MARTÍ
CITY
OCALA
EL EXPERIMENTO SOCIALISTA
El primer municipio cubano estuvo en la Florida,
junto a la ciudad de Ocala, y lo fundaron los emigrados que allí residían. Con fecha 22
de setiembre de 1894 apareció en el periódico Patria una carta de Martín
Rodríguez, vecino del lugar, en la que le decía al director de dicha publicación:
Con justos motivos de plácemes me dirijo a usted para avisarle la constitución de
nuestra comunidad independiente, por los cubanos levantada y regida por cubanos. El primer
municipio cubano que se establece en este continente es el de Martí City. No es posible
que le pintemos los innumerables trabajos y sinsabores que nos ha costado, pero la
perseverancia nos ha dado el triunfo. El 10 de los corrientes se celebró en esta ciudad
la elección y constitución del Ayuntamiento. Se comenzó por la votación del nombre de
la ciudad, y nos cabe la honrosa satisfacción de que por unanimidad fuese escogido el
nombre de Martí City: éste era el colmo de nuestras aspiraciones, y no hubo ni una sola
contra este cariñoso deseo... Nosotros esperamos mucho beneficio de nuestro Ayuntamiento,
y uno sobre todos, que nuestros hombres se vayan acostumbrando al gobierno propio...
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Al oeste de la
ciudad d Ocala, en Marion County, Florida, estuvo Martí City,
"el primer municipio cubano en este continente", entre
las actuales Lincoln Street y Silver Spring Boulevard; y la
North West 16th Street y Pine Street.
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En su correcta acepción, un municipio se forma por el grupo humano de un territorio
que se rige, en lo que se refiere a sus intereses vecinales, por un Ayuntamiento. Así,
con todo derecho, aunque poco conocido, puede esa región de la Florida reclamar el puesto
primero en la historia municipal de Cuba.
En el Acta de constitución de Martí City, que se conserva en los archivos de Marion
County, en Ocala, aparecen los nombres de un grupo de vecinos entre los que están Gerardo
Castellanos Lleonart (Comandante de la Guerra Grande, y el primer comisionado que Martí
envió a Cuba para entrevistarse con los conspiradores de la isla), José E. de la Cuesta
(uno de los más jóvenes manufactureros del lugar, que allí juró el cargo de Alcalde
ante un representante judicial del condado), Carlos Baliño (obrero anarquista que
después fundó en La Habana, con Julio Antonio Mella, en 1925, el Partido Comunista de
Cuba, y que en Martí City presidió un club con el nombre del famoso anarquista español
Fermín Salvoechea), Guillermo Sorondo (presidente del Cuerpo de Consejo del Partido
Revolucionario Cubano, en Ocala, el primer negro que entró invitado al teatro de aquella
localidad), Martín Rodríguez (el firmante de la carta a Patria, contador
ilustrado y el de mayor edad en el grupo salvo otra excepción, los demás tenían
entre 20 y 50 años), y treinta cubanos más que luego aparecen en el Censo del mes
de julio de 1895.
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Primera página del
Acta para crear Martí City, cuyo original se encuentra en los
archivos del Clerk de la Circuit Court of Marion County.
Cumpliendo los requisitos legales, el proyecto se anunció
durante cinco semanas consecutivas en el periódico Marion
Times y The Ocala Banner dio noticia del acto en su edición del 14 de
setiembre de 1894.
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Para los otros cargos del Ayuntamiento fueron elegidos James Johnston, Secretario;
Lázaro Vila, Tesorero; y José López, Alguacil ("Marshall"); y como Concejales
("Aldermen"), Guillermo Sorondo, Segundo González, Rafael V. Fornés, Francisco
García y Carlos Baliño. "Todos son cubanos", aclara en su carta Martín
Rodríguez, "el Secretario es norteamericano, pero no habrá hijo de cubano que le
exceda en nuestras aspiraciones y deseos: básteles saber que es criado en Cuba y por
segundo padre tuvo un cubano..." Y al final del Acta se lee: "After the duly
elected officers of the town of Martí City had each taken the oath of office in the
manner aforesaid, the said meeting of the citizens of Martí City, Florida, held for the
purpose of incorporating said Town, and organizing a municipal government therefore, on
motion, adjourned... Attest: James F. Johnston, Town Clerk of Martí City, Fla. A true
copy of the original, filed Nov. 20, 1894, and recorded Nov. 21st, 1894".
