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LA AUTOPSIA DE JOSÉ MARTÍ
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Momentos
antes de colocar el cadáver de Martí en el nicho 134 del
cementerio de Santa Ifigenia, ya en muy avanzada
putrefacción, el fotógrafo Higinio Martínez le hizo
este retrato. Se distingue bien la calvicie que destacó el médico
De Valencia en el acta de la autopsia.
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Al tener noticia de su
muerte, las más altas autoridades en la isla determinaron exhibir
el cadáver de Martí. Creían que iban así a debilitar el esfuerzo
revolucionario. Tan convencidos estaban los enemigos de la
independencia que aquello era un golpe fatal para los insurrectos
que el jefe militar, Arsenio Martínez Campos, prodigó ascensos y
condecoraciones entre los que intervinieron en la acción de Dos Ríos,
y el obispo de La Habana, Manuel Santander, celebró un Te Deum en acción de gracias por el acontecimiento. Desde Santiago
de Cuba recibió José Ximénez de Sandoval, jefe de la tropa que
dio muerte a Martí, una orden donde se lee:
Amigo Sandoval: La muerte de Martí ha de ser muy discutida. Para que
no se dude de ella es indispensable la traslación aquí de su cadáver.
Esto ha de ser además de gran efecto moral y ha de contribuir a la
resonancia del gran servicio prestado por usted y su columna. Haga
usted, pues, uso de los medios que tenga a su alcance para conservar
el cadáver y conducirlo a esta plaza a la mayor brevedad posible.
Atienda con preferencia a esto sobre todo lo demás. Adjunto el
retrato y noticias sobre Martí para que usted adquiera el
conocimiento de que el cadáver encontrado es el de él, antes de
enviarlo a ésta. Repite la enhorabuena y le envía un abrazo su
affmo. amigo M. (ver facsímil)
Terminado el combate, Ximénez
de Sandoval se limitó a ocuparle las pertenencias de Martí, montar
su cadáver como un fardo en el lomo de una mula y enterrarlo sin
caja y desnudo en el cementerio de Remanganaguas, en cuyo poblado se
bebieron los soldados de España el dinero que llevaba el muerto en
el bolsillo.
Parte de la
correspondencia particular que le encontraron se reprodujo en este Web Site, en el trabajo que lleva como título "Martí, la amante y
las niñas". De la
correspondencia oficial se da aquí, como ejemplo, la carta del
general Bartolomé Masó, fechada en el barrio rural de Cabezuela,
en Holguín, 28 de marzo de 1895 (ver facsímil) —todo procedente del
Archivo Central del Instituto de Historia y Cultura Militar, de
Madrid. También se le ocupó su carta inconclusa a Manuel A.
Mercado, del día 18 de mayo, la cual quedó en poder del capitán
Enrique Ubieta, ayudante del jefe militar del distrito, el general
Jorge Garrich; Ubieta la reprodujo en el periódico El Fígaro en 1909, y luego la dio en facsímil en el tomo IV de sus
Efemérides de la Revolución
Cubana (1920), de la que se reproduce aquí una página (ver facsímil).
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El general Bartolomé
Masó. |
Para satisfacer los
deseos de las autoridades se le ordenó al médico militar Pablo A.
de Valencia y Forns, que fuera a Remanganaguas, reconociera el cadáver
y lo embalsamara con el fin de trasladarlo a Santiago de Cuba.
Así lo hizo: allí lo encontró, en una fosa común de
tierra, junto al cuerpo de un soldado español muerto en aquellos días.
La autopsia se realizó
en el cementerio de Ramanganaguas el 23 de mayo, y el acta aparece
fechada en Santiago de Cuba el día 26. Ante un grupo de cubanos al
servicio de España (Jorge Garrich, Enrique Ubieta y Enrique Satué),
y otros, residentes en la ciudad
(Joaquín Castillo Duany, Antonio Bravo Correoso y Ramón Regüeiferos);
y autoridades españolas y curiosos, después retratar el cadáver
descompuesto, se le depositó el 27 de mayo el nicho del cementerio
de Santa Ifigenia. Despidió el duelo Ximénez de Sandoval, quien
después de haberse comportado de manera tan miserable con el cadáver
de su víctima, quiso en aquel acto representar la tradicional
hidalguía de su raza con unas palabras que recogieron los periódicos
La Bandera Española, de Santiago de Cuba y El Nuevo Mundo, de Madrid.
