| NOTAS
*Esta conferencia la publicó la Florida
International University con otra titulada "La falsificación de la historia en
Cuba", durante el curso académico de 1991. Respetando su forma original se
enriqueció una segunda salida de "La falsificación de Martí en Cuba" (por La
Unión de Cubanos en el Exilio, de Nueva York, en 1992) con pertinente documentación y
notas aclaratorias y bibliográficas al pie de la página, las que aquí aparecen otra vez
aumentadas con lo añadido en la traducción, "The Falsification of José Martí in
Cuba", que publicó la revista Cuban Studies (número 24, de 1994), del Center
for Latin American Studies de la Universidad de Pittsburgh.
1.- La confusión y la indiferencia respecto a Martí, que se ha
producido por su falsificación, se evidencian en un informe de la Cátedra Martiana, de
la Universidad de La Habana, en el que se concluye: "En general, los conocimientos de
los jóvenes acerca de la figura de José Martí son muy pobres superficiales y muchas
veces esquemáticos, como sucede con el conocimiento de la historia de Cuba... Hemos oído
a maestros de primaria enseñar como de Martí textos que no son de él... En la
Educación Superior, salvo excepciones como las facultades de Filosofía e Historia y
Artes y Letras... es casi nula la difusión del pensamiento martiano por la vía de la
enseñanza. Muchos jóvenes conocen a Martí como Autor Intelectual del Moncada, pero no
lo ubican en su momento histórico, ni comprenden su relación con las principales figuras
de nuestro proceso revolucionario, como se ha visto en pruebas diagnóstico realizadas
donde plantean que 'Fidel sacó del presidio Modelo a Martí'". Y siguen varios
ejemplos de la ignorancia y de los disparatados conocimientos que descubre la encuesta,
no, por supuesto, para señalar el verdadero culpable, la persistente deformación oficial
de Martí, sino para culpar a la juventud cubana por su "escasez de pensamiento
lógico..." Patria; Cuaderno de la Cátedra Martiana, I (1988), 1, 27-28.
2.- Vol. 30, núm. 4 (26 de enero de 1935), 58-59.
3.- Ideas sociales y económicas de José Martí (La Habana,
1940), 217-218.
4.- Ninguno de los escritos aquí citados se incluyeron en Juan
Marinello Obras Martianas (Caracas, 1987), que hubieran cabido en la sección
dedicada a "El pensamiento de Martí y nuestra revolución socialista"; en el
prólogo detallado que preparó para esta edición de la Biblioteca Ayacucho Ramón Losada
Aldana, se pasa como por sobre ascuas al mencionar estos trabajos de Marinello, y se echa
mano a las disculpas de Salvador Morales en su libro Ideología y luchas
revolucionarias de José Martí (La Habana, 1984) donde afirma que se debieron a
"los vaivenes pequeños burgueses y la inmadurez de las filas marxistas... Sus
criterios [los de Marinello] procedían de un análisis aún poco concreto y esencial a
causa de las deficiencias de la historiografía cubana. .. Es significativo que cuando
Marinello recogió en un volumen sus Ensayos Martianos (1961) partió de lo hecho
de 1941 en adelante. Hombre de meditación, seleccionó lo que creyó más vigoroso en todos los aspectos que puede
considerar un marxista
de sentido martiano..." 512-513, 520,
5.- José Martí, Obras Completas (La Habana: Editorial Nacional
de Cuba, 1963-1973). vol I, 18 y 19. Mientras no se indique otra fuente, todas las citas
de Martí que siguen son de esta edición, de las que se dará el volumen y la página que
les corresponde.
6.- Citado en el "Prólogo" de Juan Marinello al folleto Glosando
los pensamientos de José Martí, de Julio Antonio Mella. La Habana, 1941, 8.
7.- Ibid., 12.
8.- Ibid., 4.
9.- Véase Gaspar García Gallo, Adelaida Plasencia, y otros, en Baliño:
apuntes históricos de sus actividades revolucionarias. La Habana: Imprenta de la
C.T.C., 1967.
10.- El Productor, 25 de octubre de 1888. Citado por José
Cantón Navarro en Algunas ideas de José Martí en relación con la clase obrera y el
socialismo. La Habana: Dirección Política de las FAR, 1970, 106.
