Concepto de generación
Cuando Guillermo de Torre esboza los lineamientos para situar la
generación del 27 en España, particularmente la figura de García Lorca, además de
estudiar a los poetas de la época, considera imprescindible "prolongar algunas
líneas de sus límites estrictamente líricos". Es así que relaciona la figura que
está analizando -"como de hecho estuvo en vida- con otras, cultivadores de otros
géneros". Para el crítico, con verdadera visión de lo que ella debe abarcar,
"una generación propiamente dicha no puede reducirse a una sola rama literaria"
(2)
Por la calidad del grupo que vamos a estudiar, tendremos que rebasar
alguna vez no sólo el límite de los géneros, sino también lo estrictamente literario.
Creemos con Francisco Ayala que lo que define a una generación es, "en último
término, una comunidad de espíritu, de sensibilidad, de actitudes, de preocupaciones, de
problemas, de rasgos estilísticos generales -sin perjuicio del estilo particular y demás
notas de la personalidad individual de cada uno de sus miembros".(3) Esos elementos están dispersos en los núcleos sociales que
integran un período y se entrecruzan haciendo imposible la separación de una actividad
que se influye e influye en las otras. Por el interés que tiene dejar bien aclarado el
concepto y extensión que damos a un grupo generacional, copiamos el siguiente párrafo de
Henri Peyre, de su obra sobre las generaciones:
L'habitude de considérer ensemble les hommes nés approximativement aux
mêmes dates et grandis dans la même atmosphère, intellectuelle devrait nous enseigner
également à moins séparer l'histoire littéraire de l'histoire politique (journalisme,
éloquence parlementaire, pensée et action d'hommes publics contemporains, souvent amis
des écrivains). Car un écrivain est après tout un monsieur qui lit le journal tout
comme un autre, paie des impôts, s'intéresse aux scandales politiques, et puise souvent
là les motifs de son uvre, plus que dans des prédécesseurs auxquels nous nous
plaisons à le rattacher. Nous séparons également trop la littérature de histoire des
idées et des croyances, cest-à-dire des idéologies diffusées dans le public, des
convictions religieuses, et en général de la face émotive et agissante des doctrines
que seules observent les historiens de la philosophie.(4)
La formación cultural de una generación está determinada por una serie
de factores que condicionan la receptividad y hasta cierto punto la respuesta de ese grupo
humano frente a problemas iguales. Por eso Ortega y Gasset considera que una generación
constituye "cierta actitud vital" desde la que existe o siente la vida "un
nuevo cuerpo social íntegro" de una manera especialísima. Es así que los miembros
de ella vienen al mundo histórico dotados de ciertos caracteres típicos, que les prestan
"una fisonomía común diferenciándolos de la generación anterior".(5) De ahí nace la cohesión que une a sus componentes.
La idea de Ortega está íntimamente vinculada a las teorías que anunció
François Mentré en 1920. Ellas aclaran en algún punto el pensamiento orteguiano. Para
el investigador francés la unidad de la generación viene dada por la "mentalidad
particular" de un grupo de hombres los cuales se sienten ligados por "la
comunidad de sus puntos de partida, de sus creencias y deseos. . . La fuerza de las cosas
les ha impuesto un programa colectivo que realizan bien o mal por su asociación
voluntaria o dispersa".(6) Luego Mentré precisa en una
definición de lo generacional, el concepto que sirve de apoyo para la presentación que
debemos hacer: "La generación sólo puede definirse en términos de creencias y
deseos, en términos psicológicos y morales. . . Una generación es, pues, una manera de
sentir y comprender la vida, que es opuesta a la manera anterior, o al menos diferente a
ella".(7) Será pues un comportamiento especial lo que
identifique al grupo, un "estilo de vida" que se reflejará, "por lo que se
refiere al artista, en la fisonomía de su producción"; para el héroe, "en el
sello de sus hazañas, y para el santo, en el tono y forma de su santidad. En definitiva,
se refleja en lo que es la vida misma".(8)
Así, siendo una generación el grupo humano que "se realiza en el
vivir" y teniendo su mayor diferencia con otros grupos en un particular "estilo
de vida", tenemos que, para comprender un fenómeno generacional, se hace necesario
analizar la vida interna de ese "personaje histórico" los rasgos
característicos de su vivir en el "drama histórico" cuyos "actos"(9) según Ortega, duran quince años. Junto a la época que la
precede, la generación actuará dentro de unos límites que trataremos de fijarle. Allí
estará como el elemento de conjunción que Ortega llama "gozne sobre que ésta [la
historia] ejecuta sus movimientos";(10) Ayala ,
"eslabón sobre que engrana el proceso histórico-social"(11); Marías, "articulación del cambio histórico".(12)
Otro aspecto que nos interesa precisar es la duración del período
generacional. Julián Marías, siempre con las teorías de Ortega, opina refiriéndose a
este tema, que "la vigencia de una forma de vida dura quince años,
aproximadamente".(13) Ese número de años tiene sin
embargo toda la provisionalidad "de un expediente auxiliar, mediante cuyo empleo se
introduce un principio de ordenación".(14) Esto obliga
a señalar con algunas reservas, el momento de aparición del grupo generacional, es
decir, las tentativas primeras que llevan ya un común denominador de actitudes, que
según Peyre, se manifiesta entre los veinte y los veinticinco años. Hasta esa edad, el
grupo generacional se mantiene sometido a los mismos estímulos. Luego, empiezan a
manifestarse las matices personales de cada individualidad. Recurrimos nuevamente a las
explicaciones de Henri Peyre:
Une génération est donc unie à son départ par les mémés hostilités
et parce qu'elle a subi les mêmes influences entre 16 et 25 ans, sinon plus tôt ...