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El coronel español José Ximénez de Sandoval, en el
dibujo que aparece en el libro Efemérides
de la Revolución Cubana, de Enrique Ubieta. Su
comportamiento con el cadáver de Martí desde la acción de
Dos Ríos hasta su entierro en Remanganaguas, contrasta con
las declaraciones que hizo después con el aparente propósito
de ganarse la simpatía de los cubanos. |
Buena parte de los
documentos relacionados con la muerte, la autopsia y el entierro de
Martí, que se conservan en ese Archivo de Madrid, fueron
recientemente reproducidos, y con inteligencia comentados, por
Rolando Rodríguez en su libro Dos Ríos, a caballo y con el sol en la frente (2001). Del acta de
la autopsia, cuyo original fue entregada a Martínez Campos, se
hicieron varias copias: una es la de ese Archivo, que aquí se da en
facsímil; otra la publicó el
periódico La Discusión, de La Habana, el 1° de junio de 1895, y luego
reprodujo Emilio Bacardí en 1924, en sus Crónicas
de Santiago de Cuba; y aun otra es la que dio en 1920 Enrique
Ubieta en sus Efemérides de
la Revolución Cubana. Es curioso que Rolando Rodríguez no
tuviera conocimiento de esa copia de Ubieta, toda vez que dice desde
la primera página de su libro, que "siempre se ha citado la
versión —hasta donde yo conozco— que el gran patriota y
escritor Emilio Bacardí incluyó en sus Crónicas
de Santiago de Cuba…"; y más adelante de nuevo deja ver
su desconocimiento de esa transcripción cuando dice:
"Evidentemente Bacardí tomó la aparecida en el periódico
habanero [La Discusión]
para reproducirla y a ella se dirigen, hasta donde conocemos, todas
las referencias".
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Dibujo del Nuevo
Mundo, de Madrid, publicado el 27 de junio de 1895, en el
que aparece Ximénez de Sandoval despidiendo el duelo, y el
cadáver de Martí en el ataúd y vestido como nunca lo estuvo
desde el día de su muerte. |
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Hay curiosas afirmaciones
y diferencias entre las tres copias de la autopsia. Véanse estos
ejemplos: una dice que Martí tenía los ojos "azulados",
otra, "claros". Parece que los tenía negros, como los
pintó Norrman en su célebre retrato al natural, en 1891. De
"negrísimas pupilas", lo recordaba quien lo conoció
bien, Alberto Plonchet, en su artículo sobre "Los ojos de Martí"
(1932). Carlos A. Aldao en su libro A través del mundo (1914) dice que eran "pardos, limpidos,
grandes, notablemente apartados entre sí"; y el pintor
Federico Edelmann, en "Recuerdos de Martí"(1927) dijo que
eran "pequeñitos, negros un tanto oblicuos y deslumbradores de
inteligencia".
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Martí en presidio con la cadena desde la cintura al
tobillo, la que le produjo la tumoración por la que fue
necesario extirparle el testículo.
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En las tres copias de la
autpopsia se le atribuyen a Martí más de los 42 años que tenía
("unos 48 años", "entre 45 y 50"). Uno dice que
la huella de la cadena del presidio estaba en el "tercio
superior" de la pierna derecha; otro que en el "tercio
inferior por encima del tobillo".