11.- Boletín del Archivo Nacional, 44, 45 (1944-1945), 122.
12.- Carmen García Gómez, Carlos Baliño: primer pensador
marxista cubano. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales, 1985, 81-83, 87.
13.- Citado por Evelio Tellería Toca, Carlos B. Baliño López en
el periodismo revolucionario cubano. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente, 1989,
5-6.
14.- Martí, VI, 20.
15.- Anuario del Centro de Estudios Martianos, I/1978, 13, 14.
16.- Ibid., 17-18.
17.- Anuario, 7/1984, 217, 219.
18.- Ibid., 333.
19.- Martí, 16, 42.
20.- Granma, 20 de mayo de 1973, 6. El cinismo con el que en
Cuba, para confundir a la población, mezclan prestigiosos nombres del pasado, que nada
tienen que ver con el marxismo, sino que, de hecho, como en el presente caso, lo niegan,
logra singular relieve en este acto en memoria de Agramonte. La primera figura en la
historia cubana que denunció de manera concreta cuanto después iba a caracterizar al
totalitarismo comunista fue Ignacio Agramonte. Al terminar su carrera de abogado en la
Universidad de La Habana, como parte de sus ejercicios de grado, pronunció un memorable
discurso censurando los gobiernos despóticos, la concentración de poder y la falta de
libertad individual y de derechos humanos; dijo en aquella ocasión: "...Funestas son
las consecuencias de la intervención de la sociedad en la vida individual; y más
funestas aún cuando esa intervención es dirigida a uniformarla, destruyendo así la
individualidad, que es uno de los elementos del bienestar presente y futuro de ella... La
centralización hace desaparecer ese individualismo cuya conservación hemos sostenido
como necesaria a la sociedad. De allí al comunismo no hay más que un paso; se comienza
por declarar impotente al individuo y se concluye por justificar la intervención de la
sociedad en su acción destruyendo su libertad, sujetando a reglamento sus deseos, sus
pensamientos, sus más íntimas afecciones, sus necesidades, sus acciones todas... El
gobierno que con una centralización absoluta destruya ese franco desarrollo de la acción
individual, y detenga la sociedad en su desenvolvimiento progresivo, no se funda en la
justicia y en la razón, sino tan sólo en la fuerza; y el Estado que tal fundamento
tenga, podrá en un momento de energía anunciarse al mundo como estable e imperecedero,
pero tarde o temprano, cuando los hombres, conociendo sus derechos violados se propongan
reivindicarlos, irá el estruendo del cañón a anunciarle que cesó su letal
dominación" (Eugenio Betancourt Agramonte, Ignacio Agramonte y la revolución
cubana, La Habana, 1928,13-22). Todas las biografías de Agramonte glosan generosas
este discurso no sólo porque es una muestra de su pensamiento y de su inteligencia, sino
porque es de los pocos testimonios que se conservan de su oratoria, pero la biografía
publicada por el gobierno actual de Cuba sólo reproduce unas frases del mismo, y eso para
acusar al ilustre patriota de "anacrónico", ingenuo y colonialista, y
calificarlo de "intelectual burgués en defensa del individualismo y contra el
comunismo, con las mismas falsas razones y dibujando la misma caricatura que pintaban los
reaccionarios de aquel tiempo y pintan los actuales". Mary Cruz, El Mayor
[Ignacio Agramonte], La Habana, 1972, 44.
21.- Discurso del 17 de setiembre de 1987. Cuba: de los derechos
humanos, La Habana, 1990, 3.
22.- Granma, Suplementos Especial, 23 de abril de 1991.
23.- Granma, 19 de octubre de 1991, 6.
24.- Karl Marx y Friedrich Engels, The Communist Manifesto, D.
Ryzanoff, Londres, 1930, 40.
25.- The International Herald (Londres), 37 (14 de diciembre de
1872), citado por Monty Johnstone en "Marx ant Engels and the Concept of the
Party" (Socialist Register, IV (1967), 121, 145). Antes de la Comuna de
París, el 13 de febrero de 1871, Engels le escribió una carta al Concilio Federal
Español, de la Internacional, en la que decía: "En todas partes la experiencia ha
demostrado que la manera mejor de librar a los obreros del dominio de los viejos partidos
es la creación de un partido proletario en cada país, con una política propia, una
política bien diferente de la de los otros partidos". Ibid., 133.
