticamente controlaba toda actividad
eclesiástica, por el derecho a nombrar dignidades, desde arzobispos hasta párrocos, con
lo que el clero siempre estuvo más sometido a la corte española, y a sus intereses, que
al Vaticano. Y cuando cesó el Patronato, en 1869, fueron grandes las luchas de los
países americanos con Pío IX porque los gobiernos querían continuar con aquellos
privilegios. Esa es la razón por la que Martí habla de "la edad teocrática, que
nace en Roma antigua y muere en América", y, en otra oportunidad: "Son las
repúblicas las que pagan los pecados de los españoles".
Martí desarrolla sus reservas ante el clero y la iglesia católica en contacto con los
krausistas españoles y el Instituto Libre de Enseñanza Sanz del Río, Salmerón,
Giner de los Ríos, Castelar y Ripoll que se enfrentaban al tradicionalismo y a la
escolástica. Pero donde forma un vigoroso programa es en México, al calor de las leyes
anticlericales de Reforma, de Benito Juárez, incorporadas a la Constitución por su
sucesor, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada, a quien Martí apoyaba desde la Revista Universal, y con la prédica contra el despotismo
eclesiástico de los maestros mexicanos Ignacio Ramírez, Ignacio Altamirano y Guillermo
Prieto. Como periodista denunció la sublevación de Porfirio Díaz en complicidad con el
clero que quería recuperar los privilegios perdidos, y cuando triunfó el golpe de
Estado, Martí tuvo que marcharse de México.
Después de esa amarga experiencia empezó su etapa del más vivo anticlericalismo. Es
probable que entonces escribiera "Hombre de campo", pues en Guatemala vuelve a
encontrar la alianza de las clases más reaccionarias y la jerarquía eclesiástica. Lo
que sí sabemos es que en esa época prepara su drama "Patria y libertad", sobre
la independencia guatemalteca, muy útil para conocer sus ideas en estos asuntos, pero,
como todo el teatro de Martí, de escaso mérito artístico. Allí el patriota
"Martino" (¿Martí_no? que también quiere morir "de cara al
sol") le dice al "Padre Antonio" (un jesuita que admite ante sus amigos
aristócratas que la "calumnia y el oro" son "sus armas"):
Esa que llevas, cenicienta capa,
Tú, Padre Antonio, imagen tenebrosa
Es de la oscuridad en que nos tiene
La España que te paga, porque ahogas
Ayudándola bien, al pueblo mismo
En que viniste al mundo.
Y enseguida acusa al sorprendido religioso:
El nombre del sublime Jesús
Blasfemia me parece en vuestras bocas:
El que esclavos mantiene, el sacerdote
Que fingiendo doctrinas religiosas
Desfigura a Jesús, el que menguado
Un dueño busca en apartada zona
El que a los pobres toda ley deniega,
El que a los ricos toda ley abona,
El que en vez de morir en su defensa
El sacrificio de una raza explota...
Hoy el catolicismo, Padre Antonio,
Del cristianismo es muerte y es deshonra.
Otro conspirador hace referencia a los males heredados de España, y los resume
diciendo: "Noble, cura y doctor: las tres serpientes/Que anidó en nuestro seno la
Colonia". Y un indio se queja con las mismas razones que aparecen en "Hombre de
campo":
...ya no quedan al indio más que espaldas
Para llevar las cargas de la iglesia...
Indio soy con disfraz, puesto que tengo
Un alma, cosa extraña y estupenda,
Un alma que en el suelo en que nacimos
Al darnos el bautismo el cura quema...
Tampoco vio Martí esperanza de redención para el catolicismo en las otras repúblicas
que conoció más tarde. Las alianzas eclesiástico militares habían producido siempre
gobiernos tiránicos, y pensó, con los grandes americanos de su siglo (Bolívar,
Sarmiento, Lastarria, Bilbao, Alberdi, González Prada, Hostos), que para arrancarse a
España de las costumbres y asegurar el triunfo republicano, era necesario limitar el
poder de la iglesia católica, enemiga en América del progreso, y encaprichada en el
feudalismo teocrático. Poco antes de salir Martí para la guerra, con motivo de la muerte
de su amigo Federico Proaño, desterrado por el dictador García Moreno, escribió en Patria:
"Las autoridades se buscan y se ayudan; los de alma de amos se juntan; la iglesia que
bebe Málaga y se echa sobrinos, mantiene a los volterianos redomados que en público
fungen de carmelitas y dominicos, para que con el consejo de las almas le ayude el clero,
en premio del respeto y la paga de la oligarquía agradecida, a poder y mandar sobre las
clases inferiores, que ya serán iguales y felices en la claridad del cielo... Con estas
desvergüenzas se ha estado gobernando a la América. Es necesario cambiar".
