misma
"filigrana" .
La segunda pregunta que plantea Laín Entralgo para identificar un grupo,
está en íntima relación con la anterior. Dice así: "¿Qué hizo cada uno de los
agonistas de la minoría generacional entre todo lo que entonces pudo hacer?(4) Responder esta pregunta exigiría un recuento
biográfico de los componentes de la generación. En esas biografías tendría que
señalarse la medida en la que se configura la historia a cada individuo y en la. que cada
individuo es configurado por ella, es decir, habrá que indagar, lo "qué acepta de
su mundo y de su vida precedente cada uno de sus miembros", lo que
"rechaza" o poniendo creadoramente en su vida y en su mundo", lo "qué
proyecta y sueña para sí y para los demás"(5)
No es posible detenerse en las respuestas individuales. Sólo vamos a señalar aquellas
que, desde la revista de avance, muestran la actividad de un núcleo de la
generación. Al estudiar la revista vemos que, en el plano artístico, la separación con
la época anterior se logra por la actitud antiacadémica que recibe forma con el
vanguardismo. Lo que "proyecta y sueña para sí y para los demás" en el
terreno de las ideas, se basa en su interpretación del pensamiento de Martí.
Todos los que forman la generación que se inicia en 1923 han tomado la
decisión de rebelarse contra lo anterior. Sienten la caducidad del mundo artístico,
social y político, proponen las soluciones que les parecen mejores para vencer en cada
nivel el pasado y deciden entronizar "lo nuevo" con todo el aparato que ello
requiere. Y, ¿no fue Martí el gran innovador? Con una interpretación particular y
fraccionada en tonos diversos -muchos de ellos antagónicos- el coro generacional que
estamos estudiando ensayó sobre todos, el himno martiano. El ritual de aquella religión
nueva nos descubre una época.
A poco que se estudie ese culto entre los escritores, se comprende el
empeño que los anima a buscar las raíces de la nacionalidad, la identidad de los
cubanos. Ése era el mensaje perdurable de Fernando de los Ríos, que desde sus
"Reflexiones en torno al sentido de la vida en Martí" orientaba la búsqueda de
la generación: "Los grandes hombres", dijo, "son la clave con qué
descifrar el enigma histórico de los pueblos, ya que ellos son exponentes máximos de sus
virtudes larvadas, latentes o potenciales; en ellos podemos medir la altura del nivel
espiritual alcanzado por las más exquisitas fuerzas de un pueblo."(6)
Con muy valiosas excepciones, la primera época republicana no logró una
seria inspiración en Martí. Ni siquiera desde un punto de vista literario se estuvo en
disposición de apreciar sus valores. "Durante el primer cuarto del presente siglo,
la gloria literaria de Martí sufrió un eclipse total porque la nueva generación no lo
conocía".(7) Pero ya en 1926 Félix Lizaso y
José Antonio Fernández de Castro, señalaban la influencia martiana en la poesía de
"los nuevos": "El culto de Martí, que ya en esta hora no es un vano alarde
de falsos discípulos, sino un complejo y amoroso conocimiento de su obra, parece dotar a
los poetas de este grupo de una cualidad general y dominante: la sinceridad. En todos
hallaremos la busca más ansiosa de su propia manera de expresión.(8)
Un cuarto de siglo después, el mismo Lizaso evoca el desarrollo en Cuba
de aquel culto. Destaca entonces el interés que logra la figura de Martí cuando se
produce "un cambio radical" originado -según explica- en "algunos hechos
insignificantes al parecer". El siguiente párrafo muestra ese encuentro de la
"nueva actitud" y la nueva doctrina:
Por los años de 1928 a 1930 ocurren cambios que nosotros consideramos
decisivos en lo que toca al culto martiano. Desde antes de inaugurarse la República, como
hemos venido señalando, se había realizado una gran labor de divulgación de sus ideas y
de su obra literaria y patriótica. Pero este trabajo de divulgación que acometen quienes
desde la emigración conocían la significación de la obra de Martí, apenas prende en la
juventud cubana, como ocurre después, cuando se produce en Cuba ese cambio radical que
tuvo por origen algunos hechos insignificantes al parecer, pero que trajeron una postura
nueva ante la vida nacional, dando origen a una actitud crítica, como fueron la
"protesta de los trece", "el grupo minorista" y el "movimiento
vanguardista". Martí toma significación excepcional cuando la juventud se moviliza
en sentido crítico y combativo frente a la vida nacional.(9)
Quizás la indolencia fatalista y el pesimismo de los primeros cubanos
independientes nazca del desconocimiento, o mejor aún, del mal conocimiento de Martí.