Mais, exactement comme frères et surs, ayant mille traits en commun jusquà
vingt ou vingt-cinq ans, se différencient ensuite, les hommes d'une même génération
s'écartent ensuite les uns des autres. Ils se marient, se fixent en province ou dans leur
quartier, contractant de nouvelles amitiés. Chacun d'eux découvre son originalité
propre et, souvent dans la solitude, la cultive ou l'accentue.(15)
Ese es el momento en que aparecen los núcleos distintos que se mueven
dentro de la generación y que asumen posiciones muchas veces contrarias frente a los
mismos estímulos. Pero no debe confundir al observador del grupo generacional esas
distintas reacciones. Como aclara Laín Entralgo en su obra Las generaciones en la
Historia, y lo hemos de ver en la práctica, la semejanza" de esos núcleos
"no es como el parecido anatómico entre dos rostros, ni un proceso, como el parecido
entre dos modos de andar o gesticular".(16) Con los
equipos de sus individualidades propias los componentes de la misma generación se van
caracterizando y diferenciando, pero sin dejar de parecerse "históricamente",
es decir, manteniendo "una común actitud fundamental ante su actuación
histórica".(17) En ellos hay "una común
filigrana" -como Ortega señala en El tema de nuestro tiempo- para los pro y
los anti, los cuales "por mucho que se diferencien, se parecen más todavía".(18) Es decir , que la tónica del planteamiento y la temática
de una generación identifican al grupo mucho más que la respuesta particular de cada
componente. El historiador francés Thibaudet, al presenciar un panorama generacional,
señala esa característica del concepto: "Ce qu'on appelle une génération
littéraire, c'est peut-être tout simplement une certaine manière commune de poser des
problèmes, avec; des manières très différentes de les résoudre, ou plutôt de ne pas
les résoudre."(19)
En su estudio sobre el modernismo y la generación del 98, Guillermo Díaz
Plaja hace una detallada aplicación del, método de Petersen (20)
sobre esos dos grupos que él considera distintas generaciones. En el capítulo que
analiza los "aspectos cronológicos" de ellos, destaca la importancia que da
Petersen a la coincidencia de fechas natales. "Todas las condiciones que hayan de
estudiarse después deben partir de ésta, hasta cierto punto, mecánica coyuntura"(21), pero advierte `la arbitrariedad de toda tesis basada en
puras experiencias".(22) Quizás una de las más
unánimes conclusiones que se lograron en "Le second Congres international
dhistoire littéraire" (Amsterdam, 1935), fue respecto a la discreción con que
se deben señalar los límites en los grupos generacionales. En el "décalogue
nouveau" que resumió los acuerdos de esa reunión se lee el siguiente consejo:
"Tu verras dans les 'périodes' des courants et des mouvements que affleurent à des
moments plus manifestes, mais tu te garderas de croire à des commencements absolus ou à
des disparitions définitives".(23)
Habiendo señalado algunos aspectos básicos del concepto de generación,
podemos intentar la identificación de un grupo dentro de la historia literaria cubana.
Pero antes, vamos a revisar algunos momentos de la aplicación del método generacional en
Cuba.
Enfoques generacionales en
Cuba
En el prólogo del Estudio sobre el movimiento científico y
literario de Cuba, publicado como obra póstuma de Aurelio Mitjans, en 1890, se
resalta el esquema que siguió el autor para presentar el panorama cultural cubano que
allí aparece. "El plan de esta obra es digno de la mayor alabanza". dijo allí
Rafael Montoro. "Abarca todos los géneros literarios y los agrupa en correctas y
rigurosas clasificaciones, ordenando en amplios y bien deslindados períodos de tiempo, el
general desarrollo de nuestra cultura".(24) Montoro se
refiere a la original división de esa obra en la que aparecen dos "épocas": la
primera "antes de 1790"; la segunda comprende desde 1790 hasta 1868 y queda
subdividida en períodos de veinte, veintidós y veintiséis años que intuyen las oleadas
generacionales de la historia.
El concepto de generación con cierto rigor científico "fue expuesto
por primera vez en Hispanoamérica", según advierte José A. Portuondo, de modo
sistemático, por Antonio S. Bustamante y Montoro en su discurso de ingreso en la Academia
Nacional de Artes y Letras de Cuba, en marzo de 1937.(25) En
dicha oportunidad, Bustamante explicó la idea de generación siguiendo las teorías de
Ortega y Gasset, y la posible aplicación del sistema de Petersen. Recomendó el empleo
del esquema generacional como el mejor vehículo para acercarse a una correcta
interpretación del proceso cultural cubano: "La búsqueda de nuestro pasado valioso,
genuino" dijo, "sólo puede llevarse a feliz culminación indagando cuáles son
nuestras generaciones falsas, intelectualmente parasitarias; épocas cumulativas, que
vivieron, como ha dicho Ortega y Gasset sintiendo una perfecta homogeneidad entre lo
recibido y lo propio".(26) Al año siguiente, en 1938,
aparecen los Ensayistas contemporáneos de Félix Lizaso con una distribución
generacional para los escritores allí representados. El autor de esa obra encuentra en el
primer período republicano dos grupos `que se enlazan y entrecruzan". Respecto al
momento histórico que nos interesa escribe: "En 1920, poco más o menos, comienza a
darse a conocer una generación que trae alientos nuevos y nuevas fórmulas".(27)
Desde que se inició el estudio de las letras cubanas siguiendo las normas
de las teorías generacionales con alguna fidelidad, se han intentado varias divisiones.
Sin querer hacer un recuento de todas las que se han ensayado, ofrecemos algunos ejemplos.
