AVISO A CUBA
Para preparar la revolución sana y fuerte se creo, y prospera, el Partido
Revolucionario Cubano. Y prepara, en Cuba y en la emigración, su parte de ella; a que el
país entero le dé después, porque es el único que se los puede dar, conjunto y forma.
Lo que hace el Partido en Cuba, lo que ha hecho, no se ha de poner aquí para guía y
servicio del enemigo que lo ha de combatir; porque estamos en guerra, y en la guerra no es
costumbre que los ejércitos se denuncien a si propios, ni den parte anticipado al enemigo
de sus planes de combate.
Ni una sola de sus obligaciones en Cuba desconoce el Partido Revolucionario: y no
desatiende una sola. Sabe, sobre todo, que le es innecesario minar con asociaciones
pueriles y peligrosas, y sólo útiles al espionaje concupiscente, un país al que sería
pecado y necedad llamar, si de sí propio no estuviera determinado él, como está, y no
fuera todo él, a despecho suyo, una vasta asociación. ¿Quién niega, por ejemplo, que
el día que el ministro de Ultramar convidó a comer a los toreros de Madrid, y se sentó
de casaca colonial entre los matadores de oficio, le nació uno que otro club en Cuba a la
revolución? La prisa con que los hombres de la irresolución pretenden ampararse, so capa
de esperanzas injustificadas, de la tacha de revolucionarios, muestra precisamente la obra
real del Partido que. no es más que el vocero del país y la verdad rebosante de la
revolución.
Y como hay razón para temer que con la confianza que el Partido han inspirado, y el
estado revolucionario del país, han visto ocasión algunos criminales y viciosos para
allegar sumas en Cuba a nombre del Partido Revolucionario y con destino a él, declara
aquí Patria por encargo expreso de la Delegación, que nadie tiene en Cuba, sea
español o cubano, autorización para percibir de nadie suma ninguna con destino al
Partido Revolucionario. A nadie ha comisionado el Partido Revolucionario para pedir
contribuciones de dinero en su nombre. Ninguna suma que se hubiese recibido para remitir
al Partido, en la emigración, ha llegado a manos del Partido.
Sereno va el Partido Revolucionario con sus fines, con organización nueva y métodos
efectivos. Lo que puede, se ve por lo que ama. Su fuerza está en la honradez y en el
amor. Ni quiere nada con los que odian, ni tiene nada que hacer, con quien no sea honrado.
Tiene sus métodos, y tiene lo que necesita. Nadie, ni cubano ni español, está
autorizado para percibir dinero en Cuba en nombre del Partido Revolucionario Cubano.
(7 de Enero de 1893)
LA REUNIÓN DE TACÓN
Ante un público ansioso y vibrante, el público que no aplaude jamás las
declaraciones de lealtad a España ni de fe en la política española, hablaron tres
eminentes oradores autonomistas, a propósito de la ley inútil de elecciones en que un
ministro atrevido ofende a los hijos del país, al concederles corno por merced, y con la
razón real y tardía de calmar el descontento cubano, una aparente mejora en que se
favorece "al docto claustro de salvaguardias," según dictamen del Sr. Giberga;
en que "lo bueno que hay es lo malo que esto se va poniendo," según el chiste,
muy reído, del Sr. Fernández de Castro, y en que caben abusos tales que el Sr. Montoro,
con gran aplauso del público, pudo temer que "ésas no fuesen elecciones, sino
emboscadas."
Parecerá oportuno a los que de España esperaron alguna vez de buena fe, luchar
desmayados, sin tino y sin país, en una legalidad nominal que, mísera como es, se debe
entera, y únicamente, a la guerra heroica de 1868; por lo que huelga la complacencia con
que el Sr. Montoro atribuyó en su oración a la autonomía "la sociedad libre y
nueva," en un todo inferior a la república gloriosa que la produjo, según sienten
de sobra en la honradez del corazón los que en esa sociedad mendaz y corrompida
recuerdan, torvos e inquietos, la novedad y libertad que acaso sólo puedan apreciar en su
valer los que las amaron profundamente, en la hora de la sangre, y los que las vieron de
cerca.