26.- V.I. Lenin, Collected Works (May 1901-February 1902),
Moscú, 1961, vol. 5, 430, 440 y 452.
27.- Joseph Stalin, The Foundations of Leninism, citado en A
Documentary Historv of Communism, Robert V. Daniels, ed., Hanover y Londres,1984, vol.
1, 169. Esta concentración del poder en una minoría pone en evidencia la desconfianza de
Lenin respecto a las masas para llevar a su fin los cambios necesarios en Rusia; él
prefería dirigir las masas "desde afuera". Marx, por su parte, criticó el
dominio de una minoría en 1863, al fundar Ferdinand Lassalle la Unión de Trabajadores
Alemanes. Es el mismo centralismo y la misma desconfianza presentes en el Partido Nacional
Socialista Obrero Alemán fundado por Hitler, quien dijo en Mein Kampf que el
partido" no debía ser la veleta de la opinión pública, sino su amo... No ha de ser
un criado de las masas, sino su dueño". Munich, 1930, 92, 521.
28.- Joseph Stalin, Dialectical and historical Materialism,
Nueva York, 1972, 20, 21.
29.- Respecto a la unidad dentro del partido, que con tanto fervor se
defiende en Cuba hasta el momento de redactar estas notas (julio de 1992), Stalin había
dicho, siguiendo a Lenin: "...La existencia de facciones es incompatible con la
unidad del partido y con su disciplina férrea. No es necesario demostrar que la presencia
de varias facciones dentro del partido lleva a la creación de varios centros, y que esto
significa la desaparición de un centro común, el rompimiento de la voluntad unitaria, el
debilitamiento y la desintegración de la disciplina, y el debilitamiento y la
desintegración de la dictadura..". (A Documentary History of Communism, vol.
I, l 71). Las más evidentes diferencias entre las dos clases de "partidos" y el
absurdo de defender el "unipartidismo" aparecen en estos juicios de Aryeh L.
Unger en su libro The Totalitarian Party: "...Los partidos democráticos
existen con el fin de organizar las luchas para lograr el poder político. Los partidos
totalitarios existen para organizar el monopolio del poder político". Y más
adelante explica cómo el significado mismo de la palabra "partido", que quiere
decir que hay varias "partes", repugna a la existencia de un solo partido;
agrega: "Tal como lo ha señalado un autor [B. D. Wolfe, Communist Totalitarianism,
Boston, 1961, 266], donde no existe más que un partido toda actividad partidista cesa, lo
mismo que si hubiera un solo sexo dejaría de existir todo tipo de vida sexual".
Unger, Londres, 1974, 5.
30.- Martí, 4, 279.
31.- Esta acusación de Trujillo hay que entenderla en función de
acontecimientos ajenos a la política. Trujillo le reprochaba a Martí que, casado como
estaba con Carmen Zayas Bazán, Martí fuera en Nueva York el amante de Carmita Miyares
viuda de Mantilla. Ya habían tenido un problema por ese motivo en 1887 (véase Federico
Pérez Carbó, "José Martí-Enrique Trujillo", en El Archivo Nacional en la
conmemoración del Centenario del natalicio de José Martí y Pérez, 1853-1953, La
Habana, 1953, 673-676). Después de cinco años de separación, en junio de 1891, la
esposa de Martí se apareció con el hijo en Nueva York. Todo ya estaba dispuesto para la
publicación de los Versos Sencillos, en los que Martí hacía duros reproches a su
mujer, los cuales contrastaban con los tiernos elogios que allí le prodigaba a otras
mujeres, entre las que no era difícil descubrir a la amante. En el mes de agosto salieron
publicados los Versos por Enrique Trujillo y, días más tarde, con la ayuda de
éste y escondida del esposo, la Zayas Bazán regresó a Cuba. Martí nunca le perdonó al
amigo la mala acción, y ya en octubre, según confesó Trujillo, "no tenía
relaciones de amistad con el señor Martí" (Apuntes históricos; Propaganda y
Movimientos revolucionarios cubanos en los Estados Unidos desde enero de 1880 hasta
