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Impreso en España acaba de llegar a Cuba el cuarto tomo de una “Edición Crítica” de las Obras Completas de Martí. El año pasado y a principios de éste, también bajo la dirección del Centro de Estudios Martianos, de La Habana, aparecieron los tomos anteriores, y se espera que terminada la colección llegue a tener más de cuarenta. Mejor que “crítica” debería
llamarse esta edición “anotada”, toda vez que crítica es la que se
basa en un texto nuevo o en diversas fuentes, lo que poco sucede aquí,
mientras que la otra, como en este caso, es la que tiene notas
explicativas o aclaratorias de los textos que presenta. Las notas al pie
de la página y al final de estos libros, así como sus índices
(onomástico, geográfico, de materias y cronológico),
los enriquecen de manera notable, no así otras de sus características,
las cuales pueden convertir esta colección, de acuerdo con los recursos
de que dispone, en una de las más torpes y malogradas que se han hecho.
Por
lo visto hasta ahora se pueden repetir aquí muchos de los juicios que
merecieron las anteriores Obras
Completas de Martí (1963-1966), aparecidos en la Revista
Iberoamericana, de la Universidad de Pittsburgh, en 1969, y en Cuadernos Americanos, de México, en 1974. Dichos juicios los recogió
el libro José Martí: notas y
estudios (1999), ya en este Web
Site www.eddosrios.org.
Es que se vuelven a ordenar los textos de una manera que entorpece su
disfrute y consulta. La idea de presentarlos de acuerdo con los temas es
uno de los defectos de que adolecen todas las Obras
Completas de Martí. Su origen está en las recomendaciones que él
dio para ordenar una parte de sus escritos, jamás para toda su obra.
“Entre en la selva y no cargue con rama que no tenga fruto”, le pidió
a su albacea, pero la obra “completa” de un escritor tiene que
incluir, tenga o no “fruto”, toda “rama” suya. Se imponen
entonces unas reglas distintas al presentarlas, y más en casos como el
de Martí, tan dado al ensayismo. La condición misma del género lleva
a una gran variedad de materias. Montaigne, el padre del ensayo, habló
de los “saltos” a que obligaban los muchos asuntos de sus escritos,
lo que pueden repetir cuantos escritores, en todos los idiomas, con
mayor o menor fortuna, lo siguieron. La obra de Martí debe ofrecerse
agrupada, según el caso, por géneros (crónicas, poesías, discursos,
cartas, teatro, narrativa) o por el lugar en que aparecieron
originalmente (libros, o publicaciones periódicas: la Revista
Universal, de México; La
Opinión Nacional, de Caracas; La
Nación, de Buenos Aires, Patria,
de Nueva York) y siempre en orden cronológico. Los
índices cruzados, que hoy tanto facilitan a la imprenta las
ordenadoras electrónicas, pueden así llevar al lector por los caminos
de su interés. Y aún de mayor provecho será tener toda la obra de
Martí digitalizada, como se ha hecho con el material reunido en José
Martí: antología mayor (1995), también en este Web
Site www.eddosrios.org.
Unos
cuantos ejemplos ponen en evidencia la arbitraria presentación de los
escritos de Martí. En vez de reunir en un solo grupo lo que escribió
para la Revista Universal, o
que los editores de esta colección suponen suyo, 11 títulos, aparecen
en el tomo primero porque tratan de Cuba; más de un centenar en el tomo
2 porque tratan de asuntos mexicanos; 7 títulos de temas europeos y más
de 50 que se refieren a la música, al teatro, las artes visuales y a la
literatura, en el tomo 3; y, por último, en el cuarto tomo hay 35 títulos
en una sección dedicada al teatro, 10 en “Boletines parlamentarios”
y cerca de 300 en “Sueltos y gacetillas”. Y al final del libro, sólo
porque son de la época mexicana de Martí, incluyen los editores diez y
seis cartas que deberían de estar, con todas las que escribió, en los
tomos que se dediquen al epistolario. Por fortuna, como la poesía ya
anda recogida en dos volúmenes, Poesía
Completa (1985), no aparece aquí, dispersa también, la que publicó
en México. Aún
más reprobable es atribuirle a Martí, de manera infundada, y a veces
hasta absurda y ofensiva, textos que a todas luces no son suyos o que no
se puede probar que lo sean. Tan legítimo y noble es el deseo de
encontrar una página de Martí aún no recogida, como es mezquino
dejarse llevar por ese deseo, o por un bajo interés, y publicar como de
él lo que no se tiene razón válida para adjudicárselo.