Había caracterizado a los primeros años de República la interpretación de externidad
mayor, superficial y equivocada de una figura histórica que parecía no caber en aquel
medio.
Nuestra generación precedente [escribe Francisco Ichaso] colocó a Martí
en un plano astral y se puso a adorarlo. Sahumerio quemado en esta adoración es casi toda
nuestra literatura alrededor de Martí. Verbalismo inflamado o delincuente. Desde lejos
las finas aristas del hombre se pierden y queda en bloque la figura apostólica,
majestuosa, imponente, pero sin estribaciones ni limaduras humanas.(10)
Con otros elementos del cambio de actitud en Cuba, el intento de
incorporación de Martí al ritmo de la vida nacional es reclamado por los intelectuales.
"A los héroes de espada y caballo, el pueblo los glorifica sin trámites"
explicó Jorge Mañach, "a los otros, hay que enseñarles a glorificarlos".(11) Y agrega el biógrafo del Apóstol en su
"Martí nonnato":
No hubo una "tradición" del ejemplo y los valores martianos. A
Martí tuvieron que resucitarlo los intelectuales. La República, que pudo haber sido su
encarnación inmediata, la presentación real de su espíritu, falló en el empeño. Y hoy
Martí constituye, para los intelectuales, una norma desencarnada que hay que salvar a
pura memoria; para el pueblo, una alusión no más, cargada de ironías. El nombre de
Martí ocurre en letras amorosas; pero también en discursos nefandos. Debiera existir un
poder que vedase mentarlo mientras no se le pudiera poner en consonancia con una realidad
que lo ilustrara. El culto de Martí debiera ser, todavía, un culto de catacumbas hurtado
al vejamen de los césares.(12)
Esa percepción religiosa de Martí la sienten todos los sectores de la
generación. Luego, cada uno dará su interpretación personal al mensaje del mártir del
95, pero la "semejanza generacional', ofrece las coincidencias de una rebelión
unánime contra la valoración superficial de su "héroe adorado". Mella, con su
"posibilidad biográfica" y sus doctrinas revolucionarias, clama por una obra
que consagre el culto martiano. Dice Glosando los pensamientos de José Martí:
"Es imprescindible que una voz de la nueva generación, libre de prejuicios y
compenetrada con la clase revolucionaria de hoy, escriba ese libro. Es necesario dar un
alto, y, si no quieren obedecer, un bofetón, a tanto canalla, tanto mercachifle, tanto
patriota, tanto adulón, tanto hipócrita . . . que escribe o habla sobre Martí.(13)
Es que a los miembros de esa generación les ofendía el ritual que ellos
sienten falso por nacer de una superficial interpretación de Martí. Ichaso escribía:
"Cuando la generación actual surge dispuesta a analizar, a discernir, choca con la
postura adorante. Lo que aquélla busca no es el Martí adorable, entre otras razones,
porque está ya encontrado, sino el Martí cognoscible". Y añade: "La juventud
de hoy no puede resignarse a decir su martinuestro con las cadencias litúrgicas o
el énfasis lírico con que hasta ahora lo ha hecho. Es preciso que se detenga en cada una
de sus palabras e indague su profundo sentido".(14)
Desde, las páginas de la revista de avance sus editores explicaron, en
1929, la misión que sentían imperativa como grupo generacional: el "rescate de
Martí", conferirle la "estatura cabal" a "su héroe adorado". Y
dicen desde la sección "Directrices", que resume la opinión de "los
Cinco" editores:
Martí sigue siendo entre nosotros -la frase es de Ventura García
Calderón y nos duele muy hondo- "un ilustre desconocido". A nuestra
generación, parece tocarle el duro privilegio de comenzar a comprenderle en su grandeza
histórica y humana. No es que neguemos la labor meritísima de recopiladores y
comentaristas de su obra ni que desconozcamos el serio valor de algún que otro ensayo
sobre su acción política y su producción vastísima. Negamos, sí, que hasta ahora se
haya hecho la labor que dé a propios y extraños la estatura cabal de nuestro héroe, el
cuidadoso comprensivo análisis de su vida y de su "papelería" la síntesis de
magno alcance que nos pondere la significación plena de aquella existencia iluminada.(15)
Pero no es sólo el descubrimiento de una mayor dimensión martiana lo que
logra la generación nueva. Un universo de resoluciones se conmueve y las voluntades se
aprestan para la lucha que nace antes de 1930. Precisamente en los comienzos de la
vibración generacional, en 1923, Rubén Martínez Villena juraba una actividad, que no
cesó hasta su muerte, para imponer, tal como él lo interpretaba, el ritmo martiano en la
República. En los versos de su "Mensaje lírico civil" había escrito:
para que la República se mantenga de sí
para cumplir el sueño de mármol de Martí [
]
Para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos,
la patria que sus padres nos ganaron de pie.