Ellas muestran la diversidad de criterios que han existido al intentarse esas
clasificaciones. Ya en La poesía moderna en Cuba 1882-1925 aparecen por grupos con
ciertos rasgos casi generacionales la división de poetas: "los precursores"; un
período de "Transición"; otro, de "plenitud de la lírica";
"orientaciones diversas" y, por último, "los nuevos". En el prólogo
dicen los antologistas: "Las divisiones que hemos adoptado corresponden con bastante
aproximación, según nuestro criterio, a los distintos períodos que con caracteres
propios se marcan en el desarrollo de la producción poética en estos últimos
tiempos".(28) Del "período" final -donde
aparecen José Z. Tallet, María Villar Buceta, Rubén Martínez Villena, Juan Marinello,
Andrés Núñez Olano, Regino Pedroso y otros- dicen los autores:
La producción de los poetas aquí agrupados comienza a manifestarse en
los años que han ido transcurriendo desde la terminación de la guerra europea. En ella
encontramos, en general, características bien definidas y distintas a las de sus
predecesores: una inquietud más acendrada, que no es ya producto del intelecto, sino
connatural; una libertad sin alardes verbales, pero todo lo amplia y necesaria para dar
expresión a sentimientos complejos; la ausencia de resabios de la vieja poética y, en
fin, el retorno a las fuentes más puras de la poesía eterna. Por primera vez en Cuba,
una generación de poetas de marcada juventud, se manifiesta con caracteres propios y
orientación definida.(29)
Por su parte Ichaso llama a ese mismo grupo "la generación que nace
con el siglo y cuya irrupción en la vida pública tiene lugar entre los años 1920 a
1930".(30) En La literatura cubana en el siglo XX
aparece el enfoque generacional para presentar en él un panorama literario de la
República. De allí transcribimos un párrafo que sintetiza la interpretación de
Raimundo Lazo:
En la primera mitad del siglo XX, se distinguen en Cuba, con toda
claridad, cinco núcleos generacionales, que entre otras cosas dan su aporte a la
literatura, creándola y caracterizándola: el finisecular, así denominable porque lo
integran hombres cuya gestión histórica tuvo por centro cronológico el final del siglo
XIX; la generación de 1900 o primera generación republicana, la de 1910, iniciada por
hechos históricos que tienen por núcleo aquel año, y de evolución violenta e
inesperadamente alterada por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial; la
generación de la entreguerra, cronológicamente enmarcada por los dos grandes conflictos
mundiales, y que a favor de las conmociones producidas por el primero de ellos, anticipa
su desarrollo y rápidamente sustituye a la generación anterior en cuanto a vigencia
histórica y dominio de las iniciativas de la época; y la generación última, que se
inicia al finalizar la cuarta década del siglo, y tiene por ambiente espiritual el de los
años de la Gran Guerra que conmovió al mundo a partir de 1939, y el de los tiempos
subsiguientes, impregnados de anarquía, inseguridad y temor. (Subrayado en el original) (31)
Este mismo autor ofrece una división desde el siglo XVIII, en su obra La
Teoría de las Generaciones Y su Aplicación al Estudio Histórico de la Literatura Cubana.
Allí aparece una serie de diez grupos que se extienden desde los nacidos en 1762 hasta
los nacidos en 1929. A la generación donde aparece el vanguardismo le corresponde el
número nueve y las fechas de nacimiento de los que incluye se extienden desde 1891 hasta
1913, siendo los más antiguos el poeta Mariano Brull y el ensayista Félix Lizaso. A este
grupo lo llama, en esa obra, "segunda generación republicana" y de ella dice
que su "advenimiento y triunfo queda encerrado entre las dos últimas guerras
mundiales".(32) Lazo concluye en su nueva Literatura
cubana:
La literatura de los tiempos de la República es la obra de tres
generaciones: la de las dos primeras décadas del siglo, la que tiene por centro
cronológico de actividad el año 30, y la que aparece hacia los años cuarenta. La
primera, dominada por el entusiasmo de la victoria contra la España colonial y el triunfo
de la República, tiende al lirismo verbal y la oratoria; la segunda es inconforme,
crítica, con inclinación a la teoría social y política, que fracasa ante los hechos de
los profesionales de la política mercantilizada; la tercera, de declarado apoliticismo,
con perseguidas excepciones de extremismo revolucionario, se aleja de la realidad social
que no puede mejorar.(33)
Fernández Retamar escribe del grupo que nos interesa: "La segunda
generación republicana presenta dos promociones. A éstas se alude con frecuencia
llamándola, por motivos más políticos que literarios, generaciones de 1923 y de 1930
respectivamente".(34) Y más adelante aclara el
significado de las fechas relacionándolas con la "protesta de los 13" (de la
que luego trataremos) en el primer caso y con el inicio de la revolución que destituye el
gobierno de Machado, la segunda. Una división por "generaciones teatrales" se
ensaya en Teatro cubano contemporáneo. La "segunda generación"
justifica su nacimiento con la "protesta de los trece", y se extiende hasta la
aparición de una tercera, a la que pertenecen escritores "cuyas fechas de nacimiento
abarcan desde 1910 hasta 1927".(35) Portuondo encuentra
cuatro grupos al clasificar los escritores de la era republicana. Cada uno se estudia en
un capítulo cuyos títulos son: "La política", "Las Masas",
"Formalismo", y "Revolución".(36)
Como puede observarse, no hay un criterio único para calificar y dividir
las generaciones de los años de República.(37) El mismo
Jorge Mañach emplea dos designaciones al referirse a su generación. En un artículo
periodístico titulado "La generación expectante", escrito en 1930, decía:
"No hay que mirar mucho en torno para advertir que una buena parte de esta
generación nuestra está ya condenada. La parte que tuvo más prisa". Y continúa
para distinguir la otra parte agregando: "La generación de la treintena actual tiene
otra porción, la mayor que todavía está inédita, y en esta ineditez conserva su
fuerza". Y dice luego: "El problema de esta parte de la generación hoy en punto
de madurez, es el de la viabilidad de su pronunciamiento, que es a su vez, el problema
político inmediato de Cuba, visto desde el aspecto hombre".(38)
En 1957, y también refiriéndose a la suya, escribe Mañach: "Una nueva
generación, excluida virtualmente de ellos", se refiere a los partidos
políticos de la época, "acude sin embargo por otras vías a su deber histórico. Es
la generación del 25, que combina la inquietud cultural con la preocupación
política" (El subrayado es nuestro).(39) Vemos así
que el propio Mañach llama a su grupo una vez, generación del 25 y otra generación
de la treintena. Es verdad que la distancia de veinte años que separa estas dos
opiniones confiere perspectivas distintas al hecho observado.