Por
el testimonio de sus compañeros de trabajo y amigos sabemos que Martí
tuvo una amplia presencia en la Revista
Universal: ahí esta el testimonio del poeta Juan de Dios Peza, que
reprodujo José de J. Núñez y Domínguez en su Martí
en México (1933): “Nosotros lo hemos visto en una redacción
escribir el editorial, el boletín, las variedades y las gacetillas de
un periódico en un solo día”; y en otra ocasión dijo que, en la Revista,
Martí fue “cronista teatral, ‘boletinista’ o editorialista,
gacetillero, cronista parlamentario, crítico de arte, etc., etc.” Y
en la nota biográfica que publicó en 1895, con motivo de su muerte, el
periódico católico El Tiempo,
se lee: “Ninguno de los redactores [de la Revista
Universal] escribía tanto como el cubano, que se distinguía por su
estilo verdaderamente original, no comprensible a veces sin grandes
esfuerzos intelectuales, por sus extrañas transposiciones y sus frases
alambicadas, pero siempre espontáneo y florido”. Pero ese saber de su
actividad en la Revista no autoriza a dar como suyo más de lo que publicó con su
firma y de lo que con seguridad se le puede atribuir; no por el asunto
de un texto, o por una frase feliz, o por un rasgo de estilo, o por una
idea o concepto. Martí fue en México, como dijo mi antiguo profesor
Andrés Iduarte en su Martí
escritor (1945), “un mexicano de la Reforma... Con una posición
tan firme y agresiva como la del más duro de los chinacos...” Y así
se le puede confundir con los casi veinte redactores y los más de
treinta colaboradores que tenía la
Revista, todos
liberales, reformistas y anticlericales, a favor del gobierno de Sebastián
Lerdo de Tejada, por lo menos hasta que se reeligió en 1876. Tan
identificada estaba aquella publicación con el lerdismo que, al
abandonar México el depuesto presidente, el 20 de noviembre de 1876,
con él se fue el coronel José Vicente Villada, director y propietario
de la Revista, cuyo último número había salido el día anterior.
Como
si de Martí fuera todo lo que en la Revista
Universal trataba de Cuba, se le asignan escritos que nada autoriza
la atribución. Se olvida que muchos exiliados cubanos se movían en los
periódicos de México en aquella época, los que, como era natural, se
intercambiaban noticias. Trabajaban en la Revista
Alfredo Torroella y Antenor Lezcano, y en otros periódicos Nicolás Azcárate,
Idelfonso Estrada Zenea, Andrés Clemente Vázquez, Nicolás Domínguez
Cowan, Florencio y José Quintín Suzarte, José Miguel Macías y
Antonio Zambrana. Y ni hay que buscar nombre de autor determinado para
muchas de las breves notas como las que se le atribuyen a Martí, toda
vez que en la primera página de la Revista, con el título de "Condiciones", se advertía:
"Los comunicados de interés general se insertarán gratis, siendo
cortos, los de interés particular por precios convencionales". Los
tres ejemplos que siguen, unas pocas líneas que a toda página aparecen
en estas Obras Completas como
artículos de Martí, ponen en evidencia la atribución gratuita: 1)
Ha llegado a esta capital esta eminente artista [Eloísa Agüero de
Ossorio] que ha sido largos años el encanto de la sociedad habanera. La
saludamos cordialmente, y deseamos que le sea agradable y provechosa su
permanencia en nuestro país (4 de mayo de 1875). 2)
Error de lugar existe en el artículo publicado el jueves 'A La
Colonia'. No fue a las puertas de Bayamo donde se dio muerte y mutiló al
parlamentario Augusto Arango: fue a
las puertas de Puerto Príncipe (29 de mayo de 1875). 3)
El enérgico vate [Alfredo Torroella] a quien México no olvida, leyó
unos valientes y robustos versos en la distribución de premios del
colegio de San Juan, en Matamoros (12 de febrero de 1876). Otros,
que no son más que "comunicados de interés particular",
simples noticias locales, también por capricho se le atribuyen a Martí:
1)
En Tehuacán se ha abierto el día 15 una escuela de primeras letras. El
secreto de nuestro porvenir está en la escuela, como en la escuela
estuvo el de la gran Prusia (30 de abril de 1875) . 2)
Acaba de fallecer en Mérida el Sr. José García Montero, uno de los
pocos soldados que nos quedaban del tiempo de la independencia. Un héroe
ha muerto para la vida de la tierra, no para la memoria y el respeto de
sus conciudadanos (9 de junio de 1876). 3)
Hoy a las 9 se celebrará en la capilla del hospital francés, San Cosme
22, una misa solemne en celebración del rey San Luis, que
fue un gran rey porque lo fue muy poco. Acudan a la ceremonia los patrióticos
hijos de la Galia (25 de agosto de 1876). Y,
por último, otros de asuntos anodinos; véanse estos ejemplos: 1)
No comuna, debió
decir, al hablar de la discusión de presupuestos, el boletín de ayer.