Yo juro por la sangre que manó tanta herida,
ansiar la salvación de la tierra querida."(16)
Los visitantes extranjeros descubrían el nuevo fervor cubano que iba
presentando aspectos hasta entonces desconocidos del gestor de la independencia. "La
generación de Mañach, Marinello, Félix Lizaso, entre otros, situándose en una
posición de adecuada perspectiva", dijo Concha Meléndez, "ha comenzado la
noble escultura martiana que nos desvelará a su término el verdadero Martí".(17) Y es que la época favorecía la incorporación del
gran innovador en todas las inquietudes.
Recurrimos otra vez al testimonio de Luis Araquistain para recoger en la
suya una impresión de aquella martiolatría creciente.
Hay un renacimiento del culto a José Martí en toda Cuba. El hecho es
sintomático.
El recuerdo de Martí, de su insigne carácter de patriota, de su
abnegación sublime, revive con creciente veneración en la nueva conciencia cubana. En
algunos lugares de la isla se celebra todos los años una significativa fiesta martiana,
una cena a media noche, que evoca los ágapes de los cristianos primitivos
Tenía
algo de rito religioso, y el nombre de Martí sonaba en aquella atmósfera cordial y
ferviente, como la de una catacumba romana, a símbolo mesiánico.(18)
Y al observar el resurgimiento que se origina en la fe de una religión
nueva, comprende que se ha entrado en una época distinta; dice: "Ya se destaca en
Cuba una nueva generación, los nietos ideales de los libertadores, que han nacido y
crecen con nuevo espíritu social y con una nueva conciencia histórica". Y concluye:
"No me extrañaría que, en algún plazo, no remoto, Martí, como el Cid, ganase
batallas desde la otra orilla de la laguna Estigia".(19)
La huella histórica de esta generación es sin duda el descubrimiento de
las posibilidades de Martí. Si la época no supo configurarse a la doctrina que
desentrañaba, si Martí "rescatado" vuelve a incorporarse al martínuestro
de la oración insentida, no es aquí el lugar para analizarlo. Sólo queremos señalar la
importancia que tiene de "héroe adorado" entre estos cubanos y el reflejo
literario de sus empeños por divulgar la doctrina del Apóstol. El centro cronológico de
la generación que estudiamos coincide con un importante momento del interés por la
figura de José Martí. "El año 1930 es pródigo en obras martianas", escribe
Félix Lizaso en su ensayo "Medio siglo de culto a Martí".(20) Y es porque la madurez generacional se fue logrando
con el mismo ritmo que crecía el conocimiento de aquel ideario.
A medida que la nueva generación fue dándose cuenta de los errores y de
las dificultades que habían entorpecido los primeros veinticinco años de vida
republicana, Martí fue tomando un relieve mayor, una presencia inevitable en las
soluciones que se proyectaban. Al estudiar "The roots of Cuban Nationalism", y
refiriéndose al rescate martiano de la tercera década republicana, escribió el Dr.
Hennessy
It was this lost generation of students, exiles in their own land, who
re-discovered Martí with his nostalgic yearning for an idealized patria and this
exile's vision of a socially united, racially harmonious and economically independent
country. His stature grew as the expansion of United States cultural and economic
influence brought a note of urgency to the intellectuals' search for national identity.(21)
Más adelante explica la vigencia que adquiere la figura de Martí. Es que
su doctrina había diagnosticado los males y previsto sus soluciones.