En materia religiosa a Martí hay que entenderlo en función de este juicio suyo:
"En los pueblos donde la religión se ha mostrado siempre hostil al ejercicio natural
y amplio de las facultades del hombre, el odio a la religión ha sido una de las formas
naturales del amor a la libertad". Con el mismo propósito de justicia con el que
analizaba Martí cuanto tocó su pensamiento, supo elogiar en el catolicismo lo que
encontró bueno y merecedor de aplauso. No es menos moroso ante la dulzura de Las Casas,
el sacrificio de Hidalgo, el valor de Morelos y el magisterio de Varela que en la censura
de lo que él veía falto de virtud cristiana. También como otros pensadores de su siglo,
Martí encontró en los Estados Unidos, en la convivencia de tantos cultos, en el
ejercicio de la libertad religiosa, en el libre examen de los protestantes, una garantía
contra los excesos eclesiásticos. Cuando presencia en Nueva York la rebeldía del cura
irlandés Edward McGlynn, defensor de las ideas socialistas de Henry George, unido con sus
feligreses en la causa de los desamparados, escribe: "Se siente que el catolicismo no
tiene en sí propio poder degradante, como pudiera creerse en vista de tanto como degrada
y esclaviza; sino que lo degradante en el catolicismo es el abuso que hacen de su
autoridad los jerarcas de la iglesia, y la confusión en que mezclan a sabiendas los
consejos maliciosos de sus intereses y los mandatos sencillos de la fe"; y por el
mismo acontecimiento concluye en otro trabajo: "Pueden caber, sin alarma de la
libertad, la poesía y la virtud de la iglesia en el mundo moderno... Se entiende que se
puede ser católico sincero y ciudadano celoso y leal de una república".
Pero ¿por qué Martí bautizó a su hijo uno o dos años después de haber escrito
"Hombre de campo"? Podría pensarse en una grave dualidad si no se conocen todos
los datos del asunto. El hijo nació en La Habana el 22 de noviembre de 1878; y meses
después, el 18 de marzo, Martí, como vicepresidente del Club Central Revolucionario
Cubano, realiza peligrosas actividades conspirativas. Decide entonces bautizar al hijo, el
día 6 de abril: la solicitud que presentó en la Parroquia de Monserrate, con la misma
fecha de la ceremonia, lleva su firma. Esperó cinco meses (a él, que nació el 28 de
enero, lo bautizaron a las dos semanas, el 12 de febrero), y con razón creyó conveniente
no demorar más el bautizo de su hijo: dos semanas después de la ceremonia, en el
banquete de Adolfo Márquez Sterling, se pronunció públicamente contra el Zanjón; el 27
de abril le escuchó un discurso el Capitán General quien lo tildó de "loco
peligroso"; en agosto se iniciaron los levantamientos en Holguín y en septiembre
Martí salía deportado a España.
Por otra parte, era imprescindible la inscripción en la iglesia: antes del primero de
enero de 1885, cuando entró en vigor la nueva Ley de Registro Civil, por la que los
nacimientos debían inscribirse en los juzgados, lo único que tenía valor legal era la
partida de bautismo de la iglesia. Fue por ese motivo que bautizó a su hijo, y quizás
por haberlo hecho (o porque ya lo creyó imprudente o innecesario) nunca publicó
"Hombre de campo".
La posición anticlerical de Martí tiene la misma raíz de todo su pensamiento
justiciero, liberal y progresista, comprometido con el mejoramiento humano a través del
amor y del ejercicio de la libertad y la justicia. Excusarle facetas es una mutilación.
No podría haber sido el pensador excepcional que fue disimulándole vertientes a su
juicio, silenciando como cómplice lo que vio impuro o con manchas. En la integridad de su
conducta radica la grandeza y la vigencia de su ejemplo, pero con ella tropezará siempre
quien no pueda aceptar más que una parte de su doctrina. Por eso Martí, entero, le sabe
amargo a todo dogmatismo, y lo dan a pedazos, como hoy en Cuba "Hombre de
campo", para aprovechar el crédito de su honradez y el filo de su palabra.
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