En proporción al número de cubanos que vivían en Martí City, y comparada con otras
ciudades de la Florida, ninguna tuvo más clubs revolucionarios: el "Henry
Reeve" (en memoria de "El Inglesito", el americano nacido en Brooklyn que
fue a pelear junto a Ignacio Agramonte y que murió combatiendo a los españoles en
Matanzas, en 1876), el "Leopoldo Turla" (con el nombre del poeta cubano,
colaborador de Narciso López y de Francisco Vicente Aguilera, profesor de español en New
Orleans, donde murió en la pobreza, en 1877), el "José Antonio Cortina" (por
el famoso orador autonomista que dirigió la Revista de Cuba, muerto joven en La
Habana, en 1884), el "Fermín Salvoechea" (donde estaban, junto a Baliño,
Joaquín Granados y Santiago Bolio, cubanos y españoles de ideas radicales: socialistas y
anarquistas), el "General Jordan" (en honor de Thomas Jordan, otro americano,
éste graduado en West Point, que llegó en Cuba a Jefe del Estado Mayor, en Camagüey, en
1870), el "Hijas de la Patria", en cuya directiva se ve cómo a nivel familiar
se reforzaba la unión de los cubanos en Martí City: Georgia Castillo de Angueira, Inés
Lorenzo de Vidal, Juana Rodríguez de Cuesta, Asunción Castillo de Camus, Aurora Coca de
Granados, Irene Bussó de V. Fornés, Natividad Carbonell de Cañizares y Regla Pinet y
González...Por el patriotismo de las cubanas de aquel lugar llegó a decir Martí:
"¡Tienen un hijo, y de pabellón de la cuna le ponen una bandera!"
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Para
hablar en público en esta ocasión, Martí debió cambiarse de ropa
en casa del matrimonio Francisco Vidal e Inés Lorenzo. En esta foto
aparece la parte superior de un traje de Martí. Como se ve en la
mayoría de sus retratos, vestía chaqueta, chaleco y pantalón
negros. En marzo de 1895 se mandó a hacer un traje en Santo Domingo
con el sastre Ramón Antonio Almonte, quien conservó las medidas;
con una altura de 5 pies 6 pulgadas, y unas 140 libras de peso, dio
las siguientes: chaqueta: hombro 45 cm., largo, 76 cm., maga (por
dentro), 50 cm.; chaleco: 65 cm. de largo; pantalón: cintura, 80
cm., pierna (por dentro), 78 cm. |
Otros vecinos de Martí City merecen recordarse: el comandante Ramón E. Cabrera (que
peleó en la Guerra de los Diez Años a las órdenes del coronel Luis Majín Morejón, el
héroe de Matanzas), Francisco Vidal (el dueño de la fábrica donde se celebraban las
fiestas patrióticas: en una ocasión en que Martí tuvo que hablar en el Marion Opera
House, ante la pobreza de su ropa, le dijo a Vidal: "Me da pena presentarme ante la
concurrencia; usted, que tiene mi mismo cuerpo, présteme una mejor", y así, con una
levita prestada, les habló a los americanos prominentes de Ocala); Joaquín Granados (el
maestro negro de quien dijo Martí que "a los niños blancos o de su color enseñaba
poesía, decoro y libertad"); y otros de los que quedó recuerdo en los escritos de
Martí y en las columnas de Patria: Ceferino Cañizares, José Camino, Pedro
Someillán, L. Barreto, Juan José Buttari, Tomás Hernández, Joaquín Osorio, Juan
García Ramírez, Francisco Morales, José García Perera, Valentín Castro, Enrique
Rodríguez y M. Viñas... Y también habrá que recordar la primera pareja que contrajo
matrimonio en Martí City: Antonio Serrano y Angela Martínez, en cuya boda Martí fue
padrino además de intérprete ante el notario... Y no menos a aquel humilde obrero que
aparece en el Censo de 1895, José F. Morales, de 29 años, casado con Nieves, de 19,
quienes le pusieron a su primer hijo, nacido en 1892, Hatuey, y al segundo, en 1894, José
Martí...