Comuna no es perfecto castellano (16 de mayo de 1875). 2)
Nuestro antiguo boletinista se declara vencido por el Sr. Isidro Montiel
y Duarte, en el uso de las rayitas inútiles (23 de enero de 1876). 3)
Dice persona segura de la lealtad del carácter español que los
peninsulares residentes en México van a remover en el Casino, como
asunto de dignidad nacional, la confusa cuestión de La
Iberia (16 de noviembre de 1876).
Se
lee en la "Nota Editorial" que presenta el libro, como si
fuera motivo mayor de orgullo: "El total de textos nuevos que
figuran en este tomo asciende a doscientos treinta y cinco" —¡"Textos
nuevos": escritos de dos o tres líneas! Y ¿cómo saben que son de
Martí? Algunos, sin duda, pudieran serlo pero, como no hay manera de
probarlo no se deben dar como de Martí en sus Obras
Completas. Cualquier
cubano o alguien informado de los asuntos de Cuba puede haber escrito
"Nuestra guerra" (22 de abril de 1875), "La señora
Ristori" (11 de abril de 1875) , "Aladama y Echeverría"
(7 de abril de 1875), "Virginius" (17 de marzo de 1875),
"No haya miedo" (14 de marzo de 1875), entre otros de este
cuarto tomo; y cualquiera pudo escribir, "Suceso doloroso" (20
de mayo de 1875), "Manuel Ocaranza (20 de abril de 1875)",
"Longfellow" (14 de abril de 1875) , "No estamos
solos" (11 de abril de 1875), "Hopkins" (25 de marzo de
1875), "Robo (14 de marzo de 1875)"... Dan como de Martí
"Telegrama grave" (11 de abril de 1875) porque menciona el artículo
"México y Norteamérica; estado de la cuestión" (14 de abril
de 1875), que en el tomo dos dieron como suyo, y que asimismo pudo
haberlo escrito cualquiera. Basten
algunos comentarios sobre el contenido del segundo tomo. Le atribuyen
"Los Estados Unidos y México" (3 de julio de 1875), que sí
tiene abuso de los dos puntos y algún adjetivo que pudiera ser de él,
pero poco más, y lo que parece decidirlos es la prevención contra los
Estados Unidos, común, sin embargo, y con buenas razones, en muchos
mexicanos, pero que les permite decir que ese artículo "constituye
un antecedente de su posterior toma de conciencia antimperialista [sic],
visible ya en las crónicas que sobre la Primera Conferencia
Internacional Americana escribió para La
Nación". Los cinco artículos de "Una ojeada a la
exposición", entre el 5 de diciembre de 1875 y el 26 de enero, no
es más que una aburrida enumeración de los productos expuestos,
maderas, artesanías, minerales. Tampoco debe de ser de Martí "El
ayuntamiento. Su conducta…"( 24 de noviembre de 1875, pero que
quizás tentó a los editores, —a lo mejor a alguno deseoso de ganar
galones por su ateísmo marxista-leninista, o por cobardía o
complejos—, por el chiste contra la religión, tan ajeno a Martí, al
terminar, cuando dice reprochando el mal estado de las calles; se
pregunta: "¿Por qué abundan tanto en inmundicias las calles de
Santa Inés, San Gerónimo, San Pedro y San Pablo? Liberalismo de los
Munícipes: han hecho esto, sin duda, por concentrado odio a los
santos". Una
última observación antes de terminar este capítulo. Se relaciona con
un escrito de Martí que apareció en la Revista
Universal que no se había recogido en ninguna de sus Obras
Completas. Lo reprodujo por vez primera Camilo Carrancá y Trujillo
en su folleto Martí, Castelar y
la revolución de Cuba en 1875 (1932), sin atribuírselo a Martí:
como si fuera de un autor desconocido, se limita a presentarlo con estas
palabras: "La Revista
Universal del 5 de junio de 1875 escribió", y ahí lo puso
junto a otros firmados por Martí, de su polémica sobre el tribuno español
con el periódico La Iberia,
en los que declara algo que parece no han tenido en cuenta los editores
de esta "Edición Crítica"; dijo el 9 de junio de 1875, en
"A La Iberia": Quiero
decir una vez más a La Iberia