Es necesario que señalemos ya el momento en que surge una nueva actitud
ante la vida. Pero no quiere esto decir que en una generación quepan, dentro de sus
estrechos límites temporales, el contenido total de su especialísima visión histórica.
Tenemos el caso del ensayista Francisco J. Castellanos que muere en 1920 y pertenece a
esta generación que estudiamos tanto como puede pertenecer cualquier político, escritor
o poeta cuya actividad vital se produce dentro de los límites que le hemos impuesto.(40) Aquéllos son los precursores, se adelantan a su tiempo y
parecen hablar un lenguaje futuro. También hay rezagados que constituyen la prolongación
de un grupo generacional extinguido; en cierta forma son profetas al revés.
Límites de la generación
Con estas aclaraciones véanse algunos acontecimientos que ubican el
grupo histórico que nos interesa. Precisemos primero el momento de aparición en Cuba del
nuevo cielo generacional. Si se acepta que el alcance máximo, el punto de madurez para
la generación de la treintena, como la llamó Mañach,(41)
es precisamente el año 1930, tendremos que con la extensión de aproximadamente quince
años debiéramos encontrar sus inicios hacia 1923, y en 1938 comenzarla el grupo a perder
cohesión. Veamos lo que sucede en esos momentos históricos.
1) En 1923 se produce la "protesta de los trece". Empieza a
verse "una actitud distinta, nueva en los intelectuales cubanos que hasta entonces no
han, expresado directa y militantemente, con riesgo personal, su inconformidad ante la
corrupción gubernativa".(42) Pero también representa
un momento de revisión literaria organizado por los nuevos críticos y poetas. "Nos
reuníamos un grupo de amigos animados por el empeño de preparar una antología de la
nueva poesía cubana (43) -explica Félix Lizaso- y de
allí, de aquel empeño revisionista del pasado, nace el espíritu de rebeldía que se
manifiesta en la protesta contra el Secretario de Justicia en la Academia de Ciencias de
La Habana. Cinco de los trece que estuvieron presentes en ese acontecimiento fueron luego
editores de la revista de avance, vocero del vanguardismo cubano, de la que se
habla en el próximo capítulo: Ichaso, Lizaso, Mañach, Marinello y Tallet.
2) En el mismo año de 1923 se constituye el "grupo minorista",
que duró hasta 1928 y cuyos propósitos quedaron señalados en su manifiesto del 7 de
Mayo de 1927. De ese documento anotamos los siguientes postulados: "Por la revisión
de los valores falsos y gastados; por el arte vernáculo y, en general, por el arte nuevo
en sus diversas manifestaciones; por la introducción y vulgarización en Cuba de las
últimas doctrinas, teóricas y prácticas, artísticas y científicas". Y seguían
otros de marcada preocupación social. Uno de sus más activos componentes, Emilio Roig de
Leuchsenring describe así el minorismo:
Fue un grupo de intelectuales jóvenes, de izquierda, que se pronunciaron
desde el primer momento contra los falsos valores, los Pachecos y los consagrados, y por
una radical y completa renovación, formal e ideológica, en letras y en artes, pero que
sin olvidar estos propósitos, pero por encima de ellos, se interesaban por los problemas
políticos y sociales de Cuba, de América y de la Humanidad, y por ellos laboraban en
sentido radical y progresista".(44)
A ese grupo minorista pertenecieron todos los que en algún momento fueron
editores de la revista de avance, es decir, los cinco que estuvieron en "la
protesta de los 13", más Martí Casanovas y Alejo Carpentier. En resumen podemos
decir con Lizaso que el "minorismo" fue "la conciencia histórica de un
momento, que halló ese molde único e imprevisto, y en él vació sus más caros
ideales".(45)
3) Durante todo ese año, Mañach escribe las crónicas que aparecen luego
en sus Glosas. Allí comienzan a perfilarse las bases de su conocida conferencia
"Crisis de la alta cultura cubana".(46) En 1923 el
discípulo del poeta Salvador Díaz Mirón, Julio Antonio Mella (47),
al igual que en la "protesta de los 13", dirigida por Rubén Martínez Villena,
pretende impedir el traslado del Museo Nacional.(48).
También en 1923 Martínez Villena escribe sus mejores versos. En "Mensaje lírico
civil" el nuevo espíritu de protesta y rebeldía de la generación está patente:
Tenemos el destino en nuestras propias manos [
] Hace falta una carga
para matar bribones,
para acabar la obra de las revoluciones;
para vengar los muertos, que padecen ultraje,
para limpiar la costra tenaz del coloniaje;
para poder un día, con prestigio y razón,
extirpar el Apéndice a la Constitución;
para no hacer inútil, en humillante suerte,
el esfuerzo y el hambre y la herida y la muerte;
para que la República se mantenga de sí,
para cumplir el sueño de mármol de Martí.(49)
Además "Motivos", "Exaltación en negro sostenido
mayor", "El desfile de los grandes", "El campanario del
silencio". Y sobre todas ""La pupila insomne":
Tengo el impulso torvo y el anhelo sagrado
de atisbar en la vida mis ensueños de muerto.