The concept of the "frustrated revolution" of 1895 now helped to
explain the contrast between Martí's dream of a rejuvenated nation and the reality of
graft and corruption. In this interpretation, United States intervention, rather than the
legacies of Spanish rule or indigenous weaknesses, was responsible for the distortions in
public life, and for the diversion of Cuban History from the course which Martí had
mapped out.(22)
No murió con la generación ni en sus principales escritores el fervor
por Martí. Cada actitud siguió dando la interpretación que les nació en la lectura
martiana. Hasta su muerte en 1967, Félix Lisazo, el patriarca de la generación del 23,
buscó la inspiración del Apóstol escribiendo sobre aspectos importantes de la vida de
Martí.(23) Por eso parecen tan exactas las palabras
de Francisco Romero, quien dijo de Lizaso: "Su encuentro con" la sombra de
Martí es como el hallazgo de su propio destino".(24)
Desde los días de la revista de avance, Mañach y Marinello se
consagran al estudio de Martí.(25) La
interpretación distinta que cada uno de ellos logra de su doctrina es un símbolo -como
señaló Lizaso- de la importante división que surge, por aquellos años, en el
pensamiento de Cuba: "Puede decirse que así como entre ellos se bifurcó el camino
que conducía a la meta deseada -la superación de nuestra vida nacional, en último
término- de igual modo se separó el camino que seguiría nuestra juventud".(26) Para algunos miembros de este grupo generacional,
la atracción ejercida por Martí reside en la suficiencia de su ideología. Entienden que
la aplicación exacta del ideario martiano, lograría un mejor equilibrio para establecer
en Cuba un régimen de justicia. Un ejemplo de esa interpretación lo ofrece Francisco
Ichaso:
Martí se había anticipado también a las señales de los tiempos con
reflexiones y apotegmas inspirados en las doctrinas sociales que iban ganando terreno por
los años de su prédica. Sin ser un socialista, ni mucho menos un marxista, como han
querido pintarlo los de este credo, fue un hombre que asimiló de esa filosofía
materialista todo lo que tiende en ella a asegurar una mayor justicia y un más auténtico
decoro para el hombre.(27)
Pero Marinello encuentra distinta inspiración en la obra de Martí. El
impulso y la temática de sus preocupaciones dentro del comunismo, según él, nacen con
la revisión del pensamiento martiano; dijo:
No podemos adoptar ante Martí la cómoda y lícita postura que afectamos
ante un héroe de los viejos tiempos, cuya medida está ofrecida por la consumación de su
obra o por la negación histórica de su acción. Los temas de Martí, sobre todo, son
nuestros temas. La huella de su enfoque y de su exhortación andan en cuanto tocamos.(28)
Sin embargo, siempre ha advertido que no todo está en la palabra
martiense y que las "conclusiones y orientaciones" de Martí no pueden ser
"herramientas válidas para todos los casos".(29)
Considera -de acuerdo con la dialéctica de su pensamiento- que su doctrina no puede ser
"un evangelio", puesto que "la verdad política es variable y
andadora".(30)
Mella acepta que Martí pertenece a otro momento histórico, pero
encuentra en su "internacionalismo" un adelantado de la revolución mundial:
A pesar de ser, José Martí un patriota, es decir, un representante
genuino de la revolución nacional tipo francesa de 1879 fue, como decía Lenin de Sun Yat
Sen, representante de una democrática burguesía capaz de hacer mucho, porque aún no
había cumplido su misión histórica. Luchaba por Cuba porque era el último pedazo de
tierra del Continente que esperaba la revolución. Pero jamas ignoró el carácter
internacional de la lucha revolucionaria. Se decía que era un hijo de la América.