febrero de 1895, New York, 1896, 60-61). Poco después se organizó en la Florida el
Partido Revolucionario Cubano, en enero de 1892; en marzo ya circulaba entre los emigrados
el periódico Patria, serio competidor de El Porvenir, de Enrique Trujillo;
y el 10 de abril los clubs revolucionarios de Cayo Hueso, Tampa y Nueva York proclamaron
unánimes el partido de Martí. Entonces empieza la crítica de Trujillo, y en mayo, entre
protestas de patriotismo, lo califica de "dictadura civil" (Apuntes,132)
ya que él tenía otra idea para la organización revolucionaria. Pero también en Cayo
Hueso hubo alguien que tenía otro plan político, el profesor Juan A. Calderón, pero no
lo presentó al ver la unanimidad con que se recibió el proyecto de Bases para el
Partido, preparadas por Martí en consulta con los más altos dirigentes de la emigración
en la Florida (Véase Gerardo Castellanos G., "Raíces históricas del Partido
Revolucionario Cubano", en Homenaje a Martí en el cincuentenario de la fundación
del Partido Revolucionario Cubano, 1892-1942, La Habana, 1942, 23), y no atacó
a Martí pues no sentía ni la enemistad ni la envidia de Enrique Trujillo. Con estos
antecedentes hay que analizar sus acusaciones; y la impugnación última se le puede dejar
a un testigo excepcional de la época, al noble puertorriqueño Sotero Figueroa, quien
refutó el libro de Trujillo acabado de publicarse y fue uno de los que siempre estuvieron
al lado de Martí; preguntaba, A)Decir que los procedimientos no eran adecuados, y que él
[Trujillo] los combatía por autoritarios o compulsivos? Pues pudo atacarlos, y los atacó
en el seno de los clubs a que pertenecía, y (unidad admirable que él recusó! No hubo un
solo voto que se pusiera a su lado para ayudarlo a cargar con la cruz de sus pecados. Su
deber de patriota era acatar la ley de las mayorías, y meter el hombro a la obra común:
no lo hizo así; rebelde, utilizó el periódico [El Porvenir], válvula de su
exclusiva personalidad, y empezó, ya despechado, a poner granos de arena al carro de la
revolución..." La Doctrina de Martí (Nueva York), 16 de setiembre de 1896,
citado en Anuario Martiano, 6/1976, 193-194.
32.- La falsificación de Martí se empezó a practicar muy pronto
después de su muerte. Disgustado Rodríguez porque la independencia de Cuba le había
frustrado su esperanza de anexar la isla a los Estados Unidos, calificó en ese libro a
Martí de "eminentemente socialista y anárquico" (lo peor que podía inventar
su mente colonial), y citó fuera de contexto palabras de Martí, por ejemplo, en La
República española ante la revolución cubana Martí había escrito: "La lucha
ha sido para Cuba muerte de sus hijos más queridos, pérdida de su prosperidad que
maldecía porque era prosperidad esclava y deshonrada, porque el gobierno le permitía la
riqueza a trueque de la infamia..." Y al recordar la Guerra de los Diez Años, en
elogio del patriotismo de los que se alzaron contra España, agregó: "...Bendijeron
los ricos cubanos su miseria [la de ellos por supuesto, a causa de la guerra], fecundóse
el campo de la lucha con sangre de los mártires..." (Martí, I, 90); pero Rodríguez
cita esos pasajes; así: "La prosperidad de Cuba, «dice el folleto [de Martí]»,
permitía la riqueza, «pero era» a trueque de la infamia. Los cubanos ricos, «lejos de
tener conciencia de los males de la patria bendijeron su miseria [de la patria, no
la de ellos; subrayado en el original]. Estudio histórico sobre... la idea de la
anexión de la Isla de Cuba a los Estados Unidos de América, La Habana, 1900, 284.
33.- Martí, escritor revolucionario, La Habana, 1980, 289.
34.- Martí, VI, 81.
35.- Martí, IV, 262, 261, 260, 259-260, 265, 260-261, 265.
36- II, 93.
37.- Martí, IV, 382.