¡Oh la pupila insomne y el párpado cerrado![
]
(¡Ya dormiré mañana con el párpado abierto) (50)
4) "En 1923 el comunismo hizo su aparición en Cuba".(51) Harding nombra al General Enoch H. Crowder, primer
embajador de los EE. UU. en Cuba. Se inician las luchas por la reforma universitaria
según las normas del movimiento argentino de 1918. Empiezan las actividades
revolucionarias para fundar la Primera Confederación Nacional de Estudiantes, de la que
fue primer secretario Aureliano Sánchez Arango. Termina una etapa de la injerencia
norteamericana en Cuba.(52). Se organiza la asociación de
Veteranos y Patriotas que pronto pasa de la protesta cívica a un alzamiento que fracasó
en sus comienzos.(53)
5) En 1923 se publica la novela La Conjura de la Ciénaga que
inicia la tendencia criollista hasta el Marcos Antilla, la "novela del
cañaveral", de Luis Felipe Rodríguez.(54) Se publican
el estudio sobre folklore cubano Un catauro de cubanismos de Fernando Ortiz y Medio
siglo de historia colonial de Cuba de José Antonio Fernández de Castro. Aparecen,
según algunos críticos, signos vanguardistas en la poesía.(55)
Llega el maestro Pedro Sanjuán y Nortes para fundar la Orquesta Filarmónica y aparecen
los temas cubanos en la música de Amadeo Roldán.
6) En 1923 cumplen 25 años (recuérdese la opinión de Peyre respecto a
las edades de los miembros de una generación que se inicia) Jorge Mañach y Juan
Marinello; 24 Martínez Villena y Esténger; 26 Sergio Carbó y José Antonio Fernández
de Castro; 32 Lizaso, y Mariano Brull; 23 Francisco Ichaso, Amadeo Roldán y Lydia
Cabrera; 30 Tallet; 20 Carlos Prío, Lino Novás Calvo, Florit y Mella; 19 Alejo
Carpentier y César García Pons; los pintores Abela y Víctor Manuel; 32 y 26; Amelia
Peláez y Carlos Enríquez 22.(56)
Una vez señalados algunos acontecimientos que indican el nacimiento en
1923 del nuevo grupo generacional, pasamos a relacionar aquello que muestra su momento de
madurez. La fecha que corresponde al centro cronológico del período que estudiamos, que
es 1930. En ese año, además de intensificarse la lucha contra la tiranía machadista
-que recibe el impulso decisivo a partir de la muerte de Rafael Trejo (30 de septiembre)-
la producción de los escritores que nos interesan está en su mayor actividad y ya se
perfilan claros sus derroteros. "El año de 1930, comienzo de la revolución
antimachadista", escribe Portuondo, "señala el nacimiento de este nuevo momento
en el que los problemas sociales se imponen con carácter sustantivo en la obra de los
principales escritores".(57) Al valorar ese momento
histórico desde el inicio de la última revolución cubana, escribe Loló de la
Torriente:
Cuando comienza 1930, un valioso grupo de cubanos ha realizado una obra
intelectual nueva, profunda y cubanísima. Es por aquellos años, y en virtud de aquella
obra que se enriquece nuestro patrimonio cultural, que el pensamiento y la acción vuelven
a identificarse luchando en la misma trinchera contra el colonialismo y las formas de
opresión imperialista. La batalla de la liberación espiritual es tan ardua como la
económica y política.(58)
1) En el año 1930 ya ha realizado su labor la revista de avance
cuya importancia trataremos de mostrar más adelante.
2) Han aparecido, muchas obras básicas de los principales miembros de la
generación. La poesía moderna en Cuba (1926) de Félix Lizaso y José Antonio
Fernández de Castro; Epistolario de José Martí y los Artículos desconocidos
de José Martí (1930) de Félix Lizaso; Liberación (1926), Juventud y
vejez (1927) y Poesías de José Martí (1928) de Juan Marinello; Góngora y
la nueva poesía (1927) de Francisco Ichaso; Jorge Mañach, La Crisis de la alta
cultura cubana (1925), Estampas de San Cristóbal (1926), Indagación del
choteo y Tiempo muerto (1928).
3) Se publican los versos de Surco (1928), de Manuel Navarro Luna.(59) Se ha iniciado definitivamente la poesía negra con:
"Bailadora de rumba" de Ramón Guirao, "Liturgía" de Alejo
Carpentier, "Rumba" de José Z. Tallet, "Motivos de son" de Nicolás
Guillén. Enseguida se desarrollan la poesía proletaria con: "Proletario" de
Lino Novás Calvo, "Salutación fraternal al taller mecánico" de Regino
Pedroso; la poesía pura con los "Poemas en menguante" de Mariano Brull,
"Trópico" de Eugenio Florit y "Júbilo y fuga" de Emilio Ballagas.
Amadeo Roldán ha triunfado en Europa y los EE. UU. después de sus composiciones "La
Rebambaramba", "Danza negra", etc.