que todas las opiniones que exprese yo en la Revista tienen un carácter exclusivamente particular, que yo creo
que todas las ideas que se hacen públicas deben ir siempre autorizadas
con la firma de quien las produce… Cuanto yo digo sobre Cuba en ella
tiene con mi firma, modesta, pero particular y precisa autorización. El
artículo que Carrancá y Trujillo no le atribuyó a Martí, por lo que
nunca se había recogido, se reprodujo como de Martí, en 1999 en el
libro A los cien años de Castelar, publicado en Nueva York por la
Editorial Dos Ríos; allí se dijo que "la peculiar construcción
aforística del último párrafo ya permitía suponer su origen" y
que "luego Martí, en un artículo que lleva su nombre confirma que
ese escrito era suyo". Un año después salió el primer tomo de la
Edición Crítica que aquí se
comenta, y en él se transcribe, sin decir de dónde lo sacaron, el párrafo
de Martí al que se alude en el libro sobre Castelar; y en este año
2001, en el tomo cuarto, reprodujeron completo al artículo con este
solo comentario: "No aparece en O[bras] C[completas]".
Hicieron bien los editores de esta Edición
Crítica en ocultar el nombre del autor de A
los cien años de Castelar donde por vez primera se hizo la atribución
de ese escrito a Martí: merece la repulsa de los que han participado, y
participan, de una u otra manera, en "la falsificación de Martí
en Cuba".
El
primero en recoger los escritos mexicanos de Martí fue su discípulo
Gonzalo de Quesada y Aróstegui. En el tomo XV de su Martí.
Obras (1919) se lee: "Mucho fue lo que Martí escribió en México,
1875, en la Revista Universal
y en otros periódicos. Una de las secciones que redactó en dicha
revista la tituló Boletín, y
firmaba Orestes. De estos Boletines
son los párrafos siguientes". Y siguen diez páginas de pasajes
sin título ni fecha. Años más tarde se publicaron en Madrid, ocho
tomos de las Obras Completas (1925-1929) de Martí, "ordenadas y prologadas
por Alberto Ghiraldo", y en el "Volumen V", dedicado a
"Nuestra América" aparecieron siete artículos completos
precedidos por la siguiente nota: "Este capítulo y los siguientes,
relativos a asuntos mexicanos, fueron publicados por Martí en la Revista Universal con el título de Boletín y firmados con el seudónimo Orestes. Nosotros los tomamos de la colección donada a un redactor
de El Mundo, de la Habana, por
el publicista Antonio de la Peña Reyes" —en 1919 ese periódico
había reproducido algunos de esos "Boletines". Ghiraldo dio
sus fechas, hizo ligeras alteraciones en los títulos, pero el último
que incluyó, "El día de Juárez", no era de la Revista
Universal, sino de Patria,
el periódico de Martí en Nueva York, donde salió el 14 de julio de
1894, por el aniversario de la muerte de Juárez el 18; era como un
preludio de su próximo viaje a México. Entre
1933 y 1936, en La clara voz de México,
hizo pública Camilo Carrancá y Trujillo la más inteligente, cuidada y
honesta recopilación de los escritos mexicanos de Martí. Al presentar
su obra dijo el ilustre historiador y diplomático: "Desde que
iniciamos la busca de los trabajos martianos en nuestros periódicos,
quedó planteada para nosotros esta cuestión importante: ¿Deben
reproducirse todos o sólo aquéllos que se consideren de trascendencia?
Y francamente optamos por lo primero". Ni una sola de esas breves
notas que ahora quieren atribuirle a Martí incluyó en su obra Carrancá
y Trujillo, quien siguió trabajando en su empeño hasta su muerte en
1942. Dos colecciones de Obras
Completas siguieron lo que dio La
clara voz de México respetando el valioso aporte de Carrancá y
Trujillo: en los tomos 48, 49 y 50 (1942-1943) de la Editorial Trópico,
dirigidas por Gonzalo de Quesada y Miranda; y en el segundo tomo de las
de la Editorial Lex, al cuidado de Manuel Isidro Méndez, Mariano Sánchez
Roca y Rafael Marquina, en 1946.