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Esquina de Broadway
y Main Street, en Ocala, donde se ve la tienda de ropa de
Charles Rheinauer y Hermanos. Estación de ferrocarril en las
calles 4 y Osceola, a la que desde Tampa llegaba Martí en sus
visitas al lugar, y de la que salía hacia Jacksonville. Al
entrar el tren en la estación se acumulaban los coches de
alquiler donde hoy está la Union Station (Fotos de la Marion
County Historical Commision).
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OCALA
Los primeros emigrados cubanos que llegaron a Marion County formaban parte de un grupo
de obreros de Tampa contratados por dos inversionistas locales. La riqueza de Cayo Hueso y
el progreso de Tampa les había hecho pensar en la conveniencia de fomentar la industria
tabacalera. Coincidió este empeño con el descubrimiento en Marion County de ricos
depósitos de fosfato, en 1889, lo que despertó el mayor interés en aquella región
hasta ese año sólo activa en la siembra de cítricos. Acudieron entonces empresarios del
norte de los Estados Unidos, y de Europa, haciendo subir de manera notable el precio de
las propiedades y dando origen a una activa corriente turística que desde entonces ha
disfrutado de las bellezas del lugar. La población de Ocala aumentó en quince años en
más de un cincuenta por ciento, por lo que llegó a ser la quinta ciudad del Estado,
después de Jacksonville, Cayo Hueso, Tampa y Pensacola.
La posición geográfica de Ocala, en el mismo centro de la Florida, contribuyó a su
rápido crecimiento, también por encontrarse equidistante de dos activos puertos:
Jacksonville, al noreste, y Tampa, hacia el suroeste, unidos por el ferrocarril. El tren
de la Florida Central & Peninsular salía de Tampa, todos los días, a las seis de la
mañana, con paradas en Ocala, Citrus, Hawthorne, Waldo, Jacksonville y Fernandina, a
donde llegaba ya avanzada la tarde. Los cubanos se establecieron al oeste de la ciudad
("Commencing at a point on the western boundary line of the city of Ocala..."
Section 13, Township 15 S, Range 21 E, East of the Tallahassee Meridian dice
la descripción de la nueva ciudad, en el Acta, al señalar sus límites), en una zona que
al principio llamaron Havana City.
De regreso a Nueva York, en su tercer viaje a la Florida, Martí se detuvo en Ocala.