Evidentemente que el año de 1933 tiene su mayor significación por haber
triunfado el proceso revolucionario contra Machado, pero queremos señalar que, a pesar de
ser un año de difícil producción literaria, se publican Martí el apóstol de
Jorge Mañach, Poética: ensayos en entusiasmo de Juan Marinello, Ecué-Yamba-ó
de Alejo Carpentier, El negrero de Lino Novás Calvo, Marcos Antilla de Luis
Felipe Rodríguez, y Barraca de Feria de José Antonio Fernández de Castro".(60)
Si aceptamos que la extensión generacional es de quince años, el grupo
que nos ocupa debe terminar su actividad mayor hacia 1937 o 1938. Así coincidiría con el
nacimiento del nuevo ciclo poético que ha señalado la crítica con la Muerte de
Narciso de Lezama Lima y la publicación de la revista Verbum. Cuando esta
nueva generación cumple los siete años empiezan a publicarse Orígenes y la Revista
Cubana de Filosofía, ésta bajo la dirección de Gracia Bárcena y Humberto Piñera.
Pero ya desde que la generación de 1923 había alcanzado los quince años, en 1938, no
tenían sus miembros cohesión por "semejanzas históricas".
El guía: Enrique José Varona
No vamos a detenernos en la aplicación del "recetario
crítico", como llama Serrano Poncela al grupo de factores esenciales que confirman
la existencia de una generación".(61) Pero en esa
"vía falsa" de Petersen (62) se encuentran
perfiles que sí nos interesa destacar dentro del grupo que estudiamos. Primero el
"guía generacional" que reúne los rasgos necesarios para ejercer caudillaje.
Según Petersen, "se puede entender de diversas maneras el concepto
de guía: a) como organizador que se coloca a la cabeza de los de la misma edad. b) Como
mentor, que atrae y señala el camino. c) Como héroe adorado por su época".(63)
La figura de Enrique José Varona es tan amplia y significativa en la
historia cubana, que es difícil asignarla a una particular generación.(64) Al explicar el origen y desarrollo de la importante
revista Cuba contemporánea (1913-1927), que constituye un valioso exponente de
esos años, dice su último director Mario Guiral Moreno: "Enrique José Varona, a
quien debemos la mayor gratitud por habernos dado desde el primer número de Cuba
Contemporánea su aplauso caluroso y valiosísimo, y por haber mantenido con el grupo
fundador de nuestra revista las más estrechas relaciones, haciéndonos el honor de ser
para nosotros, sin pretenderlo él, algo así como un director espiritua1".(65)
Pero la importancia de Varona y la valoración que de él hicieron los
cubanos no desaparece con el suceder generacional. No había nacido la última generación
que lo conoció, y sus miembros sintieron la presencia de Varona. Transcribimos las
palabras de uno de sus componentes; dice Gastón Baquero al recordar la muerte de la
"flor de mármol", como lo llamó Martí: "Desde este día (de 1933),
pesamos menos sobre la superficie de la tierra. Fuimos invadidos un poco más por la
sombra. Nos quedamos ¡quizás por cuánto tiempo todavía! huérfanos de la luz y del
espíritu".(66) La paternidad espiritual de Varona se
manifiesta, sin embargo, con mayor relieve entre los miembros de la generación que
estudiamos, es decir, entre "los discípulos de los discípulos de Próspero",
como llamaba Edwin Elmore a las generaciones hispanoamericanas de la década entre 1920 y
1930 en relación a Varona.(67)
Vamos a comentar brevemente algunos juicios de su significación dentro
del período que nos interesa. No sólo los estudiantes universitarios de Cuba permanecen
"bajo la dirección espiritual de Enrique José Varona"(68),
cuando se inicia en 1927 la lucha contra Machado, sino que casi todos los escritores que
pertenecen a ese núcleo histórico reconocen su influencia. La voz del gran maestro
"orientaba las conciencias juveniles" escribe Lizaso en su Panorama de la
Cultura Cubana.(69)69) "El orientador", el
"guiador que cree en el futuro" vuelve a llamarle en su ensayo "Varona:
Culminación y Síntesis de los anhelos de Cuba"(70); y
en "Varona y la juventud", afirmó "Nuestra juventud, en períodos de
nuestra vida republicana, encontró en Varona el mentor y el guía que siempre ha
sido".(71) El otro compilador de la famosa Antología
de 1926, José Antonio Fernández de Castro dejó dicho de él: "Los ejemplos saltan
a la vista: toda la generación de 1930 -durante su formación revolucionaria- tuvo como
cimero ejemplo, y sabia guía, la actuación pública de Varona, y hoy tienen a honra
honrarlo como a su maestro y precursor".(72)
También en Francisco Ichaso aparece el culto a Varona. Reconoce su
condición de director espiritual durante la juventud del crítico: "Nuestra
generación se quedó con muy pocos de los viejos maestros", escribe en Ideas y
aspiraciones de la primera generación republicana. "Los intangibles fueron
Manuel Sanguily y Enrique José Varona. En el primero tomó la juventud lecciones de
gallardía y combatividad". Y añade:
Varona fue el otro gran mentor en lo cívico y en lo cultural. Nuestra
generación vio en él a un guía recto y sapiente, a un verdadero apóstol de la cultura.
Constantemente acudían los jóvenes a su casa del Vedado, convertida en templo cívico, a
escuchar la palabra del filósofo, a recibir sus consejos y orientaciones. No había
publicación que no se inaugurase con una carta suya ni empresa que no tuviese su aval.