La
cacería de textos para adjudicárselos a Martí llevó a quienes editan
estas Obras Completas a otros extravíos, siempre naturales en donde no
hay un espíritu crítico. Entran en artículos de la Revista y, si
encuentran un párrafo que les "parece" de Martí, lo ofrecen
como suyo, y desechan lo que no les "parece" de Martí. Así
nos encontramos con una selección de textos, o pedazos de ellos, unos
de Martí y otros que "parecen" de Martí. Con el número de
la página en que aparecen en el cuarto tomo, se relacionan varios
ejemplos de lo que dicen justificando la atrevida cirugía: Se
suprime el párrafo final, que no parece escrito por Martí (21). ¿Y
cómo explicar que un mismo artículo anden varios escritores, como si a
uno se le acabara el aliento y tuviera que ir otro en relevo? ¿Porque
un pasaje les "parece" de Martí?
También parece de Martí este escrito publicado en la Revista
el 17 de junio de 1875: Las pastorales, las predicaciones de los curas, la propaganda revolucionaria llevada por el mismo arzobispo a todos los pueblos del Estado [de Michoacán], dieron por fin el resultado apetecido y se lanzó el grito de rebelión, y los bandidos se organizaron en gavillas, y comenzó el saqueo y el incendio, y los crímenes repugnantes se verificaron en poblaciones indefensas. Pero
ese escrito es de José Vicente Villada, el director de la Revista.
Sobre el mismo asunto y con igual ira e imputación escribió días
después, el 22 de junio, Martí en su Boletín: No tardan las gavillas de Michoacán en recordar su existencia con un hecho cruel y triste. Anúncianse con el crimen, cométenlo cada día, y aún pretenden nombre más blando que el de criminales…Mal hacían ensangrentando el seno débil de la patria: mas excusábanlo luego, al menos, su arrojo y su valor: inician las gavillas guerra nueva que los católicos mexicanos protegen; parece a los protectores noble regocijarse con los crímenes, porque los crímenes se cometen al grito que les place. A
fines de mayo de 1875 se declararon en huelga los sombrereros por una
reducción de los salarios impuesta por los dueños de las fábricas.
Contra la injusticia así se protestó desde la Revista
en un artículo del 4 de junio; en el que se lee: Sin alteración de precios en las materias primeras, sin perturbaciones extraordinarias en el mercado, ni trastornos notables para los capitalistas sombrereros, uno o dos de éstos disminuyeron el precio de las tarifas asignadas al trabajo de sus oficiales, y éstos, no conformes, trataron de resistir legalmente a esta rebaja y declararon la huelga. Poco
después, y por el mismo asunto, se volvió a defender a los huelguistas
el 10 de junio de 1875: El artesano que comienza a tener conciencia de su propio valer, se rebela contra el capitalista dominante, no ya con dominio respetable de justicia y de razón, sino con el que protegido por la miseria de los obreros, en ella se apoya para hacerla todavía más miserable… Por vez primera se concreta de un modo solemne esta aspiración justísima, ahora que un ramo de artesanos inaugura la vida de un derecho nuevo y nueva vida. La
huelga terminó a fines de julio, y hasta entonces continuó la Revista
su campaña en favor de los obreros: en un artículo titulado "La
huelga de los sombrereros", del 11 de julio de 1875, se dice: Lo que vemos de cierto en esta cuestión es el oculto despecho de que surja el trabajo con derecho, de que tenga su ciudadanía el obrero, de que hable al oído del amo con el lenguaje de la igualdad democrática. Se oyen los alegatos del obrero con la extrañeza con que se escucharon antes los reclamos del esclavo. El
15 de julio se destaca esta frase conciliatoria en un artículo:
"El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la
armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y de
otro"; y dos días más tarde esta otra: "Si es odiosa la
tiranía del patrón, lo es también la del obrero". En
lo transcrito se ve la continuidad de una actitud ante el conflicto, y
podrían suponerse varios artículos de una sola pluma, pero eran de
dos: del principal redactor de la Revista,
Guillermo Prieto, son el primer párrafo, el tercero y la ultima frase;
de Martí la anterior y los párrafos segundo y cuarto. Sin la información
que nos permite identificarlos ¿cómo concluir qué es de uno y qué es
del otro? Los dos están dentro del pensamiento liberal de la Reforma;
los dos manejan lo que podríamos llamar ideas "martianas".