Cierto. Sólo hay que leer "Madre América" y entonces lo podremos afirmar.(31)
Mañach, por su parte, no se cansó de combatir el marxismo criollo. Y es
que siempre trató de buscar en el ideario de Martí, motivos de parentesco espiritual con
sus aspiraciones políticas; advertía:
Que no se intente ahora, por menesteres actuales de propaganda,
presentarnos a un Martí precursor del radicalismo social. Sobre sus ideas al respecto no
puede existir género alguno de dudas. En el conflicto de las humanas fortunas, la ternura
nativa le pone del lado de "los pobres del mundo" y frente a las clamantes
injusticias sociales. Pero hay también en él un difuso aristocraticismo de artista, y
sobre todo, una intensa observación de la variedad humana, que pugna con la tentación
igualitaria del demócrata. Su sentido del deber de creación a que los hombres están
sujetos le hace repugnar cualquier parasitismo, cuanto más el que proceda de la inercia
del rango o la mecánica del dinero; mas piensa que "los pobres sin éxito en la vida
que enseñan el puño a los hombres que tuvieron éxito; los trabajadores sin fortuna que
se encienden en ira contra los trabajadores con fortuna, son locos que quieren negar a la
naturaleza humana el legítimo uso de las facultades que vienen con ella".(32)
El comunismo, como se ha señalado, hace su entrada en la vida nacional el
mismo año en que nace la generación de 1923. Desde entonces, muchos seguidores de la
filosofía marxista no han querido renunciar completamente a encontrar en Martí, por lo
menos, un punto de contacto con el ideario que ellos sustentan. "Mella arranca de
Martí y en su previsión pone la planta incansable".(33)
dijo Marinello del fundador del partido, y en la actual revolución se pretende encontrar
el puente de unión entre Marx y Castro:
Los dirigentes de la Revolución martiana de 1959 comprendieron el momento
en que vivían y entendieron con toda claridad lo que José Martí habría entendido si
hubiera vivido en nuestro propio tiempo y no en la Cuba y en la Norteamérica de finales
de siglo. Y de ahí que si la Revolución de 1959 lleva al 26 de Julio hacia las vías del
7 de noviembre, si el documento formidable que es "La Historia me Absolverá"
desembocaba inexorablemente en el "Manifiesto Comunista", también "La
Historia me Absolverá" tenía como origen, como inicio, el "Manifiesto de
Montecnsti".(34)
Las inmensas. posibilidades de Martí han permitido esa incorporación de
su pensamiento que logra, en todas las épocas, las más contradictorias interpretaciones.
La palabra martiana no parece nacida antes de la independencia, tiene siempre el embrujo
de un presente, de un hoy que la convierte en instrumento poderoso de lucha. Por eso
conmovió a esta generación y aún hoy, es el común denominador en el pensamiento de
todos los cubanos. Es que Martí, aparte de la intuición de sus ideas, tuvo una manera
especialísima de transmitirlas con el "sentido de futuridad" que descubre esta
observación de Humberto Piñera en "Martí pensador":
Cada línea de sus meditaciones parece concebida para ser realizada en un
momento posterior, que se ofrece como inacabable nueva ocasión de mejora del presente.
"Se habrá de defender, en la patria redimida, la política popular en que se
acomoden por el mutuo reconocimiento las entidades que el puntillo o el interés pudieran
traer a choque; y ha de levantarse, en la tierra revuelta que nos lega un gobierno
incapaz, un pueblo real y de métodos nuevos, donde la vida emancipada, sin amenazar
derecho alguno, goce de todos". "Desde sus raíces se ha de construir la patria
con formas viables, y de sí propias nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni
sanción no lo conduzca a las parcialidades o a la tiranía". "Triste patria
sería la que tuviese el odio por sostén. . . ." "La libertad ha de ser una
práctica constante para que no degenere en una fórmula banal
" Y así
podríamos multiplicar las citas martianas en las cuales el sentimiento de una constante
realización como constante proyecto de perfección deja ver claramente la porción de
idealidad que fundamenta su pensamiento".(35)
Y esa "constante realización" ha ido tiñendo nuestra historia
con su presencia inacabable. "Bajo la yerba, yo también creceré" dijo en
palabra adivina. Y creció -como hemos tratado de mostrar- desde aquella etapa histórica
que vamos estudiando.
Vanguardismo criollo
Los versos de Martí que encabezan este capítulo hablan también del
poeta. "Mi verso crecerá", dice, aquí entendido como mi poética, mi poesía,
y ello nos dirige, después de haber mostrado algunas interpretaciones de su pensamiento,
a otro nivel de este estudio, al análisis del vanguardismo cubano y de la revista de
avance.