Quizás para no poner en
evidencia el torpe tratamiento del cadáver, ni Ubieta ni Bacardí
recogen lo dicho por el médico, de que Martí había sido enterrado
en Remanganaguas "completamente desnudo a excepción de los
pantalones"; además, también por respeto no reprodujeron
todas las palabras de Valencia sobre las "contusiones" que
presentaba el cadáver ya que eran debidas a su mal tratamiento,
llevado sobre una mula, por lo que tropezaban sus brazos y piernas
con los obstáculos del camino, y cuando lo tiraron en el piso antes
de llegar a Remanganaguas, y después en el cementerio. Y por
discreción o pudor, parece, ambos omitieron lo de que dijo De
Valencia, que a Martí "le faltaba un testículo" aunque más
adelante expresó sus dudas al añadir: "No se ha podido
comprobar la falta del testículo de que se hace mención entre los
datos, por encontrarse ya dichas partes bajo la forma de putrílago".
Un golpe le había producido a Martí una tumoración de la que habló
su íntimo amigo Fermín Valdés Domínguez en "Martí: ofrenda
de hermano " (1908); allí dijo de cuando vivían en España,
en 1872:
Dos veces lo habían operado de un sarcocele producido por un golpe de
la cadena de presidiario en las crueles faenas de la cantera. Nunca
se curó de la que para él fue terrible dolencia, por las
operaciones hechas a destiempo y en malas condiciones, y que tantas
veces le obligó a guardar cama y le impedía andar… Los doctores
Vandela y Gómez Pamo lo atendían. Acordaron operar de nuevo a Martí,
y en aquella difícil intervención quirúrgica se vieron los
defectos, ya irremediables, de las anteriores.
Años más tarde, sin
embargo, ya en México y comprometido en matrimonio, lo operó el médico
Francisco Montes de Oca con "tacto sumo, precisión
sorprendente y éxito feliz", según confesó el propio Martí
en artículo publicado en la Revista
Universal el 13 de julio de 1876, y pudo ser entonces cuando le
extirparon el testículo. Quedó en los periódicos de aquellos días
constancia de la enfermedad de Martí: en su libro Martí
en México (1996), Alfonso Herrera Franyutti relaciona notas de
prensa que muestran que tuvo que guardar cama más de un mes por la
operación. Pero no parece que ésta tuvo todo el "éxito
feliz" de que habló la gratitud de Martí: Ramón Luis
Miranda, su médico en Nueva York, dijo en una oportunidad: "El
mal fundamental que postraba a Martí frecuentemente era la lesión
inguinal producida por las cadenas que le aplicaron en presidio.
Varias operaciones quirúrgicas sufrió, pero jamás sanó del
mal". Y en lo que recoge el libro Martí
en el Diario de Soldado de Fermín Valdés Domínguez (1972)
recuerda el amigo de Martí la conversación que tuvo con el general
Gómez tuvo durante la guerra:
Me dijo Gómez que Martí tenía un tumor en la pierna derecha que le
impedía hasta cargar el machete y el revólver. Pero a nadie se
quejó y tenía que obligarlo a que dejara el trabajo para que
curara. En aquellos primeros días [de desembarcar en Cuba] no se
separaba Martí de la hamaca escribiendo todo el día. Me dijo también
que en Santo Domingo [durante la preparación del viaje] compró un
machete largo que por falta de costumbre se le metía entre las
piernas y no lo dejaba andar. Pancho le compró este machete que yo
uso y luego se lo quitó, y hasta lo tuvo que enseñar, por su
carbunclo, a llevar atado a la silla el revólver, y no fue el que
le cogieron los españoles [en Dos Ríos], el que trajo de Nueva
York para venir con él, era aquel revólver grande que Pancho mi
hijo se lo cambió por otro más pequeño que compró con ese
objeto.
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Fermín Valdéz Domínguez, ayudante del general
Máximo Gómez, terminó la guerra con el grado de coronel.
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Ya hoy se sabe que la
falta de un testículo en nada limita el funcionamiento normal del
hombre, pero en la época de Martí no se tenían esos
conocimientos, y a veces se pensaba, con todo el peso de la
creencia, que equivalía a una parcial castración, y aún hoy, en
lenguaje figurado, la palabra castrar conserva el valor de apocar o
reducir. Si de verdad le fue amputado un testículo a Martí, es
licito suponer que no todos los efectos del trauma debieron ser físicos.