Pero la falta de realidad de la ceremonia autonomista, en que sin duda hubo más de una
noble y sincera tristeza, excusa de comentarios sólo gratos cuando en ellos se pudiera
aplaudir la previsión, y política natural, de nuestros compatriotas. Acaso el comentario
único sería el depósito que, al apagarse el día de hoy, harán los cubanos
independientes de New York, del producto íntegro de su trabajo del día, en el tesoro de
la guerra inevitable y generosa que en acuerdo con el país, y con métodos y fines de
república, prepara, acomodándose a la verdad de la Isla, el Partido Revolucionario.
(28 de Enero de 1893)
LA GUERRA DE RAZAS
Una vez, en Santiago de Cuba, llamó un hombre de color a junta, un hombre no nacido en
Cuba, a los cubanos de color de alguna valía.
Vengo, les dijo, a formar un tercer partido en Cuba, un partido de todos los hombres
de color.
Y el presidente del casino donde era la reunión, Agustín Lafaurie, le dijo en
respuesta:
Pues sentimos, señor, no poder complacerle. Aquí todos somos blancos.
(1 de Abril de 1893)
EL ALZAMIENTO EN CUBA*
Ni para exagerar, ni para alardear, son los momentos en que una masa de hombres
valientes, abandonando el hogar y la fortuna, salen a exponer la vida, muchos o pocos, a
tiempo o fuera de él, sin ordenes o contra órdenes expresas, en defensa del honor y
bienestar de sus conciudadanos. La nueva, poco extraña para quien conoce la verdad del
país, agita a los cubanos con razón, e infunde, aun en los más encallecidos, el respeto
que siempre va; con el sacrificio y la muerte. Será mas, o será menos. Son cientos, o
son veinte. Han arrollado, o los han arrollado, Se mantendrán, tal vez por la fe que les
inspira la obra compacta de la revolución que sin duda conocen, por la fe que les
inspiran las emigraciones a la vez prudentes y enérgicas, o caerán, por la soledad y
confusión con que la misma Cuba revolucionaria puede ver su arranque inesperado. Erraron
en la hora de alzarse, o tuvieron que alzarse. Pero el hecho sangra. Es sangre de cubanos
la que cae, de cubanos que han creído obrar bien, de cubanos que han dejado por su tierra
la mujer amante y los hijos de su vida, de cubanos que acaso en este instante estén
muriendo por nosotros. No es hora ésta de censura. Calle la censura misma nuestra, aunque
la tuviéramos que hacer: son gente honrada; son gente abnegada; son gente que dio su
fortuna para preparar, y para iniciar la época nueva de la vida ahora; son gente llana y
sincera, por donde estalla el decoro sofocado del país. Ni por prisa, ni por fanatismo,
se debe poner en riesgo la trama de largos años, de todo lo fuerte y de todo lo bueno,
con que prepararnos a Cuba para una revolución sana y definitiva; ni por cortejar la
popularidad culpable, se han de comprometer a ciegas, y fuera de sazón, los hombres y los
tesoros de nuestra libertad. Ni se ha de abandonar a quien merezca compañía. Ríjanos la
prudencia: y luego, en caso de razón, haga bien el brazo lo que tenga que hacer.
Nos conocernos, y sabemos que así se hará. Ni exageramos la verdad, o la ocultaremos
para ganar prosélitos, con engaños indignos de una empresa virtuosa; ni dejaremos de
hacer, con el bien de la patria por única guía, lo que en esta hora difícil nos imponga
su servicio. Y bien hecho. Ni profanaremos la ocasión para demostrar con ella, como ella
demuestra, cuál será el fuego revolucionario en un pueblo que en un año se echa al
campo dos veces, sin que el cuidado más celoso y activo pudiera contenerlo. En Cuba se
pelea tal vez a esta hora. Pelean hombres buenos. Si echan raíces, no faltará hierro al
suelo en que corre su sangre. Si perecen, por su imprudencia generosa, y por la disciplina
e importancia mismas de la revolución, viva la revolución, que continúa, ¡y será
salvada! Y nuestros brazos, y el alma entera, a los que en este instante acaso expiran
por su patria.