"En alto grado poseyó Martí, innatamente, el sentido de la poesía
vanguardista" escribió Roa en los primeros tiempos del culto martiano y de la fiebre
del vanguardismo. Ese otro aspecto de la figura del Apóstol, la novedad de su estilo,
sirve para la identificación que logra con él la etapa vanguardista cubana. "Antes
que los ultraístas", añade Roa, en "Martí, poeta nuevo", "ya él
había proclamado -en alguno de sus prólogos relampagueantes-, la sencillez de la forma.
Y había cantado en páginas de acero la belleza trepidante de los puentes"(36)
Desde las páginas de La poesía moderna en Cuba afirmaban sus
autores: "Es en nuestros días cuando la obra de Martí se ha adentrado en el
espíritu de las nuevas generaciones poéticas".(37)
Significativamente se inicia dicha antología con un ejemplo de los Versos Libres
que subyugan a los amantes de lo nuevo por la libertad y la sorpresa de esa obra de
Martí. En época esencialmente antimodernista no podía permitirse que su "héroe
adorado" fuera visto, ni siquiera, como precursor de aquella tendencia poética.
Volvemos al "Martí, poeta nuevo" para anotar estas valoraciones:
Precursor del modernismo denominan críticos agudos a José Martí. Y se
equivocan, en parte. Precursor en cuanto amó la libertad artística, la estética
acrática, el verso de una sola pieza, la renovación ideológica. Radicalmente
antimodernista en lo referente a la elección de los motivos. Bien distintos a los de
Casal y Silva, de Gutiérrez Nájera y Darío quienes se llegaron a encerrar en la
hermética Bastilla del subjetivismo. Los versos de Martí no responden a falsas posturas,
a simulados dolores. Nacieron casi siempre "de grandes miedos o grandes
esperanzas".(38)
Pero no sólo es la actitud humana o el origen de la inspiración en
Martí lo que logra la comprensión vanguardista, también en su concreción poética
aparece la forma nueva, el expediente del lenguaje martiano contiene los recursos que
emplea la vanguardia:
Esencialmente nuevos son los Versos Sencillos. Cualquier poeta de
vanguardia puede firmarlos como propios sin traicionar sus ideales estéticos, por muy
avanzados que éstos sean. Adviértense en ellos -a excepción de la rima- todos
los ingredientes que se emplean en el laboratorio gigantesco de la poesía
nueva. Nada falta, ni la sinceridad artística ni la metaforización constante.(39)
Es natural que fueran esos aspectos de la poesía de Martí, lo que más
admiración provocaba en el vanguardismo cubano, de cuyo nacimiento y ulterior evolución
se trata ahora.
En realidad La poesía moderna en Cuba no tenía obras
verdaderamente "nuevas" si consideramos lo que por 1926 se estaba produciendo en
otros países hispánicos. Pero había que iniciar una liquidación de valores gastados y
esa fue la misión de la antología de Lizaso y Fernández de Castro. Los
"nuevos". Llegan sólo hasta la última manera de Juan Ramón Jiménez",(40) como se dijo en 1927, pero estimulan el
ambiente poético, y pudiera decirse que preparan los atrevimientos vanguardistas.(41) En dicha obra la tónica del pesimismo nacida con
la primera etapa republicana logra su reflejo en el verso amargo de Tallet. Son siempre
como estos que escribe recordando al amigo muerto:
Tú no has muerto de tifus ni de la meningitis
como dicen los médicos;
tú te has muerto de asco, de imposible o de tedio.(42)
Llega también a la intuición "unanimista" de María Villar
Buceta, quien recogió de Jules Romains el parentesco del hombre y las cosas: "somos
una ofrenda votiva puesta en el ara universal".(43)
Otro aspecto importante de la antología queremos destacar. Es la intranquilidad vital y
la preocupación que luego evoluciona hacia la preocupación social. El mejor ejemplo es
el de aquel biznieto del Marqués del Real Tesoro, Rubén Martínez Villena.(44) Luego encuentra en la ideología marxista el cauce
para su inquietud que chocaba con la "calma" del ambiente.