Varona fue, durante los últimos años de su existencia, la figura unitiva por antonomasia
de toda una generación.(73)
Al cumplirse el primer aniversario de la protesta estudiantil de 1927,
hizo Raúl Maestri una relación de los hechos ocurridos, y al referirse a la presencia de
Varona en aquel acontecimiento escribió: "Varona es de nuestros contemporáneos el
único que ha ido al templo sin apetitos de mercader. Honrémonos con su tutela
moral".(74) Tres años más tarde, cuando con la muerte
de Trejo se repitió una protesta estudiantil, volvió Varona a dirigir la rebeldía de
aquella juventud. Al evocar este acontecimiento de la "generación que tuvo a Enrique
José Varona como maestro", dice Raúl Roa de él: "No le fue dable plasmar, ni
regir, el espíritu de las viejas generaciones republicanas; pero sería, ya anciano y
enfermo -recompensa inefable de una vida fecunda, gloriosa y rebelde- el evangelio vivo de
nuestra generación. Pasmados le vimos erguirse, bizarramente, sobre sus ochenta años,
para combatir la tiranía y exhortamos al sacrificio ... (75)
¿Qué parentesco espiritual podrían encontrar aquellos cubanos en la
figura de Enrique José Varona? Vamos a ensayar una explicación. Prescindimos de la
estatura moral e intelectual que tanto debía impresionar a los jóvenes cubanos, en aquel
ambiente donde no abundan ni la sabiduría ni las virtudes cívicas. El primer factor que
inspiraba en Varona debió ser -su condición de heredero de Martí, quien es, sin ninguna
duda, "el héroe adorado" de la época, para usar las palabras de Petersen.
Luis Araquistain visitó a Cuba en 1927 y dejó escritas impresiones muy
útiles para comprender el ambiente cultural cubano de la década entre 1920 y 1930. En La
agonía antillana señaló todos los núcleos que se movían en los comienzos de aquel
período: el grupo "minorista"; los editores de la revista 1927 (revista
de avance); "el subgrupo de jóvenes que anima Martínez Villena", los
fundadores de América Libre muy influida "por el comunismo ruso y por la
revolución mejicana";(76) en la
"retaguardia" Cuba Contemporánea; la "Institución Hispanocubana de
Cultura" el grupo de Orto en Manzanillo, etc.
Todo este conjunto de esfuerzos dispersos, pero semejantes, que elaboran
un nuevo resurgimiento de Cuba, está presidido por uno de esos patriarcas que los pueblos
designan, por sufragio tácito, como. sus mentores y guías en los momentos de las grandes
crisis nacionales. . . Los Gobiernos despóticos e imperialistas le temen y la nueva Cuba
lo adora
En una nación mejor organizada, este presidente por derecho propio lo
sería también de hecho. Pertenece a la estirpe de los escultores de almas y arquitectos
de pueblos
(77)
Y concluye sagazmente su análisis de la significación de Varona
anotando: "Enrique losé Varona es el sucesor más legítimo de Martí. En torno de
estos dos nombres va despertando y articulándose una nueva Cuba".(78)
No podemos señalar en la obra de Varona, dentro del marco de este
trabajo, los puntos de contacto con la inquietud y la preocupación de la generación que
ahora examinamos, pero será conveniente transcribir los más significativos párrafos de
una carta que escribe a Jorge Mañach, precisamente en el año 1930.
Aquí veremos la reacción del noble anciano ante el estímulo de los
nuevos tiempos:
Va desvaneciéndose la cerrazón que pesaba sobre la, conciencia y se
anhela salir del marasmo en que la dejó la gran catástrofe. Fijémonos primero en lo
nuestro.
En cuanto va de año, apenas pasa una quincena sin que se produzca alguna
manifestación del desasosiego público. El pueblo se ha incorporado; parece tantearse el
cuerpo gigantesco, y trata de convencerse de que sus miembros no están ya agarrotados.
Acontecimientos de suma trascendencia se han ido sucediendo. Desde los grupos de
estudiantes intrépidos, conscientes del derecho, hasta las imponentes reuniones públicas
de la nueva agrupación política y el despliegue de las masas obreras, en forma de
avalancha irrepresible, el Día del Trabajador.
Vuélvase la vista atrás, muy poco atrás, y quedará patente el
contraste. Sea cual fuere la. honda causa, si alguna causa interna existe, el hecho
innegable, lleno de enseñanzas y promesas, es que el país ha vuelto a darse cuenta de su
fuerza. Porque sólo en su complicidad, querida o consentida, pueden los gobiernos alzarse
a la dominación. .. .
Más adelante, asumiendo el papel de "Próspero" resume el
mensaje que va, transformándose, de Martí, a Rodó hasta la Revolución mexicana:
Oigamos la voz resonante de nuestra América: es saludo a nuevos tiempos;
y en el viejo Anáhuac cristaliza otra forma de organización de la propiedad. El indio se
transforma.
¿Y el colosal imperio americano? Su sombra ingente se proyecta sobre
nosotros, sobre nuestros vecinos. Tremenda amenaza silenciosa, que va paralizando como
secreta ponzoña nuestros miembros. Incubo que chupa nuestra sangre.
Sin vacilar respondo. El imperialismo americano ha llegado a su cúspide.
Y a las cúspides se puede llegar; en ellas no es dable permanecer. La era del
imperialismo ha completado su trayectoria
.
Y, sabiéndose mirando por una generación arenga a sus discípulos
mientras se une al entusiasmo de "los tiempos que alborean".
¡En pie, pueblos del Caribe! Las comunidades humanas no valen sólo por
sus millones en hombres y en oro, sino principalmente por lo que realizan en la región
superior del espíritu.