* Este artículo lo reprodujo Néstor Carbonell en la
limitada edición de sus Obras Completas de Martí ([La Habana,
1918-1920] tomo VI: Por Cuba), y se incluye aquí al no haberlo recogido las
colecciones posteriores. En el tomo V de la edición de la Editorial Trópico (La Habana,
1936-47) hay una nota que explica la omisión "por ser dudoso que fuese escrito por
Martí, a juzgar por el estilo del mismo" (p. 151). Sus elementos formales, como es
fácil comprobar por la simple lectura, no son, ni mucho menos, extraños a las
peculiaridades expresivas de Martí. Pero no sólo por lo externo puede descubrirse su
paternidad. El alzamiento a que se hace referencia en estas páginas, en el momento en que
se escribieron, preocupaba demasiado a Martí para que otro diera la primera noticia en Patria
y la opinión del Partido. El 6 de noviembre de 1893 se supo en Nueva York que varios
grupos se habían sublevado en la jurisdicción de Cienfuegos; al día siguiente Martí le
escribe a Serafín Sánchez: "Son las dos de la madrugada, y se va el correo. Vengo
del Herald, donde me he pasado la noche esperando respuesta de la Habana," y
añade indeciso sobre lo que debe hacer: "Si esos bravos han sido infelices y ya han
sido vencidos, volveré a Gómez... Si no, tal vez con esta misma carta iré a
verlo" (II, 419 y 420). Sobre aquellos momentos dijo poco tiempo después Enrique
Trujillo: "El Delegado, por diversos telegramas que pasó a sus correligionarios, se
notó que estaba confuso, contrariado, sin atreverse a soltar prendas" (Apuntes
históricos, p. 190). Es la indecisión que se ve en este escrito: el levantamiento
ha sido "a tiempo o fuera de él ... ; si echan raíces no faltará hierro al suelo
en que corre su sangre. Si perecen . . ., viva la revolución, que continúa." Al
día siguiente de aparecer en Patria, vuelve a escribir a Serafín Sánchez sobre
la angustiosa alternativa (II, 423), y el 16 a José Dolores Poyo, en semejantes términos
(II, 425). Ya en la siguiente salida del periódico se sabe fracasado el levantamiento, y
Martí publica dos artículos ("El alzamiento y las emigraciones" [II, 433] y
"La Delegación del Partido y el Alzamiento" III, 435]) en los que reconoce, con
toda sinceridad, la prudencia con la que se ha tenido que actuar. A Gómez, el 23 de
noviembre, le cuenta con detalle todo lo que ha sufrido desde que supo del acontecimiento,
y de su cuidado para contener las emigraciones. Hay que recordar, además, que Federico
Zayas, supuesto jefe de ese levantamiento, estaba en contacto y comprometido con el
Partido Revolucionario, y que para explicar Martí su posición ante un caso semejante, la
insurrección de los hermanos Sartorio, a mediados del año anterior, había tenido todo
tipo de dificultades. ¿Cómo hubiera podido confiar en otro, en esas circunstancias y con
tales angustias, para que escribiera sobre asunto tan delicado y difícil?
(13 de Noviembre de 1893)
NUESTRO PUEBLO
¡Cómo vibra nuestro pueblo! ¡Cómo se niega, viril, a que lo guíen sin razón o
abusen de él con engaño! ¡Cómo da cuanto tiene, cómo goza en dar, cómo empeña lo
que va a ganar mañana, como frece espontáneo lo que no se le pide, en cuanto cree que
llego la hora de que los valientes de su patria le enjuguen la vergüenza del rostro, y le
den tierra firme en que alzar la familia y ejercer la libertad!
En estos días se ha visto. Hubiera estado en manos falsarias esta vez la autoridad de
la revolución, hubiérase hinchado un poco la verdad de las noticias y no habría habido
límite a la generosidad de nuestro pueblo. ¡No habrá límite mañana a su generosidad!
Quien fíe en él, vence. Quien desconfíe de él, no lo conoce. ¿Qué importa que un
avaro gruñón esconda la bolsa, para que no se la vea la patria, si el pueblo, a la hora
de la honra, se echa por las calles, con la bolsa en la mano? Haya virtud en los que le
sirven; haya desinterés en los que se engrandecen con su nombre; haya en los redentores
propósitos verdaderos de redención, ¡y España es sombra y humo y cáscara que se va
por sobre la mar!: haya abnegación y oportunidad en sus héroes ¡y la independencia
está hecha!