Había pasado unos días en Cayo Hueso y Tampa, y llegó acompañado de José Dolores
Poyo, director del periódico El Yara, y de los generales Serafín Sánchez y
Carlos Roloff. Una crónica de aquella visita apareció a los pocos días en Patria,
el 30 de julio de 1892, firmada por "Un soldado". Después de describir las
atenciones que tuvieron los americanos con los visitantes, se preguntaba el reportero
anónimo: "¿Qué dirán los que creen que en esta tierra no tenemos amigos, si
hubiesen visto a Martí rodeado desde su llegada del mejor elemento americano de Ocala, de
lo más rico y respetable de esta localidad?... La verdad es que apenas hemos gozado de la
visita los cubanos porque a las pocas horas de la llegada, el interés público requirió
que el Meeting fuese en inglés... El teatro de Ocala, que no se abre nunca para los
hombres de todos los colores, se abrió esa noche, en honor de la visita... Martí habló
en inglés, una dos, tres veces..." Después de un paseo por la ciudad, Martí y sus
acompañantes se reunieron con los cubanos; y añade la crónica: "Martí nos contó
nuestra historia, nos hizo vivir en la guerra pasada, nos explicó las dificultades de
nuestra política presente... 'A hombres libres y fuertes', nos dijo, 'no hay más modo de
hablarles que uno ser tan libre y fuerte como ellos. ¡Cuidado, cubanos, que con cada
cubano desterrado va Cuba, va el porvenir de Cuba, y si él la honra, la patria con eso
crece, y si él la deshonra, la patria en eso perece!' Nos parecía estar oyendo a
nuestras propias conciencias..." Y termina el escrito con la descripción del
banquete de confraternidad con el que concluyó el agasajo, y comenta: "...No vi
nunca, en una mesa de dos razas, cordialidad tanta... Nosotros quedamos aquí con el
corazón lleno de ellos (los visitantes), para ayudarlos en su obra, para imitar su
prudencia, y para cumplir con la patria y con ellos nuestras obligaciones..."
En una oportunidad Martí llamó a Ocala "un cesto de luz", y en otra
"tierra de delicias" y "lugar sereno y frondoso que recuerda a
Cuba..." Aparte de las bellezas naturales de Marion County, no es difícil explicar
su especial predilección por la ciudad cubana: era un lugar nuevo, no como los otros
centros de emigrados con un historial ajeno a su labor revolucionaria. Enterados de las
actividades de Martí, ya antes de su primera visita, los cubanos de Ocala habían
acordado hacer donaciones regulares a su partido, y Martí, empeñado en la lucha contra
los autonomistas, que querían un entendimiento con los españoles, comentó en Patria:
"¡Oh! No hay que hacer artículos contra la autonomía. ¿A qué echar en cara su
error a los que ya, en la angustia del patriotismo, estarán sin duda buscando modo de
redimirse ante la historia de él? No hay artículo contra la autonomía que valga más,
ni que enseñe más al país, que los veinticinco centavos semanales de los cubanos de
Ocala..."
Otra vez en 1892 Martí estuvo en Ocala, en el mes de diciembre. Fue acompañado en
esta ocasión de Roloff y Poyo, y de una mujer singular que mucho lo ayudó en sus
campañas en la Florida, Carolina Rodríguez "la patriota", ya cerca de los 70
años y con las más ricas credenciales revolucionarias. Martí permaneció en la ciudad
los días 14 y 15 de diciembre, y el 16 publicaba The Ocala Banner esta reseña de
su visita: "The arrival Wednesday of Gen. José Martí in Ocala to confer with and
encourage his patriotic countrymen of Marti City (West End) so named in honor of his
unselfish and heroic labors in the cause of Cuban independence was quite a holiday
in compliment to his presence. The homes of the factory help were decorated with the
national colors they love so dearly, harmoniously blending with our own Stars and
Stripes..." Al siguiente día hubo un acto en el Marion Opera House en el que Martí
fue presentado por el director de ese periódico, Frank E. Harris: "Thursday
evening", sigue diciendo el reportaje, "Gen. Martí addressed the people of
Ocala in English on the work in which he is so deeply interested Cuban
independence and greatly interested his large and appreciative audience. Considering
the fact that the speaker had spoken but two or three times in our language, he did
admirably; but, how could it be otherwise when to a cultured and brilliant mind unselfish
devotion and love of his native land are branded on his heart and fire his tongue to utter
inspired and eloquence?"
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A una milla de este
edificio, la antigua Marion County Courthouse, hacia el oeste,
estaba Martí City. Abajo se ve el tranvía tirado por mulas
pasando por Magnolia Avenue, y que hacía el recorrido entre
la Courthouse y Martí City (Fotos del libro Ocali
Country. Kingdom of the Sun, de Eloise Robinson Ott y
Louis Hickman Chaztal, publicado en 1966).