Y esta perenne abulia, esta inercia del alma
que no siente, ni espera, ni rememora nada:
ni una ansiedad siquiera para el futuro: calma, calma;
ni una nostalgia de la vida pasada.(45)
El mismo acento está presente en sus "Motivos de la angustia
indefinida". Lleva allí su protesta inútil en el conocido subtítulo: "Mi
vida: una semilla en un surco de mármol".
¡Oh, consciente impotencia, para vencer la empresa
de traducir al verso la aspiración informe!
Angustia irremediable: conservar inconfesa
la tragedia monótona del vivir uniforme ...
y temer el ansiado reposo, donde cesa
esta resignación a seguir inconforme
de todo: ¡de sí mismo, del labio que se besa
de la verdad pequeña y del Enigma enorme!(46)
Al lado de la conformidad provisional de algunos que luego sí fueron
"nuevos", y desde ciertos versos de la antología, se anuncia una renovación
poética. La selección de Lizaso y Fernández de Castro señala, por lo menos, el punto
más alto de una estética a partir de la cual surge la rebelión vanguardista. Quedaron
allí señalados con aguda perspicacia crítica los principales valores de la próxima
poesía y una norma clasificadora para los poetas.(47)
Las reuniones que se celebraron para preparar la antología conjugó la intranquilidad de
poetas y críticos. Con la publicación de La poesía moderna recibían igual
sacudida el academicismo y la retórica de la primera generación republicana.(48) A la "protesta de los 13 se le sumó la
protesta de los "nuevos" para templar los espíritus que actuarían en la
insurgencia vanguardista primero y la política después.
Vamos a señalar algunos aspectos del vanguardismo cubano, pero antes
será conveniente observar cómo lo interpretaron los miembros de la primera generación
republicana. El ataque inicial va, como siempre, dirigido a la poca productividad del
movimiento. Dijo Miguel Angel Carbonell en 1930:
En Cuba estarnos hoy en presencia del brote vanguardista que no ha logrado
aún ni dentro ni fuera de ella plasmarse en una fórmula definitiva. Adopta esta
tendencia la misma actitud suficiente de todas las propagandas revolucionarias dentro del
arte. Nada nuevo ha aportado como no sean anárquicas libertades de expresión, refiriendo
la idea a sugerencias que generalmente sólo sugieren la convicción de nuestra
incapacidad para traspasar las fronteras de la locura.(49)
Y otro intérprete de la época que en este momento está siendo
sustituida, resume en su queja las bases del vanguardismo. Desde la misma "Academia
Nacional de Artes y Letras" decía Ramón A. Catalá:
El ansia de renovación que pugna por abrirse paso en el mundo, alcanza a
la literatura de un modo avasallador. Se quieren formas nuevas, se aspira a otra
idealidad, se piden distintas resonancias... Se le exige, además, la abominación de lo
pasado, el leal propósito, la voluntad inquebrantable de no parecerse, lo que produzca
hoy, a nada de lo que ha dado de sí una época anterior. Este momento de confusión, este
tránsito conmovedor en que se aspira a devorarlo todo, a arrasarlo todo, para levantar
sobre las cenizas de lo viejo algo que sea distinto, de lo que contenga en sí mismo la
vitalidad juvenil que necesitamos, debe ser tenido por uno de los más peligrosos y
difíciles momentos de la historia. de la civilización.(50)
En ese mismo año de 1930, Rodríguez Embil analiza en una conferencia que
titula "El vanguardismo europeo y nuestra América", el origen de la tendencia
"nihilista" que él ve acentuada desde la terminación de la guerra: "Nos
hallamos aún en plena crisis. El arte, la literatura se hallan en realidad desorbitada y
en pleno devenir como las. modas, como las costumbres, como la vida toda.(51) Más adelante quiere descubrir el mecanismo secreto
de la "inquietud" y la motivación última de la estética nueva. Cree que el
origen verdadero de la vanguardia está en la renuncia de los valores superiores y razona
diciendo:
Esta insatisfacción y esta inquietud son bajo cierto aspecto sus timbres
de honor y de grandeza, mas no pueden ser en sí mismos su fin. Hemos creado una inmensa y
complicadísima maquinaria para aturdirnos y dar miedo a nuestra sociedad. No queremos ni
podemos resistir la soledad y el silencio, engendradores fecundos de toda realidad
superior; andamos huyendo de nosotros mismos, temerosos de enfrentarnos con nuestro Dios.
