[Lo que mandó Martí de este escrito a La Nación
fue fechado en Nueva York el 2 de julio de 1886; lo publicaron el 17 de agosto, y se
encuentra en las Obras Completas en el tomo 19, página 301.
Donde es más notable la capacidad de Martí como crítico de arte es en sus juicios
sobre la pintura, en particular sobre los impresionistas franceses quizás por las
coincidencias entre esa forma de pintar y su forma de escribir. Como en tantas otras
cosas, se adelantó a su tiempo al descubrir el origen y los méritos del nuevo movimiento
iniciado en París. "Manet tuvo dos padres: Velázquez y Goya", escribió con el
mayor acierto el 2 de mayo de 1886, cuando llegó a Nueva York la exposición. La crítica
local no era entonces muy receptiva a la nueva escuela: el New York Times publicó
poco después, el día 28, un juicio negativo sobre el impresionismo en el que se afirmaba
que, puesto que "la naturaleza es el fundamento del arte pictórico, lo artificial y
lo convencional son sus peores enemigos"; y añadía que "algunos de los efectos
de los impresionistas "parecían logrados al pegar la parte blanca de los huevos
duros en las dos terceras partes del lienzo...", y que los verdes recordaban
"mayonesa mezclada con tomates y el verde de los árboles..."
Los pasajes de lo que no envió al periódico argentino los publicó El Partido
Liberal el 20 de julio de 1886, y constituyen otro de los Escritos Desconocidos que
aquí se recogen.]
Correspondencia Particular para "El Partido Liberal"
SUMARIO. Exhibición en New York de los Pintores Impresionistas Franceses.
Historia y fuerza de la escuela. Los vencidos de la luz. La venta de
Morgan. El arte en Nueva York. Impresiones de la Exhibición. Filiación
de los Impresionistas. Lo pintores naturalistas. Courbet, Manet, Corot.
Velázquez. Goya. Estética y tendencias de los Impresionistas. Influjo
moral de la escuela. "La mujer y el ternero" de Roll. "El baile
de Roberto" de Degas. "El Órgano" de Lerolle. El Fifre
de Manet. Renoir. Monet, Pizarro, Caillebotte, Montemard, Huguet.
Espíritu de la escuela. "El remador" de Renoir.
Nueva York 30 de Junio de 1886
Sr. Director de El Partido Liberal.
La tierra tiene su aire, y el espíritu tiene su libertad. Se conoce lo sano de un alma
en la necesidad que siente del calor. En estos pueblos fríos se entran por el espíritu
atribulado los apetitos de arte, con el ímpetu mismo con que fortalecida por las nieves
se abre en flores la tierra en primavera. El arte es la nobleza del espíritu. Ahora hay
en Nueva York un admirable espectáculo: la exhibición más completa de los cuadros de la
escuela impresionista que se ha visto hasta ahora.[...]
Aquí se vendieron por cantidades pasmosas en el remate de la galería de Morgan obras
riquísimas de ese arte joyante y barbilindo [con el] que seducen a la gente profana los
artistas hábiles. Sólo los fuertes aman lo que lo es.[...]
"El baile de Roberto", de Degas, repugna al principio. ¿Eso es arte, esa
mancha negra? Sí eso es arte: porque ahí, según se va mirando, surgen cabezas humanas,
tipos conocidos, la historia banal y sombría de todas las noches y sin que haya color
rojo, se siente la sangre. No es nada: el cuadro cabe en una mano. Es la primera fila de
lunetas, que asiste al baile de Roberto el Diablo. Tres, seis cabezas surgen de la sombra
en la parte baja del cuadro. Cada una es un vicio. Son las que van a ver de cerca. Éste
cerdoso y abrutado; el otro repleto, como el que tiene a quién ver en la escena; otro, un
vejete picaresco, de labios belfudos, cejas espesas, ojos centellantes, cabellera
revuelta; otro es un bello mozo; allí en el fondo, como columnas de humo, las sombras
danzan.
¡He aquí el "Órgano" famoso de Lerolle, que todo New York ha venido a ver!
El asunto es moderno y la pintura sincera y suelta; pero no se ve el desdibujo y
amaneramiento del color de los impresionistas, a bien que tampoco se ve el sobretajo y
acicalamiento de los pintores de elegancias. Representa este lienzo vastísimo el coro de
una iglesia protestante. Se ve en el fondo lo que no se ve: la iglesia que oye. Una joven,
de pie, en el coro, canta. Otras sentadas como en arrobamiento, la oyen. Detrás del
organista están en pie tres figuras de hombre de notable verdad. Pero lo excelso del
lienzo es la cabeza luminosa del organista. Se eleva de él la unción. Le cubre las
mejillas enjutas una barba poco frondosa. Tiene los ojos como cargados de pensamientos
celestiales. La frente es hermosísima, hinchada hacia las sienes, levantada sobre las
cejas, ya casi calva entre ambas entradas. Y ¡qué manos, que parecen que tocan el cielo!
¡Oh! no nos iremos de la sala sin decir adiós al "Fibre", de Manet. Manet
pintó primero como Velázquez; luego, desembarazándose más, pintó sus figuras como si
emergiesen de la sombra, con un color fresco, de claridad pasmosa, sin esmalte; después
pintó masas y efectos, sin dibujo, y con la misma gradación de acabamiento en el lienzo
con que alcanzaría a verlas un espectador en la naturaleza; lo que está cerca, trabajado
como el acero; lo que está lejos, como se ve, como una mancha. "El pintor"
decía él, "no puede pintar sino lo que ve, y cómo lo ve". El
"Pífano" es un chicuelo en ropa militar, fresco como una manzana de noviembre.
Los ojos son un pasmo. Sopla su pífano con brío de novicio. Surge la figura de cuerpo
entero del fondo gris, y está pintada con los colores crudos de la ropa de milicia. El
rostro parece hecho de rosas y de leche. Tiene cara de ángel este pilluelo de cuartel. El
pantalón colorado, con franja azul, le cae sobre las polainas blancas que visten el rudo
zapato. La chaquetilla azul, con botones dorados. El gorro es rojo y azul, y de una
picardía que mueve a risa. La figura impone, y parece que conquista.[...]