(21 de Noviembre de 1893)
EL ALZAMIENTO
Patria dijo ya en sus números anteriores, cuanto de esencial tenía que decir
sobre los sucesos de las Villas. Innecesario fuese que repitiera hoy, con orgullo
legítimo, la complacencia con que, en horas críticas para la suerte de nuestra patria,
ha de verse el entusiasmo sensato, dispuesto a la vez a la energía y a la vigilancia con
que las emigraciones, cuerpo visible de la revolución, han respondido al alzamiento de
Cuba.
Las mismas noticias ciertas, a ser propaladas por Patria, pudieran ser tenidas
como deseo de mantener los espíritus en agitación mayor que la que la realidad de los
sucesos justifica. No es de agitación la obra actual, y no ha de darse razón para que lo
parezca. Es de acción ordenada y segura; y para ella, como para todo, la verdad es ayuda
suficiente.. y nada prospera contra la verdad. Limítase Patria por eso a reconocer
que las partidas de Esquerro y Quevedo, continúan en el campo.
De lo que las echó al campo, y de lo que hay que decir, seguramente lo dirá quien
deba a su hora. Es nuestra la fortuna. Nos salvamos de los abismos que nos abren a los
pies. Aceleramos y planteamos claramente nuestros problemas. Cuba tiene hijos que no
descansarán sino en su suelo libre, bien en el decoro del triunfo, bien enclavados en la
cruz. ¡Todo importa poco, con tal de que la patria, con guerra de alma noble, sea al fin
libre!
(28 de Noviembre de 1893)
LAS NOTICIAS DE LA PRENSA
Cosas singulares, al modo confuso, y a veces risible, de los noticieros de oficio, ha
publicado la prensa de New York, a propósito de la llegada del General Gómez a New York
y de la captura de armas en el Príncipe. No ha de perderse tiempo en desmentirlas, ni
espacio en reproducirlas. Lo único que se ha de advertir es que, mientras algunas de esas
noticias, aunque descosidas e informes, están tomadas visiblemente por mano amiga de
Cuba, y con respeto a su lucha por la libertad, otras tienen, como nota continua y
dominante, la pueril intención de llevar inquietud y desmayo al ánimo de los
revolucionarios, insinuando de un modo u otro que la pérdida de armas ha sido tan grande
que ya será inútil después, o imposible en seguida, un esfuerzo igual o superior. Ese
plan es de necedad rudimentaria, y la respuesta a él está en el júbilo justo, en el
entusiasmo ordenado y como renovado, en la fe fuerte y sensata que rebosan, hoy mismo, de
los corazones cubanos, y es mayor en los que más dentro están de la verdad. Son
inútiles, contra la revolución que hacemos, la intriga de la policía, y todo lo que, de
nuestras vanidades o maldades, se le ponga a la policía española al lado. Ayer la
consigna era "que no había guerra en Cuba, que nadie quería la guerra, que la
emigración se mentía a sí propia." Hoy la consigna es que "se perdió todo,
que ya no se va a poder hacer más, que todo lo demás será dinero perdido." La
revolución, en tanto, más firme y generosa que nunca, sigue, serena, su camino. Se hace:
con dignidad suprema, de la voluntad invencible y los recursos suficientes de los hombres
honrados.
(10 de Abril de 1894)
UN ALZAMIENTO FALSO
El 5 de diciembre de 1893, publicaba Patria el oportuno aviso siguiente:
"Otro Alzamiento. Ayer, 4 de diciembre, publica el New York Herald el
siguiente cablegrama: 'Key West, Fla., diciembre 3. Se espera en Cuba otro pequeño
alzamiento. Será probablemente el día 20 de diciembre, o poco después.' ¿A qué puede
responder semejante noticia? Dos verdades hay en los asuntos de Cuba: una es la plena
disposición de espíritu del país a entrar, por la guerra que parece inevitable, en una
vida propia de prosperidad y de derecho; otra es la desesperada habilidad con que el
gobierno español de Cuba, regido por la camarilla colonial de militares residentes,
jueces acriollados y contratistas favorecidos, pretende a la vez, con alzamientos falsos,
demostrar en España la necesidad de gobernar la Isla por el sistema de ocupación militar
con que hoy se la gobierna; y justificar la persecución de los cubanos. Por una parte,
es verdad que Cuba esta dispuesta a la guerra, y que el país está ahíto de¡
desgobierno y tiranía de España; por la otra, es verdad que el grupo dominante de los
españoles de Cuba fomenta, con el favor del gobierno, alzamientos alevosos.