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EL EXPERIMENTO SOCIALISTA
Con la prédica y el ejemplo de Martí, y con la buena disposición y la generosidad de
muchos cubanos, se logró la unión necesaria para iniciar la guerra y lograr la
independencia. Es lo que él quería. "El Partido Revolucionario Cubano", dijo,
"es la unión de pensamiento y voluntad de todas las organizaciones cubanas y
puertorriqueñas del destierro... La grandeza es ésa, del Partido Revolucionario Cubano:
que para fundar una república ha empezado con la república. Su fuerza es ésa: que en la
obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba... es el
abrazo, grande como de las entrañas, de los revolucionarios de espada y de libro, de
caballo y de bufete, de cárcel y de pelea, que el gobierno español y los errores de la
guerra y el apartamiento del campo y el destierro mantenían como hostiles o
desamorados... La guerra que prevé y ayuda el Partido Revolucionario Cubano es la guerra
de todos..."
La constitución original de Martí City permitió que esa unión se desarrollara con
mayor espontaneidad y fuerza. Las comunicaciones oficiales que los cubanos desde allá
enviaban a la delegación, en Nueva York, y los escritos que publicaba Patria, de
algunos de sus vecinos, ponen en evidencia la armonía que allí reinaban, y el entusiasmo
y el orgullo que sentían por esa forma de vivir; una carta desde Ocala, de Mayo de 1892,
dice: "...yo no sé cómo poderle pintar la alegría que se retrata en todos los
semblantes, ni sé explicarle debidamente cuánto es el embullo que reina, ni cuánto es
lo que se piensa hacer en el porvenir para bien de los cubanos todos, sin distinción
alguna..." En 1892 celebraron un acto en memoria de los estudiantes muertos el 27 de
noviembre: fue en la manufactura de J. Vidal Cruz (en la esquina de las calles Félix
Varela y Broadway) y en la mesa de la presidencia y de los oradores, sobre una tela blanca
bordaron la palabra "Fraternidad". En otro momento dice el periódico:
"Ocala es de lo más hermoso en nuestra emigración. No hay allí un solo cubano que
no trabaje por su patria, y ni una sola cubana... Aprendan los cubanos descreídos de
otras partes, con estas pruebas de fe y de constancia patriótica, a tener más esperanza
en la virtud de su tierra..."
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La ciudad de Ocala
quiso en un momento de su historia convertirse en la capital
del Estado de la Florida. Luego, a principios de 1889, se
inauguró esta exposición agrícola por la que nació en la
ciudad el interés en la industria tabacalera.
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En Marion County había gran afición a la pelota: en 1889 un equipo de americanos de
allí fue a jugar a La Habana, y poco antes de la primera visita de Martí hubo juegos de
exhibición en Ocala entre los clubs de Filadelfia y de Brooklyn. Y durante muchos años
se consideró que la ciudad tenía los mejores peloteros amateurs de la Florida... Los
cubanos de Martí City no tardaron en formar dos equipos, y no pueden extrañar los
nombres que les dieron: "Patria" y "Martí". Las fiestas para
conmemorar el 10 de octubre, en 1893, incluían un encuentro entre "Martí" y
"Patria", pero el que reseñó el juego, prudente, no dijo cuál había
ganado... Podía tomarse como ofensa la victoria; además, en un ambiente de amistad tan
pura, quizás no le pareció de buen gusto dar a conocer el resultado del juego... Pero lo
que interesa aquí son los comentarios de M. Viñas quien firmó esa reseña para el
periódico Patria; dice:
...Los extraños que admiran y respetan nuestros actos, porque son testigos fieles de
los hechos de patriotismo y virtud de este pueblo nuevo, que en lo que lleva de fundado
está virgen aún de que en sus calles haya puesto la planta ningún hombre de chapa en
pecho y porra en diestra, en son de autoridad que reclama orden. Detalle es éste que
puede parecer insignificante, pero en verdad basta, en el año que lleva ya Martí City de
vida de pueblo, esta total ausencia de la policía pública, y la suficiencia de nuestra
propia estimación, para demostrar nuestra capacidad para el goce tranquilo y virtuoso del
derecho...