38.- No incluyeron lo que dijo enseguida, lo que entendía por
"la dignidad plena del hombre", porque contradice el espíritu y la letra de la
Constitución: "...el carácter entero" de todos, "el hábito de trabajar
con sus manos y pensar por sí propio el ejercicio íntegro de sí y el respeto... al
ejercicio íntegro de los demás [y] la pasión, en fin, por el decoro del hombre..".
(Martí, IV, 270). En la Constitución que ahora preparan (julio de 1992) sigue
escamoteada la cita, pero crece la falsificación de Martí: dicen estar "guiados por
el ideario de José Martí y las ideas políticas y sociales de Marx, Engels y
Lenin", donde antes sólo decían estar "guiados por la doctrina victoriosa del
marxismo-leninismo"; y en el artículo 5, donde el "Partido Comunista de
Cuba" era "marxista-leninista", ahora pasa a ser "martiano y
marxista-leninista". Asamblea Nacional del Poder Popular, Proyecto de
modificaciones a la Constitución de la República [1992], 2 y 5.
39.- Martí, I, 280.
40.- Martí, III, 303, 304. Marx y Engels siempre consideraron la
lucha de clases como algo imposible de evitar, además de ser el fundamento mismo de los
movimientos de liberación obrera, toda vez que creían irreconciliables los intereses del
proletariado y de la burguesía. Lenin, por su parte, llegó a afirmar que "sin la
lucha de clases el socialismo era o una frase hueca a un sueño ingenuo" (Collected
Works, 9, 443). Pero Martí siempre mostró aversión a hablar de clases, y nada le
fue más ajeno que considerar los conflictos entre ellas como el medio para lograr la
justicia social. Poco después de fundar su partido escribió en Patria: "No
hay más que dos clases entre los hombres: la de los buenos, y la de los malos. Enoja oír
hablar de clases. Reconocer que existen es contribuir a ellas. Negarse a reconocerlo, es
ayudar a destruirlas" (Martí, V, 53); y un mes más tarde, cuando empezó a
publicarse en Cayo Hueso un periódico con el título de El Proletario, advirtió a
sus lectores del peligro de incitar a la lucha de clases, que simboliza con una
"serpiente"; dijo: "El tiempo no le alcanza [a Patria] ni le
alcanzará jamás, para aumentar las discordias entre los hombres... Se nos queman los
labios de estas palabras innecesarias de «obreros» y de «clase»... No hay campo, ni
nuestro campo cubano siquiera, libre de la serpiente; pero es mucho el señorío natural
del hijo de Cuba, y mucha ya la cultura del obrero de Cuba, nacido en ella o no, para que
en un régimen de justicia se conviertan los que batallan por su libertad en azotes de la
libertad ajena..." (Martí, "El obrero cubano", II, 52).
41- Salvando el tiempo que separaba "La Auxiliadora" del
partido de Martí, y teniendo presente que aquélla se creó en plena guerra mientras que
la organización de Martí era para iniciarla, se descubre la huella de una en el otro.
Todo el que conozca las Bases y los Estatutos de Martí verá el cercano parentesco con
las Bases y el Reglamento de Aldama; allí dijo de su Auxiliadora: "...Se
subdividirá en agrupaciones o clubs en cada una de las localidades donde haya suficiente
número de afiliados. Las asociaciones cubanas que hoy existan podrán incorporarse en
«La Auxiliadora de Cuba» si así lo acuerdan conservando o no su denominación y su
reglamento... El Consejo General nombrará una Comisión Ejecutiva [la cual] tendrá
plenos poderes para despachar todos los negocios relacionados con «La Auxiliadora»...
Para llenar su objeto de auxiliar la independencia de Cuba, se ocupará la Sociedad: en
fomentar la unión y la armonía entre todos los cubanos: en trabajar para que todos
contribuyan, según sus medios, a la obra común; en hacer que la influencia de esta
asociación alcance a todos los cubanos y a los de cualquier nacionalidad que simpaticen
con la causa de Cuba... Son atribuciones y deberes del Consejo General: tratar de crear
fondos y recursos por todos los medios lícitos y patrióticos que estén a su alcance...