Buscamos nuestra Palabra en vano, porque, al propio tiempo que la buscamos, nos llevamos
las manos a los oídos interiores para no escucharla.(52)
Y no escapa al crítico el verdadero saldo que tiene que arrojar el
vanguardismo, la razón primera que viene a explicar su existencia. "Libertad",
dice: "he ahí la palabra casi única, que 1e podrá seguramente justificar el
movimiento literario y artístico de la post-guerra".(53)
Pero los cambios profundos no sólo afectan la forma y la temática de la
obra literaria, advierten los opositores de la vanguardia. El cosmopolitismo de las nuevas
escuelas tiende a disminuir, según ellos, la cohesión de la débil nacionalidad cubana.
Carbonell advirtió:
Una tendencia lamentable tiene a mi juicio el vanguardismo: la
desnacionalización de nuestro ideario, incorporándolo a la corriente anárquica que baja
de la Rusia soviética amenazando inundar el mundo. Se hace el vacío y se tacha de cursi
a toda manifestación tendiente a revelar nuestro pasado, que bueno o malo es fundamento
de nuestra personalidad y estamos en el deber de espigar y depurar.(54)
El último director de Cuba Contemporánea (1913-1927), Mario
Guiral Moreno, analizó en un estudio detallado el Auge y decadencia del vanguardismo
literario en Cuba. Consideró que una de las más notables características de este
movimiento era que los poetas escogían "como temas de sus versos a los objetos
materiales, aun a aquellos de carácter burdo o grosero, entonando cantos y loas a los
vegetales, a los metales, a las máquinas, a los buques, a las locomotoras y, en general,
a las cosas inanimadas".(55) Y refiriéndose a
las manifestaciones del vanguardismo en la prosa, comenta con igual ironía:
La prosa vanguardista está acorde con la poesía de ese género: el
estilo es el mismo y no hay desemejanza en las ideas. Las cosas inanimadas tienen alma
-¡qué gran paradoja! y, en cambio lo espiritual se materializa, para que la inversión
resulte lo más completa posible. Así lo reconocen y confiesan los mismos adeptos y
críticos del vanguardismo."(56)
Para Guiral Moreno el saldo del vanguardismo criollo fue muy exiguo. Sólo
le acredita la "gran libertad de expresión" que logró la poesía, además de
la "incruenta decapitación de las letras mayúsculas".(57)
Regino Boti hizo también una curiosa y severa crítica de la poesía
vanguardista. Respecto a su temática intensamente aséptica, señala "su menosprecio
en cantar al amor y la mujer, como una derivación de la proclama de deshumanización del
arte subscripta por el polígrafo Ortega y Gasset".(58).
Respecto a la "técnica" de versificación, considera que adolece de "una
pasmosa pobreza", pues nunca un poeta de vanguardia publica una composición
trabajada, sino "simples apuntes y escorzos". De las metáforas, que tanto
emplea el vanguardismo, dice que son más "rebuscadas que bellas"; como ejemplo
del abuso en la imagen cita estos versos del uruguayo Alfredo María Ferreiro:
¡Qué dolor debe dar
ser siempre Ford!
Ser Ford
y no ser un alado Packard,
un soberbio Lincoln,
un trompudo Renault,
o un ancho Cadillac.
Ser Ford,
ser siempre hojalata,
y que todos digan:
-Ahí va un Ford,
Como quien dice:
-Ahí va un cualquiera.
¡Saber en lo íntimo
de las bujías y del carburador
que se es automóvil como los otros autos,
y a lo mejor, mejor!
(59)
Descubre además el aspecto de preocupación política que alguna vez se
filtra en la doctrina del arte nuevo, y añade este comentario sobre el vanguardismo
criollo:
Nuestra poesía de vanguardia está agitada por un soplo comunista que
mira a Rusia. Esto es una moda. Un tópico literario. Con el tiempo se mirará a China. Y
por último a América.... El error, para mí, de nuestra lírica del día, es que hace de
lo sociológico un programa, anteponiendo la acción social a la estética. Y nada más
deplorable que la sociología en verso.(60)