Martí City llegó a ser una comunidad singular: industriales y obreros; blancos y
negros; anarquistas y conservadores; cubanos, españoles, americanos e italianos; basta
revisar el Censo de 1895 para concluir que esa región de Marion County era una auténtica
comunidad internacional (Carlos Quirós, de 27 años, de Cuba; Baltasar Carreño, de 47,
español; Matilda Bailey, de 24, americana; Francesco Castaglia, de 33, de Italia...). ¿Y
no era un milagro de tolerancia el hacer convivir entre los vecinos de Martí City el
espíritu revolucionario de Fermín Salvoechea y el espíritu conservador de José Antonio
Cortina? La voluntad democrática y la necesidad de unir fuerzas para la independencia
logró evitar incidentes como el del enfrentamiento de 1891 entre los separatistas y las
"banderas rojas" de Tampa. Y también hubo en Martí City un sano ejercicio de
madurez civil puesto que allí convivieron la prédica atea y materialista de Baliño, sus
denuncias contra la plutocracia americana y su defensa de la "moral obrera"
frente a la "inmoralidad capitalista", al lado de la prédica de los Misioneros
metodistas cubanos que visitaban Martí City (Manuel Deulofeu y H.B. Someillán), quienes
supieron aprovechar para su iglesia el descrédito en que cayó el clero católico por su
colaboracionismo con España. ¿Y quién que haya leído a Martí no sabe que ese
equilibrio de opiniones e intereses era lo que él hubiera querido para su patria? En
aquellos años de exilio, que fueron de guerra porque todo exilio político lo
es, Martí no tuvo reservas en atacar a los partidarios de la autonomía y de la
anexión porque eran enemigos de la independencia, y como enemigos había que tratarlos,
pero ¿en la república? "Un pueblo está hecho de hombres que resisten y hombres que
empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia, que se rebela: de la soberbia que
sujeta y deprime, y del decoro, que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de
los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de los derechos y
opiniones de una clase sola de sus hijos".
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Carolina Rodríguez,
"La Patriota" (1826, 1899). Perseguida por su
participación en la Guerra Grande, emigró en 1879. En Cayo
Hueso y Tampa trabajó en fábricas de tabaco y, "como único
novio", dijo Martí, tuvo "el pabellón de
Cuba". Ya con casi 70 años lo acompañaba a Martí City.
A su lado Carlos Baliño (1848-1926) concejal de Martí City.
Líder socialista y obrero en "La Criolla", allí
fundó un club patriótico con el nombre del célebre
anarquista español Fermín Salvoechea. A la derecha el
comandante de la Guerra Grande Gerardo Castellanos
(1843-1923). Se estableció en Cayo Hueso, y fue el primer
comisionado que Martí envió a Cuba para entrevistarse con
los conspiradores de la isla, y fue el último en abandonar
Martí City con un grupo de reclutas que allí entrenaba para
la guerra.
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Distante de los excesos del individualismo; ajena a la explotación de una clase por
otra, y de toda forma de discriminación racial; y con la esperanza de lograr el
mejoramiento de la sociedad por el ejercicio metódico de la virtud y del trabajo
aunque sin condenar la propiedad privada como fuente de injusticias Martí
City, sin proponérselo, iba adquiriendo rasgos del socialismo utópico del siglo pasado
(la caridad racional de Saint-Simon; la voluntad comunal de Fourrier; la hermandad del
falansterio de Etienne Cabet; el aprecio del trabajo como fuente legítima de la riqueza;
el mutualismo de Proudhon y su repudio de la rapacidad y el poder coercitivo de las
autoridades); y aun del socialismo democrático de nuestros días, en oposición al
"científico" del marxismo-leninismo (la fe en la democracia, en la pluralidad
de opiniones y en las vías pacíficas para resolver los conflictos sociales; la práctica
de principios éticos o religiosos, y la crítica de las lacras y de los vicios de la
sociedad tradicional).