Otros
parecidos de estilo y de ideas conviene traer aquí. Ignacio Manuel
Altamirano, el primero y más importante de los
"colaboradores" de la Revista, escribió el Prólogo del libro Flores del Destierro (1868) —título que se supone quiso Martí
para una colección de sus versos—, del poeta José Rivera Río, en el
que se hacía eco del programa de Víctor Hugo del arte útil, el arte
al servicio de la virtud ("Le
Beau serviteur du Vrai"), lo que manera admirable resumió Martí
años más tarde en su conocido apotegma: "Narciso no se ha de ser
en las letras, sino misionero", a lo que añadió: "No se ha
de escribir para hacer muestra de sí, y abanicar como el pavón la
enorme cola; sino para el bien del prójimo" (La Nación , Buenos Aires, 11 de enero de 1885) ; y Altamirano: Querríamos
que nuestros poetas más bien entonaran cantos de aliento y de valor que
esas elegías de la duda y de los pesares, por más que esto les imponga
un sacrificio penoso. Ocultar sus dolores íntimos les daría mayor
interés, revelando el heroísmo de una alma que se sobrepone a sus
propios dolores para consolar los ajenos… El señor Rivera Río sabe
que el poeta debe antes que todos, y más hoy, proponerse un fin
humanitario y social. La elegía es deliciosa; pero cuando encierra un
fondo de filosofía consoladora y dulce, la elegía es un canto del
cielo. Martí
mostró en la Revista Universal
una constante preocupación por la falta de originalidad en el país:
"México tiene su vida; tenga su teatro" dijo el 8 de junio de
1875: "Toda nación debe tener un carácter propio y
esencial"; y el 14 de agosto:
"A propia historia soluciones propias. A vida nuestra,
soluciones nuestras"; y el 23 de setiembre: "La imitación
servil extravía en economía como en literatura y en política". Y
Altamirano en el Prólogo de Las
minas y los mineros (1882), de Pedro Castera, insiste en el tema: Uno
de los defectos de que hemos adolecido en lo ya cultivado y que han
hecho observar no pocos críticos europeos, ha consistido en la servil
imitación del extranjero. Efectivamente, en materia de legislación, de
economía social, aun de bella literatura, la imitación ha dominado
nuestras producciones y ha cortado el vuelo a la inspiración espontánea,
de la originalidad nativa. No
es posible ignorar el amor de Martí a España, la España buena, desde La
República española ante la Revolución Cubana (1873) hasta el
"Manifiesto de Montecristi" (1895), y muchos ejemplos de ese
amor hay en su obra; baste éste en su estudio sobre la poesía de
Rafael Pombo: A España se la puede amar, y los mismos que sentimos todavía sus latigazos sobre el hígado la queremos bien; pero no por lo que fue ni por lo que violó, ni por lo que ella misma ha echado con generosa indignación abajo, sino por la hermosura de su tierra, carácter sincero y romántico de sus hijos, ardorosa voluntad con que entra ahora en el concierto humano y razones históricas que a todos alcanzan, y son como aquellas que ligan con los padres ignorantes, descuidados o malos a los hijos buenos. Y
Altamirano, en el Prólogo del libro Cuahtémoc
(1886) de Eduardo del Valle, dijo, no sólo con ideas muy cerca de Martí,
sino también con una prosa que Martí no desdeñaría: Amamos
a España no por Hernán Cortés y su cuadrilla de aventureros audaces y
afortunados, que conquistaron a México, pero que esclavizaron a su
pueblo; sino por el recuerdo de Bartolomé de las Casas, de Pedro de
Gante, de Martín de Valencia, de Vasco de Quiroga, de los benefactores,
de los misioneros, de los protectores del vencido, de los buenos, en la
antigüedad; y de Javier de Mina, que vino a redimir con su bendita
sangre los crímenes de la conquista, y que murió por nuestras
libertades; de Rafael del Riego, que con su glorioso movimiento
contribuyó de modo indirecto a darnos
patria, y de Juan Prim, que desdeñando con su carácter altivo,
desempeñar el papel de Barrandas, no quiso prestar ayuda a la infamia
de la intervención. Esos son los hombres que nos hacen amar al pueblo
moderno ésos son los legítimos lazos de parentesco que nos unen a España.
Sobre todo, el lema de los mexicanos es el que dejó el gran Morelos,
cuando dijo en Acapulco al recibir el castillo rendido por el gobernador
español: '¡Viva España hermana; no dominadora de América!' |
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