Y es extraño, por lo demás, un cablegrama suelto, que aun siendo verdadero, no
podría convenir a los intereses de la revolución, y que conviene, en cambio, a los
intereses españoles.
Los cubanos de las emigraciones, atentos a todo, saben lo que hacen, van por donde
deben, esquivan a pie seguro las muchas dificultades del camino, y obraran de modo que no
se les tache de lentos, ni se tome pretexto de sus actos precipitados para ahogar la
revolución en sangre cubana."
Así decía Patria, y muy a tiempo lo dijo, en vísperas de un movimiento
frustrado del gobierno español. Hoy, a fines de abril, en los instantes en que un hecho
aislado, aunque de significación indudable el descubrimiento de una suma de armas en
Puerto Príncipe aloca al gobierno de España, y a los pocos criollos que prefieren la
vida lánguida y satisfecha bajo un déspota corruptor, a la prueba saludable y
complementaria de la guerra interrumpida para el establecimiento sólido y propio del
país; hoy, a fines de abril, cuando el Partido Revolucionario está visiblemente
empleado en las tareas de su organización exterior, y la sencillez patente de los
movimientos de sus autoridades responsables y electas en nada justifica, ni en cuanto a
tiempo permite, la creencia en una función de armas inmediata, y de estos mismos días en
Cuba, contra la obra de sólido engranaje y robusto pensamiento para que el Partido
Revolucionario fue formado y existe, hoy, a fines de abril, cuando la desesperación del
gobierno apenas puede entender cómo la juiciosa atracción del pensamiento del país, que
ningún tirano puede asir, ha sido en esta obra revolucionaria el único método, y el mas
seguro, de levantar a la patria sin conspiraciones, pueriles e inútiles, al grado de fe y
simpatía indispensable a la explosión de la guerra a que afuera se han preparado las
emigraciones libres; hoy que, al favor de una alarma hinchada por el miedo, pudiera el
gobierno español desatar desde la sombra el motín alevoso que consumiría a los mismos
que, en la flojedad de su corazón, aplaudiesen o deseasen el exterminio de sus hermanos;
hoy, a fines de abril, es oportuno precaver a Cuba contra cualquier ardid de sus enemigos
que, invocando en falso el nombre del Partido Revolucionario, pretendiera lo que jamás al
cabo lograría, porque hay mucha vena en Cuba en que no se secará jamás la sangre,
pretendiera "ahogar la revolución en sangre cubana."
(28 de Abril de 1894)
LAS NOTICIAS DE CUBA
Las cartas de Cuba, los periódicos de La Habana y del interior, las personas que
llegan, traen de Cuba noticias crecientes de la alarma revolucionaria de la Isla. Patria
no podría siquiera repetirlas sin que pareciese pueril contento de ver confirmada su
previsión, o deseo de azuzar la opinión con las pruebas de la inquietud del país.
Callamos. Si es, sea. Basta con haber trabajado a tiempo para que la revolución
inevitable no comenzase en el desamparo ni el desorden. Hoy, cuando la Isla desafíe de
nuevo, con la fuerza de la guerra experta de la generación engañada de ayer, y de la
nueva generación, con la fuerza del campesino y del abogado del rico y del pobre, del
joven del salón y el joven del taller, al gobierno empobrecido de España, que no cuenta
ya con los recursos, hoy exhaustos, que hallo vírgenes al comenzar la guerra, ni con la
adhesión inhumana e imprudente con que la obedecieron los españoles de la Isla,
sorprendidos ayer y aleccionados ahora, podemos decirle, con la firmeza de la obra
preparada: "Patria, aquí te aguardábamos, con nuestros esfuerzos ordenados, y
nuestras pasiones vencidas."