[y] remover por unanimidad de votos a la comisión ejecutiva o a cualquiera de sus
miembros que no llene los deberes de su encargo... El presidente... tendrá la
representación de la Sociedad, junto con sus dos asociados, en todos los asuntos que con
ella se relacionen... Habrá un Secretario y un Tesorero de la Sociedad... Las bases de
esta Sociedad podrán enmendarse por las tres cuartas partes de los miembros presentes en
sesión convocada especialmente con ese objeto... Bases y Reglamento de la Auxiliadora
de la Independencia de Cuba, Nueva York, 1871, 7, 8, 13-15. Aparte de los méritos de
la organización de Aldama, Martí debió seguirla en lo posible toda vez que la fundaron
en Nueva York, en julio de 1871, algunos emigrados que luego fueron amigos y colaboradores
suyos, como el militar Félix Fuentes y el maestro Hilario Cisneros; o personas que él
apreciaba y que lo podrían ayudar en su gestión revolucionaria, como el escritor Rafael
María Merchán; y familiares de emigrados de influencia, como Arnao, Bellido de Luna y
Mayorga, entre otros.
42- Cuenta el biógrafo de Morales Lemus, Enrique Piñeyro, que, como
representante de los insurrectos cubanos, se le pidió a Morales Lemus que firmara ese
documento como "agente autorizado del partido revolucionario de la Isla de Cuba"
(Morales Lemus y la revolución cubana, Nueva York, 1871, 98). Martí admiraba a
Piñeyro, y esta biografía, que fue muy conocida desde su publicación, curiosamente
apareció el mismo año y con el mismo pie de imprenta que el folleto de Aldama del que se
habló en la nota anterior: AM. M. Zarzamendi, 40, 42 Broadway, New York".
43.- Documentos para servir a la historia de la Guerra Chiquita
(Archivo de Leandro Rodríguez), La Habana, 1949, vol. I, 44.
44.- Ibid., 59.
45- Dice el "Programa" en su artículo 11: "Sin
perjuicio de que existan y aunque se robustezcan en su vida política y sigan funcionando
con actividad revolucionaria todos los clubs y comités establecidos... deberá
establecerse, a mi juicio, muy conveniente, una Junta Gubernativa, que servirá de gran
centro para constituir la verdadera unidad de acción, sin la cual todos los esfuerzos
serían, si no estériles, por lo menos deficientes para imprimir carácter, vigor y
fuerza a la revolución armada". Y en el artículo 21: "La Junta podrán
componerla cinco individuos escogidos por su respetabilidad e inmaculados antecedentes
políticos, sirviendo la misma Junta Gubernativa posiblemente de base para la futura
organización de un gobierno provisional en Cuba, cuando las circunstancias lo
indiquen". Y el 31: "La Junta será el gran centro con quien deberá entenderse
el jefe superior a quien se le confíe la dirección de la guerra y mando en jefe del
ejecutivo, al cual quedarán subordinados todos los demás centros revolucionarios en la
acción auxiliar a la patria". Ramón Infiesta, Máximo Gómez, La Habana,
1937, 221-222.
46.- La carta está dirigida a José A. Rodríguez y tiene fecha del
11 de noviembre de ese año; además de lo citado, escribió Maceo: "Yo desearía
para mi país un hombre que tenga la virtud de redimir al pueblo cubano de la soberanía
española, sin haber tiranizado a sus redimidos... Mi opinión es que nos reorganicemos
buscando los medios de realizar nuestra empresa revolucionaria; y la manera más
respetuosa e imponente, civilizada y disciplinada, práctica y de oportunidad, es que
nuestro partido se constituya nombrando su representación oficial que se caracterice con
el voto popular de todo el Partido Independiente, el cual debe y puede hacer una votación
libérrima de los hombres que quiere elevar a la categoría de genuina representación,
que dirijan la opinión de nuestros emigrados y quiten el marasmo político en que yace el
partido..." Antonio Maceo, Ideología política, La Habana, 1950, 1, 357.
47.- Martí, I, 213, 214. Ver también las cartas que les escribió
sobre esa reunión a los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Rafael Rodríguez, en
Martí, I, 216; Papeles de Maceo (La Habana, 1948, vol. 2, 140) y en el Boletín
del Archivo Nacional (vols. 44 y 45, 1945-1946, 100), respectivamente.