A mi vez, les hago coro, Dr. Mañach, y digo a los nuestros: "El
mundo se transforma; hagámonos dignos de vivir en los tiempos que alborean".(79)
Hay también razones estéticas. Nos referimos al parentesco que se
establece por los ataques de los vanguardistas contra el modernismo poético que coinciden
con la actitud de su maestro. Sobre esta característica advierte Zum Felde que Varona
parece no haber entendido o no haber estimado el movimiento modernista en la poesía
hispanoamericana, y narra esta anécdota:
Su conferencia, leída en La Habana en 1914 con motivo de celebrarse el
centenario de Gertrudis Gómez de Avellaneda, es a este respecto- un documento tan
significativo como lamentable. Después de rendir alto tributo de admiración a la lejana
poetisa y a sus ilustres cófrades de la época, Olmedo, Bello, Heredia, extiende una
mirada, desde tales alturas pretéritas, sobre el moderno panorama lírico de América y,
llegado a Darío y al modernismo, sólo apunta ligeras y displicentes alusiones. Esta
falla tremenda de su actitud crítica-en el plano valorativo- llega al absurdo si se le
encara en el plano histórico. Desconocer la importancia suma del modernismo en la
evolución de la poesía americana y, en particular la de su iniciador y máximo
representante, es negar la propia conciencia crítica.(80)
Es bien conocida la actitud de repudio de los movimientos de vanguardia
respecto al modernismo. Decía Regino Boti: "Esta revista de avance,
publicación cerrada, unánime y exclusiva, reacciona contra lo imperante, contra lo
existente, contra el modernismo reabsorbido en la conciencia cubana".(81)
Aunque Jorge Mañach fue el principal fundador de la revista de avance, y
su máximo organizador, no creemos que, en lo literario, se pueda, sin exagerar,
considerársele como "director que se coloca a la cabeza de los de la misma
edad", aunque en algún momento se le atribuyó ese derecho.(82)
Quizás en el caso que estamos tratando habrá que concluir, como lo hace Pedro Salinas en
su análisis de la generación del 98, afirmando que solamente por la "apetencia del
caudillo", es decir, por la búsqueda que de él hay en el grupo, "el
Führer
está presente precisamente por su ausencia".(83)
Antes de estudiar el "héroe adorado" de esta generación, en la
figura de José Martí, queremos analizar un último factor de los que señala Petersen.
Es el lenguaje generacional. Al igual que el estilo de un escritor representa una manera
particular de interpretar la vida, también dentro de una generación pueden analizarse
sus formas de expresión. Aunque el estilo particular de una época es "lo primero
que el público capta cuando asoma en el horizonte una nueva generación",(84) no es fácil adivinar todo el contenido de esas
preferencias de los escritores. Vamos a intentarlo siguiendo las explicaciones de Jorge
Mañach en Historia y Estilo. "La estética del arte de vanguardia"
escribe Mañach, "pretendía adoctrinar el intento de construir una experiencia nueva
-es decir, fiel a la época- con las imágenes de aquel mundo de crisis . . . no podía
faltarle acogida en [Cuba] una república americana de democracia falseada". Y
añade: "El vanguardismo prendió aquí, pues, no sólo por mimetismo o por
emulación de lo contemporáneo, sino también y principalmente por insatisfacción
social".(85)
Volvamos ahora al problema estilístico. El lenguaje empleado por el
vanguardismo tiene un contenido agresivo. No es solamente la temática el instrumento de
ataque, lo es también el neologismo atrevido, la metáfora inesperada, la falsificación
de la sintaxis. Pero todas esas aventuras lingüísticas tenían una razón de ser. Y
Mañach lo confiesa diciendo:
Lo que queríamos aquellos críticos, ensayistas, poetas que todavía
éramos jóvenes en los años del 26 al 30, era reaccionar -estridentemente, con herejía
y hasta con insolencia- contra la inercia tradicional, contra actitudes mentales y
morales, y correspondientes modos de expresión, que, a nuestro juicio, traducían la
inanidad, la falta de sustancia, y el contentamiento con meras apariencias en que habían
venido a parar la ilusión fundadora.(86)
En toda latitud son frecuentes los casos en que se ve la utilidad del
vanguardismo para agredir "lo viejo" y someter a la más severa crítica los
valores tradicionales. Vistos así las exageraciones del vanguardismo adquieren su
verdadera significación. Las excentricidades de los movimientos estéticos, en general,
no son meros caprichos que pueden descansar como curiosidades inútiles en el fondo de las
antologías; son como jeroglíficos modernos que esconden el secreto de una época que
trasciende. El estilo aclara los móviles conscientes e inconscientes del vanguardismo. Y
Mañach, lo advierte:
Las minúsculas, las imágenes desaforadas, las "jitanjáforas"
el encabritamiento tipográfico, la deformación plástica, no eran sino la expresión
concreta de aquel estado de ánimo. Pero, además del específico mal cubano, se daba
también en nosotros un "mal del siglo": La sensación del ahogo individual bajo
formas económicas y políticas desajustadas a la realidad.(87)
En los mismos años que hizo Mañach esta valoración, Mario de Andrade
explicaba en el Brasil el proceso de su modernismo, versión carioca de la vanguardia,
diciendo: "prêparou o estado revolucionário das outras manifestaçoes sociais do
pais".(88) Mañach, por su parte, confirmaba el honroso título que ya le había dado
al vanguardismo desde 1934: "El estilo de la revolución". Es por eso que, al
igual que muere en el Brasil en 1930 ("já nâ tinha mais razaô de ser, comprido o
seu destino legítimo"), desaparece en Cuba cuando se inicia la revolución: "El
vanguardismo" dijo Jorge Mañach, "sucumbió entre nosotros como movimiento
polémico tan pronto como las conciencias creyeron hallar oportunidad real de expresión
en lo político".(89)
Concluye este ensayo de valoración estilística con unas palabras que
hasta cierto punto justifican el trabajo que venimos realizando: "El estudio de
nuestra expresión no es faena puramente estética al margen de la más honda
preocupación cubana, sino que sirve, por el contrario, para descubrir, tras los ocios
aparentes de la forma, las imágenes, las vicisitudes, los problemas y los anhelos del
alma colectiva".(90)