(24 de Octubre de 1894)
LAS
NOTICIAS DE CUBA Y LA IMPRESIÓN DE LOS ESPAÑOLES DE LA ISLA
Ni azuzar, ni exagerar, ni mover la curiosidad pública a costa acaso de mayor servicio
es el deber de Patria, ni fue nunca su costumbre, sino adelantar en silencio seguro
la obra real, aunque no la sintieran bullir bajo la tierra, y aun la negaran sin razón,
los que no entienden, desde el engaño de la superficie, que el deber primero de los
servidores de la patria es. deponer ante su interés real la tentación de ir denunciando
el servicio hecho, o descubrirlo, con culpa verdadera, por la esperanza imprudente de
levantar las almas a esfuerzo mas pingüe, y al precio de la publicidad demasiado costoso,
o por la nimia satisfacción de acallar una injusta censura.
Esta vez, corno antes, Patria calla, fuera de las noticias al país debidas,
sobre los múltiples comentarios que en el Norte aún se hacen sobre las tres expediciones
de Fernandina bien guardadas, en verdad, cuando después de la denuncia en la raíz, y de
más denuncias luego, aún resultan a medio salvar y misteriosas; ni sobre la emoción
grande y natural que la revelación súbita de tamaño esfuerzo ha causado entre los
cubanos y españoles de la Isla, que parecen creer que los vapores desbandados tenían por
destino a Cuba. Sí tal fuese, ¿qué corazón patrio no sería allí confortado? ¿qué
harán luego con la tierra en armas, los que esto han podido hacer, con la tierra
desconfiada y dudosa? Si a eso se ha ido en dos años de empuje, ¿a dónde se irá, con
más años, y el respeto de lo hecho, por sobre toda especie de ceguera y maldad, en los
primeros años? Y así seguirá, pensando sobre el suceso real e innegable, la Isla
revuelta y ansiosa. Qué fueran, y para dónde, las tres expediciones, de seguro que se
sabrá al fin, y quién las asesinó, en su seguro tan firme que ni la curiosidad ni la
maldad lo han podido romper aún, después de un mes de luz. Pero el ánimo público se ha
agitado notablemente en Cuba: y no sin cariño, ni sin respeto. Siempre conmueve excepto
a las almas de irremediable bajeza, de villanía esencial e indecible el sacrificio de
los hombres dispuestos a morir por sus conciudadanos. Siempre conmueve, salvo a las almas
de irredimible bajeza.
Pero si nada es lícito a Patria aventurar sobre el destino y composición de
las tres expediciones, sí le es grato, y aun de deber, por cuanto confirma sus
previsiones y esperanzas, poner al pie de estas líneas, como nota principal, los
párrafos de un artículo de La Lucha de La Habana, donde, con afortunada perspicacia, se
llama la atención pública sobre la singular calma, acaso sobre la tácita simpatía, con
que los españoles de Cuba han recibido la noticia de las expediciones. Y tendrían
razón, si esas expediciones hubieran sido para Cuba. Los cubanos no hicieron antes ni
harán ahora, la guerra contra los españoles. Los españoles trabajadores, y arraigados
por el cariño o la fortuna en el país, cometieron un grande error en ensangrentar y
odiar, con persecución inicua, el país adonde adquieren un grado de bienestar y de dicha
que en España no gozaron nunca, ni podrían adquirir, cometieron grande error los
españoles de familia o fortuna en pelear con odio contra la patria de sus hijos,
culpables sólo de haber crecido, en trabajo y en honor, por encima de la patria perezosa
y descompuesta de sus padres. Aquella vez, los monopolios españoles, sorprendidos en la
Isla con toda su riqueza, arrastraron, con la falsa predicación de un patriotismo
inhumano, a las masas de españoles, arrogantes por naturaleza, y temerosos de perder el
bienestar que bajo el gobierno de España pierden de veras, y sólo conservarán cuando la
Isla, próspera y sin ira, se abra, sin sus cargas de hoy, al trabajo libre y al comercio
del mundo. Esta vez, los monopolios españoles son conocidos y odiados por los españoles
que antes los obedecieron y sirvieron ciegamente. Esta vez, la revolución no es, ni lo
fue antes, de cubanos contra españoles: sino de los cubanos y de los españoles contra
el gobierno incapaz e incurable de España. ¡Adelante, pues, cubanos y españoles! *
*Reproduce a continuación unos párrafos del periódico La
Lucha.
(26 de Enero de 1895)