48.- José Rivero Muñiz, "Los cubanos en Tampa", Revista
Bimestre Cubana, vol. 74 (1958), 55.
49.- Martí, "La crisis y el Partido Revolucionario Cubano",
Patria (19 de agosto de 1893), II, 369.
50.- Martí, I, 291-292.
51.- Martí, "Al presidente del Club José María Heredia",
I, 458.
52.- Martí, "El Partido", II, 35.
53.- "La Confirmación", Patria (23 de abril de
1892), I, 413.
54.- Martí, "El Delegado en Nueva York", II, 174.
55.- "El Partido Revolucionario a Cuba", Patria, II,
341, 342.
56.- Martí, "El tercer año del Partido Revolucionario
Cubano", III, 141. Con ese mismo espíritu e intenciones siguió el Partido hasta que
terminada la guerra, en 1898, fue disuelto. En una "Circular" publicada en Patria,
y que firmó Estrada Palma, se lee: "...Martí preparó la admirable organización
que llamó Partido Revolucionario Cubano... Animado por anchas bases, con elevado
espíritu conciliador, tuvieron entrada en él cuantos cubanos quisieron cooperar, dentro
de la organización establecida, a la obra común de la independencia de la patria. Y fue
un espectáculo hermoso, de gran enseñanza para el porvenir, contemplar estrechamente
unidos e iguales en el ejercicio de su derecho, bajo la acción de reglas y disposiciones
acatadas como la Constitución del Partido Revolucionario, al cubano de color y al blanco,
al pobre y al rico, al obrero y al propietario, al hombre humilde del pueblo y al hombre
de ciencias y de letras, todos cooperando al propio fin en la medida de sus aptitudes
morales y físicas e intelectuales, y de sus recursos pecuniarios... Cuba ha dejado de ser
española. Cuba es independiente. El Partido Revolucionario Cubano, por tanto, ha
terminado la tarea que se impuso... sus hábitos y prácticas republicanas han de ser de
gran provecho, porque es preciso enseñar con el ejemplo diario que son correlativos el
derecho y el deber, que la libertad exige una serie de virtudes para que no caiga su
ejercicio en poder de la pasión, que las instituciones democráticas, a la vez que
consagran como inviolables todos los derechos imprescriptibles del hombre, imponen
absolutamente la sumisión al veredicto de la mayoría, la obediencia a la ley y a la
autoridad constituida, el respeto al derecho ajeno y la severa obligación de no convertir
en licencia ninguna de las manifestaciones de la libertad..." 21 de diciembre de
1898, 1.
57.- Aunque en la actual falsificación de Martí conviene a veces
presentarlo como ignorante del marxismo, para así justificar la ausencia de esa doctrina
en su pensamiento y en sus actos, Martí no lo era: el colombiano Román Vélez, quien lo
visitaba en su oficina de Nueva York en 1891, dijo que allí vio El Capital, de
Marx ("José Martí", en Obras del Maestro, G. de Quesada, ed., Leipzig,
1911, vol. 10, 15). El conocimiento de Marx aparece en Martí en 1883, al hablar de su
muerte en La Nación, de Buenos Aires. Con el propósito de presentarlo como
admirador del marxismo, se sacan fuera de contexto dos o tres frases que Martí dijo sobre
el alemán: "Karl Marx ha muerto. Como se puso al lado de los débiles merece
honor... Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre bases nuevas, y despertó
a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos... Hombre
comido del ansia de hacer el bien, él veía en todo lo que en sí propio llevaba:
rebeldía, camino a lo alto, lucha". Pero estos juicios deben compararse con lo que
dijo en el mismo artículo Martí contra Marx y contra sus ideas. Allí también se
refirió a los trabajadores que eran "fanáticos por amor", con los que
simpatizaba, y a los "fanáticos por odio", a los que despreciaba porque
"la conquista del porvenir ha de hacerse con manos blancas". Y añadía en el
mismo tono: "Más cauto fuera el trabajador en los Estados Unidos si no le vertieran
en el oído sus heces de odio los más apenados y coléricos de Europa... En los de acá,
el buen sentido y el haber nacido en cuna libre, dificulta el paso de la cólera". Y
contra Marx concretamente dijo: "No hace bien el que señala el daño y arde en
ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta
la tarea de echar los hombres sobre los hombres... No son estos hombres impacientes y
generosos manchados de ira, los que han de poner cimiento al mundo nuevo". Martí,
"Suma de sucesos", Obras Completas, 13: 245; 9: 387-88. Este artículo de
13 páginas trata también de otros asuntos, y muestra la pequeñez del elogio si se le
compara con el exaltado panegírico que escribió en esta ocasión el conservador e
imperialista Charles a. Dana (Dana and the Sun [New York: Dodd, Mead, 1938]
361-362. Ni tampoco le eran ajenas a Martí la idea y la intención que tenían los
marxistas respecto al partido político: también en su biblioteca estaba el libro de John
Rae, Contemporary Socialism (Nueva York, 1887), que le mostró al profesor
argentino Dardo Cúneo, en La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring el Historiador de la Ciudad, a cuyo
cuidado estaba la biblioteca de Martí según contó Cúneo en su libro José Martí. La
Argentina y la primera conferencia panamericana (Buenos Aires, 1955, 29); en dicha
obra, explicando las ideas de Marx, decía Rae: "Para su emancipación, el
proletariado debe luchar para obtener fuerza política, y debe usar esa fuerza para
desposeer a la burguesía de todo el capital y de los medios de producción, y poner todo
esto en manos del Estado, es decir, del proletariado ya constituido en un cuerpo de
gobierno". (131) El libro de Rae, que fue muy famoso en sus días, contiene severas
críticas del comunismo, por lo que el gobierno de Cuba hizo desaparecer el ejemplar que
pertenecía a Martí cuando en 1968 se trasladaron, bajo la supervisión del historiador
marxista Julio Le Riverand, los libros de Martí desde donde los conservaba Emilio Roig a
la Biblioteca Nacional: en el inventario de los libros que llegaron a la Biblioteca,
publicado en el Anuario Martiano (1/1969: 355-356) no se menciona el de Rae.
Hubiera sido de mayor utilidad conocer los comentarios e indicaciones de Martí en esa
obra que fue su fuente principal de información sobre los temas que trata. Del libro de
John Rae, Martí copió pasajes enteros en sus "Cuadernos de Apuntes": en una de
sus notas sobre el "socialismo" (XXI, 386) transcribió literalmente lo que
está en la página 4 de Contemporary Socialism. Además, allí trata Rae de
asuntos y personajes de los que también Martí escribió (Henry George, Herbert Spencer,
Marx, Bakunin, Marlo, Proudhom, Herzen, etc.), y tiene juicios muy interesantes. Por una
parte, allí se defiende "la propiedad privada" y se destaca "el mérito
civilizador de la propiedad y de la herencia", las que Rae considera "medios
para el progreso y el desarrollo moral", por lo que cree que "la verdadera
solución" de los problemas sociales "debe mantenerse dentro de los límites del
presente sistema industrial, los límites de la libertad industrial y de la propiedad
privada". Por otra parte condena el totalitarismo de Estado, al que califica de
"mandarinato socialista", el cual ha de detener el progreso y la producción,
aumentando así los sufrimientos del obrero y obligando al Estado a "recurrir al
látigo y volver a la esclavitud industrial". Y añade Rae: "Aún otro motor
importante del progreso ha de destruir el socialismo: la libertad. La libertad, por
supuesto, es un elemento integral y directo de todo noble ideal humano, porque es
condición indispensable para el desarrollo individual, pero es también indispensable
para el progreso social... En un régimen socialista, la libertad tendrá que ser
ahogada", por todo lo cual este autor concluye que "el socialismo tendría que
implantar el gobierno más vejaminoso, totalitario y absolutista que se haya inventado
jamás" (360-368). La opinión de Rae sobre el comunismo se resume de manera
admirable en este profético juicio que suscribe al hablar de Marlo: "El comunismo
lleva a todo lo contrario de lo que pretende alcanzar: busca igualdad y concluye en
desigualdad; busca la supresión de los monopolios, y crea un nuevo monopolio; busca
aumentar la felicidad humana, y en realidad la reduce. Es una pura utopía, y ¿por qué
es una utopía? Porque... la mayor igualdad y la mayor libertad posible sólo pueden
lograrse juntas" (181). |