--o0o--
Lo que sigue aquí es la
transcripción del acta de la autopsia de Martí tal como aparece en
la copia de Enrique Ubieta. Sobre
ella se indica con letra negrita y entre corchetes lo que es
diferente en la copia que se conserva en el Archivo de Madrid.
Y con letra cursiva, también entre corchetes, se indica lo que es
distinto en la copia de Bacardí. En todos los casos, sin
embargo, sólo se destacan las diferencias esenciales y, en casos
aislados se respeta la ortografía de los documentos.
El que suscribe, Ldo. en Medicina y Cirujía [Cirugía] etc. etc.— Certifica: Qué el día 22 del mes y año
que cursan, por orden del Excmo. Sr. General Salcedo, comandante
general del 1er. Distrito de la provincia de Santiago de Cuba, se
personó en el poblado de Remanganaguas [hubo
de trasladarse al poblado de Remanganaguas] con el objeto de
identificar un cadáver que se suponía fuese el del titulado
Presidente de la Cámara insurrecta don [D.]
José Martí, a tenor de los datos que acerca de dicho señor se
tenían [tenía y
acondicionarlo para su inmediata traslacion], acondicionándolo
al propio tiempo para que pudiese ser trasladado a
esta ciudad.
Que los datos relativos al don [D.]
José Martí, suministrados por personas que lo habrían [habían] tratado íntimamente son los que siguen [los
datos suministrados por personas que le habían tratado íntimamente
relativos al que fue en vida don José Martí son los siguientes]:
1° Se cree que tendría próximamente [sic] unos 48 años de edad.[tuviera
aproximadamente 48 años de edad, casado, natural de La Habana, el
cual desembarcó en la Isla para ponerse al frente del movimiento
separatista]
2° A la sazón en que desembarcó en esta Isla para ponerse al frente
del movimiento revolucionario, [que
a la sazón de su desembarco] estaba regularmente nutrido, [tenía una] constitución regular y [de] temperamento bilioso. Aunque delgado, bien conformado; de
estatura regular; pelo castaño oscuro [muy]
[muy] rizado; una
pequeña calvicie en la coronilla y entradas muy pronunciadas en las
sienes [que ponían de
manifiesto una]; frente ancha y despejada [despejadas];
cejas de igual color que el pelo y no muy
pobladas; ojos claros [ojos
claros] [azulados];
nariz aguileña; orejas pequeñas; boca regular [rematada
superiormente por un]; bigote fino y poco poblado [y poblado, labios entreabiertos de ordinario dejaban ver una];
buena dentadura, sólo que le faltaba el segundo incisivo de la mandíbula
superior del lado derecho, y los dientes, en su mayor parte eran
puntiagudos; cara de forma oval [obal].
Y 3° Que [le faltaba un testículo
y] presentaba en las piernas señales de haber llevado grillos. [Y
3° Que presentaba en las piernas señales de haber llevado
grillos].
Que en presencia de dichos datos se procedió a los cinco y media de la
tarde del día 23 del propio mes y año [mes
que cursa], al reconocimiento del cadáver [cadaber el de un individuo, cuya edad fluctuara entre los 45 y los 50 años
de edad de musculatura firme y algo enjuto de carnes a pesar],
después de exhumado, y a pesar de encontrarse bastante adelantada
la putrefacción se observó en él lo siguiente:
Dicho cadáver parece ser [Parece
ser dicho cadaber] el de un hombre cuya edad [fluctuase] entre los 45 y 50 años [entre los cuarenta y cinco y cincuenta], de musculatura firme y
algo enjuto de carnes, circunstancia que aún podía observarse a
pesar de la reformación [sic] [deformación]
[deformación] propia del estado en que se hallaba, y de estatura regular.