Un trabajo de Martí en Patria, del 31 de marzo de 1894 que todavía no
han recogido sus Obras Completas, pero que se publicó en 1971 entre sus Escritos
Desconocidos, presenta un curioso Manifiesto de los cubanos de Martí City
ése sí, completamente olvidado con un plan que tiene particular relieve para
lo que aquí interesa, por lo que se transcribe seguido del escrito de Martí, que dice:
Lección oportuna a los que desconfían de la capacidad republicana del pueblo de Cuba,
y de la inevitable ascensión del espíritu del país, ordenado y decoroso por naturaleza,
es el Manifiesto de los vecinos de Martí City, el lindo pueblo cubano de la agrícola
Ocala, que anuncia su resolución de oponerse a todo escándalo o bajo comercio que
desluzca la moralidad envidiable del poblado naciente. Y no es de condes y duques, ni de
oficinistas leguleyos la población que así se defiende, con riesgo de su sangre, del
desorden y el vicio. Es de lo doloroso de la vida, de lo que suda el pan que come: allí
el médico frustrado trabaja, en la mesa diaria, junto al esclavo de ayer, y con él se
indigna contra la opresión, y ama y practica el derecho: allí el obrero de ciudad,
parcial y levantisco, se codea, hermano, con el hijo sereno y astuto del campo y de la
guerra: allí ara uno, y otro cría, y el que hace versos pone un horno de pan, y la
esposa delicada le lleva los libros al ágil tendero...
Y a continuación aparece el manifiesto:
En Martí City (Ocala), Fla., a los siete días del mes de marzo de 1894, reunidos en
"mass meeting" los emigrados cubanos y algunos hombres de nuestra habla no
nacidos en Cuba, que a nuestro lado viven y trabajan... teniendo en cuenta que mientras
preparamos, con el acuerdo de los cubanos que en Cuba viven, la libertad y regeneración
de nuestro pueblo, uno de los mayores servicios que podemos prestar a nuestra patria es
desmentir con la ejemplaridad de nuestra vida a los que nos calumnian, elevando al mismo
tiempo y dignificando el nombre de Cuba. Resolvemos: organizarnos para la defensa de
nuestro prestigio, del decoro y la paz de las familias, proscribiendo de entre nosotros la
taberna pública o clandestina, el garito y todo lo que sea origen de escándalo e
inmoralidad pública, evitando que, como en otras localidades, la colonia extranjera sea
el vertedero donde se arrojen todos los elementos perniciosos de la sociedad. A este fin
acordamos nombrar un comité popular que vele por el cumplimiento de la resolución
anterior, teniendo el apoyo del pueblo ante el cual, en pública asamblea, presentará sus
acusaciones contra los que amenacen nuestra honra colectiva. Ni de esta asamblea ni del
Comité tienen nada que sospechar ni temer los obreros que reclamen sus derechos con
energía, pues compuesto uno y otro de hombres de todas las clases, aunque en su mayoría
obreros, se propone dejar libre campo a la lucha de los intereses encontrados sin
intervenir en favor de unos ni de otros; por el contrario, el Comité deberá escuchar a
todo obrero que por reclamaciones de trabajo pudiera ser atropellado en sus derechos de
hombre y de ciudadano, cuidando de que no se abra aquí el capítulo de las violencias,
siempre de funestos resultados
Y firma el documento, "por orden del pueblo, el Secretario del Comité Popular.
Segundo González..."
Podría pensarse, con lo que hasta aquí se ha visto, por la complacencia de Martí
ante esas manifestaciones de la ciudad que llevaba su nombre, que, con el tiempo, él
hubiera podido evolucionar, y hasta aplaudir, los excesos y los crímenes que con
pretensiones de igualdad y de justicia social vinieron después de su tiempo. En toda
ocasión Martí tuvo conciencia clara del peligro que entrañaba fomentar el odio de
clases, imponer el gobierno de una y, por ello, sacrificar la libertad y la plena dignidad
del hombre. Y por mucho que se le fue su amor y su desvelo, justo y correcto, hacia los
desamparados y los humildes que explotaba o desconocía el egoísmo capitalista, Martí
siempre manifestó su preferencia por la conciliación de las diversas fuerzas sociales,
por más repugnancia que sintiera ante alguna de ellas.
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Página del Censo de
Marion County, de julio de1895, en el que aparece Carlos Baliño
(escriben "Valino") y su familia: Dolores, la
esposa, y los cuatro hijos: Fidelia, Lucila, Aurelio y
[H]Oracio.
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Precisamente seguido de su elogio de "Los cubanos de Ocala ", a raíz de su
primera visita a la ciudad, Martí publicó en Patria su juicio sobre un periódico
de Cayo Hueso, El Proletario, que propugnaba la lucha de clases, y dijo: "...
El tiempo no le alcanza, ni le alcanzará jamás [a Patria] para aumentar las
discordias entre los hombres... El animal anda en manadas: el hombre con su pensamiento
libre. Por su aspiración para la mejora de las desdichas humanas... se gana la voluntad [El
Proletario] que lleva un nombre que enluta el pensamiento y apena el corazón, porque
en nuestra patria generosa y abundante no podrá existir causa para él. Ya vemos en
nuestro pueblo la casita limpia, el ajuste equitativo de los intereses encontrados y la
razón que ha de venir a los arreglos económicos entre los factores de la producción...
Se nos queman los labios de estas palabras innecesarias de 'obreros' y de 'clase'... No
entiende [Patria] que se pueda negar a un ser humano la plenitud de su derecho, sin
rebajar, en él tanto en que se le niegue, el derecho propio..."
Son ésas las mismas ideas que había expresado casi 20 años antes, en México, al
elogiar un periódico del mismo nombre, El Proletario, pero que no fomentaba la
lucha de clases ni el odio, y que en defensa de los trabajadores buscaba un acuerdo con el
capital: "... Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos... Se dice a
los obreros que su libertad consiste en ejercer un dominio vengativo sobre sus patronos. [El
Proletario] va a explicarles que ser hombres es algo más que ser siervo de aduladores
de oficio; va a predicarles con su hermosa palabra la doctrina de la digna
conciliación... Las cuestiones graves no se resuelven con teorías preconcebidas. La
conciliación es garantía de la paz, y lo son de cierto el severo examen y
prudencia..." Es pues absurdo pensar que Martí hubiera cambiado sus ideas por unas
cuantas lecturas más que hubiera hecho o por presenciar unos cuantos acontecimientos
nuevos de los que no fue testigo...
Martí City también tuvo su Fernandina, y por la misma época que la otra: la helada a
fines de diciembre de 1894, y la de febrero del siguiente año, destruyeron las siembras
de Marion County. Poco después las fábricas de tabaco empezaron a cerrar, y los obreros
se refugiaron en Tampa. El último en salir de la ciudad fue el comandante Gerardo
Castellanos, que allí daba instrucción militar a un grupo de jóvenes al que llamaban
los "Rifleros de Martí".
Luego todo quedó en silencio. Y como si aquello fuera un presagio de lo que iba a
suceder en su patria en la que por criminal pereza siempre se han llevado el
gobierno fuerzas ajenas a su programa, las que perpetuaron en las costumbres los vicios
coloniales o crearon otros nuevos esa ciudad de la Florida donde quiso objetivarse
su sueño, quizás sin renuncia total a su condición de símbolo, tuvo un fin infausto:
en carta de Fernando Figueredo, del 23 de marzo de 1896, desde West Tampa, a Tomás
Estrada Palma, en Nueva York le da cuenta de su trágica desaparición: "...Martí
City está completamente abandonada; tan sólo sirve para inmundo lupanar de inmorales
meretrices..."
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