El pelo rizado, de color castaño oscuro, con una calvicie en la parte
más alta de la cabeza, tiene grandes entradas hacia las sienes, que
ponen de relieve una frente ancha y despejada. No llevaba barba,
sino bigote muy fino y [muy] poco
poblado, y de color [un poco]
más claro que el del pelo. La dentadura está conforme con los
datos arriba mencionados, así como también todos los relativos a
la cabeza y cara.
[No se ha podido comprobar la falta del testículo de
que se hace mención entre los datos por encontrarse ya dichas
partes bajo la forma de putrílago]
Que presenta además en la pierna derecha y en su tercio superior [superior]
[inferior por encima del tobillo una depresión], una hendidura
especial de la piel, correspondiendo a dicha hendidura un color algo
más obscuro que [al] el
del resto del cuerpo, pruebas evidentes
[prueba evidente] de haber sufrido en aquella parte, durante algún
tiempo, una presión con la contusión consiguiente, [que
pudiera haber ejercido] producidas por un anillo [anilla] de hierro colocado en dicho punto.
[Que la vida había sido arrancada a aquel inánime
cuerpo hacía como cuatro dias, explicandose lo avanzado de la
putrefacción por las condiciones especiales del terreno humedo,
haber sido enterrado no muy profundamente y completamente desnudo a
excepcion de los pantalones, y que las heridas que presenta
produjeron la muerte inmediata] [Que
la vida había sido arrancada a aquel cuerpo hacía como cuatro
dias, explicandose lo avanzado de la putrefacción por las
condiciones especiales del terreno humedo y por haber sido enterrado
no muy profundamente]
Que presentaba las siguientes heridas [Dichas heridas son las siguientes]:
Una herida de bala penetrante en el [de] [de] pecho, cuyo
orificio de entrada parecía [parece]
corresponder a la parte anterior del [torax]
pecho, al nivel del puño del [esternón]
externón, el cual había sido [estaba]
fracturado, [el cual
estaba fracturado] presentando al parecer dicha herida su
orificio de salida por la parte posterior del tórax, en el cuarto
espacio intercostal derecho como a diez centímetros de la columna
vertebral. Otra herida de bala en el cuello cuyo orificio de entrada
estaba [parecía corresponder
por] debajo de la barba, [a
un punto que estuviera] como a unos quince centímetros de la
misma, y a cuatro [centímetros] de la rama derecha del [macilar] maxilar inferior y cuyo orificio de salida se encontraba [al
nivel del] por encima del labio superior, [por
el lado izquierdo] [lado
derecho] lado derecho, [en cuyo punto
se encontraba] cuyo labio se hallaba destrozado. Otra herida, [de
bala igualmente] igualmente de bala, en el tercio inferior del
muslo derecho y hacia su parte [posterior]
interna. Además presentaba algunas contusiones [de
diferentes grados en diversos puntos del cuerpo] en el resto del
cuerpo.
De todo lo expuesto se deduce:
1° Que entre el individuo muerto en el encuentro que con los
insurrectos han tenido [tenido
con] nuestras tropas el día 19 del
que cursa [de los corrientes en Dos Ríos], y cuyo cadáver he [examinado
y los antecedentes y datos] se encuentra ante nuestra vista y
los datos y antecedentes suministrados respecto a la [individualidad]
persona de don [D] José
Martí [Q.E.P.], hay completa conformidad.
2° Que en cuanto a los caracteres físicos y condiciones orgánicas,
existe igualmente completo [hay
completo] acuerdo , por lo que podemos asegurar que el cadáver [que
hemos examinado] expuesto a nuestros ojos es el del [que
en vida se titulaba Presidente de la República] titulado
presidente [Presidente] de
la República.
Una vez identificado se procedió a su conservación y preparación a
fin de que pudiera ser trasladado
[para su inmediato traslado].
[Que es] Es todo cuanto tengo que exponer [respecto
al examen practicado], y para que conste donde convenga, expido
la presente en Santiago de Cuba a los veintiseis días del mes de
mayo de mil ochocientos noventa y cinco
[27 de Mayo de 1895]. —Doctor
Pablo A. de Valencia [Pablo
A. de Valencia y Forns].
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